Por qué cierran las librerías en España: posibles culpables de este desastre

Cita de Jorge Luis Borges, autor de El Aleph.
Cita de Jorge Luis Borges, autor de El Aleph.

"El alarmante descenso de lectores en nuestro país no se debe solamente a la piratería o al uso de las nuevas tecnologías", afirma nuestro colaborador en MUNDIARIO.

Por qué cierran las librerías en España: posibles culpables de este desastre

"El alarmante descenso de lectores en nuestro país no se debe solamente a la piratería o al uso de las nuevas tecnologías", afirma nuestro colaborador en MUNDIARIO.

 

La Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) en su informe Observatorio 2014 afirma que, en este país, se cerraron más de 900 librerías. Para los que creemos en la redención del ser humano a través de la lectura y de la escritura, es una noticia terrible.

Las causas siempre se focalizan en el sector de las nuevas tecnologías y redes sociales. A la crisis económica ha acompañado una crisis en el sector y, conociendo como conozco a muchos libreros y después de trece años en la enseñanza pública, quiero destacar otras causas a las que no se le están dando la suficiente importancia.

El coste de libros de texto en este país obliga a que padres y madres no vuelvan a pisar una librería o secciones de grandes almacenes durante meses. Como consecuencia, muchas familias, así me lo comentan, establecen como único presupuesto en libros de papel aquellos que obligatoriamente el alumno debe usar en clase. Por otro lado, la falta de una reforma educativa significativa ha improvisado planes de lectura en los que los alumnos leen obligatoriamente clásicos y novelas juveniles, si no desean suspender la materia. Se crea así una animadversión hacia el libro como encuentro azaroso, vocacional y  maldito entre el adolescente y los enfants terribles de la literatura.

No podemos olvidar, además, que ha desaparecido de los círculos adolescentes y universitarios importantes debates filosóficos y estilísticos donde predominaba la discusión entre autores y corrientes, así como las fobias y las filias por géneros, temas y formas filosóficas de percibir el mundo. Las nuevas tecnologías y un marketing agresivo por parte de multinacionales han obligado a que el lector activo desaparezca y se convierta en un consumidor de cuatro o cinco libros, generalmente anglosajones. No hay diversidad de lectores, sino que el best-seller se ha convertido en la única forma de inversión por parte de algunos grupos editoriales, dejando de lado textos innovadores, arriesgados, políticamente incorrectos

Salvo Anagrama y Seix Barral, de este cultivo de nuevas formas narrativas se encargan editoriales pequeñas con difícil distribución. Como las editoriales son empresas, ante las cifras alarmantes del descenso de la demanda, las de mayor distribución apuestan por lo seguro: un libro que no incomode desde el punto de vista temático, de género perfectamente definido, y cuya estructura no sea demasiado compleja. Un libro consumible. Dudo mucho que en este país ahora mismo pudieran publicar Francisco Ayala o Miguel Delibes, o un Stefan Zweig.

Reseño decenas de libros cada año en diversos medios y he llegado a la siguiente conclusión. En España hay autores que escriben muy bien, que cuidan el lenguaje, que prometen mucho entretenimiento, pero sus obras no profundizan en la crisis social y política a la que nos enfrentamos en estos tiempos. Escasean los libros de compleja introspección sobre los males que nos aquejan en nuestro presente, males mediáticos y tecnológicos, problemas éticos y psicológicos que lentamente van definiendo las luces y las sombras de nuestra época. Y ahí hemos perdido a lectores del presente y lo que es peor a futuros lectores que no diferencian entre la calidad de un libro como encrucijada vital y una serie televisiva de ficción.

Posiblemente, la literatura haya muerto de éxito. Se publica más que nunca y se lee cada vez menos. Porque, pendientes de que la piratería y las nuevas tecnologías no sustituyeran al libro, hemos matado al lector comprometido con su mundo y al autor que generosamente buscaba en la escritura el exorcismo de sus preocupaciones sinceras.

Pero, bueno, habrá que seguir creyendo. Ahí están Jesús Carrasco o Martínez de Pisón.

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