Chicas que antes escuchaban a Sabina y ahora se decantan por Laura Pausini

Chica enamorada.
Chica enamorada.

Ni siquiera el cambio inminente de música en su mp4 le ha servido para darse cuenta de lo que le sucede... ¡Lo tengo que hacer yo todo! Si es evidente...

Chicas que antes escuchaban a Sabina y ahora se decantan por Laura Pausini

Ni siquiera el cambio inminente de música en su mp4 le ha servido para darse cuenta de lo que le sucede... ¡Lo tengo que hacer yo todo! Si es evidente...

Hay veces que todo el mundo se entera de lo que está pasando, menos tú. Que algo es tan evidente, que no sabes ni por dónde escabullirte, inventando las excusas más absurdas que te asalten la cabeza; aún así, lo intentas.                        

Lo primero es cuando te sonrojas, al más puro y tierno estilo de Heidi, cuando ves llegar a esa persona al otro lado de la acera. Y, si estás acompañada, sólo se te ocurre decir, mientras te quitas apresurada la bufanda, “qué calor hace hoy…”; de todos modos, eres muy consciente de que es Marzo y vives en el norte, de que el termómetro de la farmacia de al lado de tu casa no marca más de seis grados desde hace meses.

Lo siguiente es el tema musical. Un tema delicado. Amas la buena música, tu padre te ha inculcado desde que eras una niña de parvulario que Joaquín Sabina es el rey y Bruce Springsteen el presidente, pero de repente te ves abrazada a un cojín oyendo la balada más empalagosa de Pablo Alborán, a la vez que se te humedecen los ojos, pensando en esa persona que no ves todo lo que quisieras, lo que equivale a unas veintitrés horas y media al día. Aún así, te engañas, piensas que de tanto ponerlo en la radio es normal que le acabes cogiendo el gustillo. ¡Quién te ha visto y quién te ve! De la primera fila de Sabina a música con sabor a merengue.

También es muy típico que las fotos de tu casa vayan cambiando de cara. Ahí sí que te han cogido. A ver qué dices a esto… pues muy fácil:

- Es que llevaba tantos años sin cambiar las fotos de los marcos, que puse las últimas que he llevado a revelar.

Mentirosa. Te gusta ver esa cara a todas horas. Estás pillada hasta límites inimaginables, y lo sabes, pero nunca lo vas a reconocer.

Pero lo peor, lo más grave, es que tus amigas te lleven suplicando durante años que cojas un avión, que te vayas con ellas de viaje, incluso están dispuestas a que elijas destino, pero no. Tienes vértigo y jamás cogerás un avión a no ser que sea de vital importancia. Entonces, ese chico que te hace sonreír como tonta, decide irse. Y no sólo coges un vuelo de cuatro horas con turbulencias, en el que sólo piensas en el avión desaparecido de Malasia, sino que también te echas a correr por el medio de una estación de metro abarrotada de gente que no sabes que te dice, pero nada bonito, y te abalanzas sobre él. Y allí te quedas, pegada, que me dan ganas de ir con una palanca a separarte.

Yo me quedo mirando y me doy perfectamente cuenta de lo que te está sucediendo, pero tú no. ¡Eso es normal, llevabas dos meses sin verlo! Yo sólo le di un golpecito en el hombro, mientras le preguntaba sonriendo que qué tal se está en el exilio. Las comparaciones son odiosas, pero en este caso no te vendría mal hacerlo.

Los días pasan bien y sonríes más, con cara de idiota, hasta que llega la hora de marcharse, entonces, ya no escuchas a Sabina, vuelves a Pablo Alborán o ¡peor! a Laura Pausini, como cuando tenías quince. El asunto es grave. Vuelves al avión, te pegas al asiento, aferrada a él como si fuera a servir de algo si cayéramos al mar y, mientras yo miro por la ventana, tú vas tiesa, mirando hacia delante, como hipnotizada, observando atenta la bolsa que pone “tranquilo, ya se pasa” por si el estómago toma vida propia. Aún así, sigues dispuesta a volver a verlo dentro de otros dos meses, porque te parece impensable no hacerlo. ¿Cómo no?

Entonces, una vez en tierra, te sujeto el pelo mientras tu estómago se queja por las turbulencias y te digo lo que no quieres ver:

-Nena, estás enamorada. Asúmelo.

Es mejor, una vez que el corazón ya está tan encogido, que alguien te lo diga y, así, lo vayas asumiendo. Lo primero es que te conciencies, después ya le dices al que te hace poner esa cara de felicidad absoluta que te quedas mirando a las parejas que pasean por la calle agarrados de la mano porque eso es lo que tú quieres, aunque antaño les llamaras empalagosos. @reipardorguez

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