César de la Fuente: “Las superbacterias son una pandemia silenciosa”
El coruñés, reconocido como el mejor investigador joven de enfermedades infecciosas de EE UU, alerta sobre la urgencia de desarrollar antibióticos contra una amenaza que mataría a 10 millones de personas en 2050.
César de la Fuente tiene 35 años, nació en A Coruña, y recuerda perfectamente cómo comenzó su pasión por la ciencia: por curiosidad pero también por las ganas de intentar mejorar el mundo. En su laboratorio en la Universidad de Pensilvania ha dado importantes pasos para cumplirlo: ha desarrollado tecnologías para entender, prevenir y tratar las enfermedades infecciosas empleando herramientas de inteligencia artificial. “El objetivo es enseñar a los ordenadores a crear nuevas moléculas antibióticas contra las bacterias patógenas”, resume en esta entrevista con MUNDIARIO, en la que repasa su carrera, sus proyectos y los desafíos que enfrenta España para llegar a ser un país puntero a nivel científico.
César, que ha sido elegido por la American Chemical Society como el mejor investigador joven de enfermedades infecciosas de EE UU y tiene una larga lista de reconocimientos en su haber, terminó la universidad en España, cruzó el charco para ampliar sus estudios en la British Columbia de Vancouver, Canadá; y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés); y actualmente es catedrático de Bioingeniería y Microbiología en la Universidad de Pensilvania e investigador principal del laboratorio de la Fuente.
César de la Fuente, investigador. / Twitter @delafuenteupenn
Junto a su “increíble” e “inspirador” equipo, en el que trabajan mujeres y hombres formados en el área de la química, física, ingeniería informática, microbiología o biología sintética, según me ha contado, ha desarrollado un novedoso test capaz de detectar la Covid-19 en 4 minutos y a un coste de unos 4 euros.
- He leído que para la prueba solo se necesita un chip, saliva y un móvil. ¿Realmente es así de sencillo? ¿Cómo funciona el test?
- El test consiste en un chip dónde se deposita la muestra de saliva, un aparato llamado potenciostato que se conecta al móvil a través de un USB, y el móvil. El test transforma la información química derivada de la unión precisa entre el virus y un receptor en una señal eléctrica que podemos detectar rápidamente. En efecto, esta tecnología permite el diagnóstico del virus en cuestión de minutos.
- La mayoría de las pruebas son costosas y tardías. ¿De dónde vino esta idea de crear algo que fuese más económico y rápido?
- Nuestro objetivo a largo plazo es desarrollar pruebas de diagnóstico que cualquier persona pueda usar. Es decir, no solo gente con medios económicos, pero también individuos que viven en comunidades con pocos recursos o gente que vive en países en vías de desarrollo. Para poder prevenir la propagación de las infecciones, es crucial hacer testeo masivo de alta frecuencia, y para ello hace falta un test que sea rápido y de bajo coste. Un test así nos permitirá evitar brotes futuros facilitando el control de esta pandemia y las que vendrán. No solo la gente rica debería tener acceso a este tipo de tecnología, sino todo el mundo. Con el desarrollo de tecnologías siempre existe el riesgo de crear nuevas élites. Es fundamental que esto no ocurra. Debemos esforzarnos por crear mecanismos que prevengan algo así. Todo el mundo debe tener acceso a tecnologías de salud pública que pueden ayudar a salvar vidas.
Versión miniaturizada y portátil de la prueba rápida COVID-19 desarrollada por el Laboratorio de la Fuente. / Penn Today.
- ¿Es de uso exclusivo para la Covid?
- No. Es una tecnología plataforma, lo que quiere decir que se puede aplicar a otras enfermedades más allá de la Covid. Estamos explorando aplicaciones en enfermedades de transmisión sexual, la gripe (que mata a unas 60.000 personas cada año en Estados Unidos) y otros coronavirus.
- Lo que todos queremos saber: ¿por qué es tan barato?
- Porque los materiales que componen cada chip son de bajo coste. Hemos tenido esto muy presente durante todo el proceso de desarrollo. Los chips los podemos imprimir (usando una impresora parecida a una impresora 3D) en diferentes materiales como cartón, papel, y distintos polímeros. Todos ellos baratos. Una de las claves es tener en cuenta los elementos fundamentales que conforman el chip e intentar configurarlo con lo más barato que tenemos disponible. Luego es cuestión de juntar las distintas partes como un Lego.
Este proyecto acaba de ser enviado a la FDA (Food and Drug Administration), la agencia del gobierno responsable de aprobar cualquier test de diagnóstico para uso en la población en EE UU, y ahora el equipo espera una respuesta favorable. César reconoce que aunque el proceso puede ser largo, sueñan con poder aportar “su granito de arena a esta terrible pandemia”.
Las superbacterias, una emergencia de salud mundial
Mientras llegan las buenas noticias sobre el test del coronavirus, el de la Fuente Lab continúa trabajando para cambiar el mundo. Una de sus principales preocupaciones es la amenaza de las bacterias resistentes a los medicamentos, las famosas superbacterias, o la “pandemia silenciosa” que podría matar a 10 millones de personas al año en 2050. “Entre otras cosas, trabajamos en el descubrimiento de nuevos antibióticos para tratar infecciones causadas por superbacterias. Empleamos herramientas de inteligencia artificial para diseñar nuevos tipos de antibióticos. El objetivo es enseñar a los ordenadores a crear nuevas moléculas antibióticas contra las bacterias patógenas. Este trabajo es importante y urgente porque se estima que las superbacterias van a matar a 10 millones de personas al año en 2050 si no desarrollamos nuevos antibióticos que funcionen”, alerta el español.
- Científicos han advertido de que el uso excesivo de algunos antibióticos para tratar la Covid-19 podría "impulsar la aparición de resistencia a los antimicrobianos" y de enfermedades como la supergonorrea. ¿Estamos frente a la próxima emergencia de salud mundial?
- Exactamente. Llevamos muchos años usando antibióticos de manera excesiva, tanto en contextos clínicos como de ganadería, por poner dos ejemplos. En esta pandemia también se ha abusado del uso de los antibióticos lo cual ha incrementado el desarrollo de bacterias resistentes a estos medicamentos (las llamadas superbacterias). Debemos recordar que sin antibióticos efectivos, la medicina que practicamos hoy en día no sería posible. No se podrían llevar a cabo cirugías, partos, tratamientos de quimioterapia, etc. Las superbacterias son una pandemia silenciosa. Sabemos que su incidencia sube cada año pero no estamos haciendo todo lo que deberíamos para solventar este problema de salud global.
Ingeniería de medicamentos vivos. / De la Fuente Lab.
Sin ciencia, no hay futuro: el reto de España
César de la Fuente es uno de los tantos jóvenes que ha abandonado España en busca de mejores oportunidades profesionales. Le pregunté si en algún momento se ha planteado regresar al país, pero tiene claro que la tierra que le vio nacer todavía debe recorrer un largo camino a nivel de investigación científica.
¿Qué hace falta? Sencillo: interés, paciencia e inversión… pero de verdad. “España debería plantearse si quiere ser un país puntero a nivel científico”, sostiene. “Yo creo que es crucial diversificar la economía actual del país. Por ejemplo, se podría desarrollar un plan nacional de ciencia a largo plazo. La ciencia no entiende de planes cortoplacistas y requiere paciencia. La ciencia y la tecnología constituyen el motor económico actual de cualquier país puntero, que invierte alrededor de un 3% del PIB. En España hace falta invertir en ciencia de verdad. Solo así se podrá crear un ecosistema de innovación, cuidar el talento de casa ofreciendo salarios dignos y atraer a los cerebros fugados”, añade.
El futuro es hoy, pero también es mañana
César de la Fuente está convencido de que la pandemia de coronavirus debería ser una lección… y, sobre todo, una oportunidad. Una oportunidad para replantearnos el valor de la ciencia en el mundo, de la investigación, de la salud y también para “manejar mejor a las enfermedades infecciosas”.
“Depende de todos nosotros imaginar en qué mundo queremos vivir. Tenemos disponibles herramientas de prevención como el uso de mascarillas, el distanciamiento social, y los tests rápidos. Por poner una analogía, si la predicción del tiempo nos dice que va a llover mañana, salimos de casa con un paraguas para no mojarnos. Confío en que si sabemos que el pico de infectividad del virus de la gripe es en febrero, por poner un ejemplo, pues hagamos prevención empleando estas herramientas que tenemos disponibles para prevenir la transmisión del virus a la población más vulnerable (como la gente mayor o los individuos inmunosuprimidos), salvando vidas, y evitando costes sanitarios”.
Su sueño de niño, aquel que le empujó a entregarse por completo a la ciencia, y a convertirse en uno de los investigadores más prometedores del mundo, sigue latente a sus 35 años: conseguir que el de mañana sea un mundo mejor... aunque ahora lo vive a ojos abiertos.
“No concibo vivir la vida sin servir a otros. Es lo mínimo que puedo hacer teniendo en cuenta el privilegio que tengo de poder dedicarme a mi pasión que es la ciencia. Yo siempre lo digo, no trabajo ni un día ya que tengo la suerte de dedicarme a mi pasión. Quiero que el tiempo que tengo sirva para cambiar el mundo para mejor”, concluye. @mundiario