Lo único sin aclarar en el asesinato de León son los verdaderos móviles

Isabel Carrasco Lorenzo. / D.L.

Siempre me abstengo de especulaciones, también en el caso del asesinato de la presidenta de la Diputación de León, pero debe convenirse en que reúne circunstancias muy poco habituales.

Siempre me abstengo de especulaciones, también en el caso del asesinato de la presidenta de la Diputación y del PP de León, Isabel Carrasco, pero debe convenirse en que reúne circunstancias muy poco habituales, sin perjuicio de la diafanidad de los hechos criminales.

Por encima de todo soy periodista, un poco escritor e inveterado lector de novelas policíacas.

El asesinato - pues presenta en principio todos los requisitos penales- de Carrasco a manos de la madre de una mujer despedida de la Diputación leonesa se presenta acompañado de coincidencias cuando menos curiosas: el marido y padre de las acusadas es el inspector jefe de la Comisaría de Astorga y, por si fuera poco, el único testigo ocular de la acción es un policía jubilado. Finalmente una policía local se hizo cargo del cuerpo del delito y ahora ha sido también detenida.

Reconozcan que tenemos abundantes ingredientes para una combinación novelesca y fílmica muy al estilo del gran Hitchcock.

Esta vez no se trataría de descubrir al asesino, sino los auténticos móviles. El despido de un puesto interino y una sentencia que podría obligar a devolver 6.500 euros a la Institución provincial, ¿justifican un asesinato madurado largo tiempo y una ejecución también de película, con gorro, ocultación del rostro, tiro a quemarropa y remate ya en el suelo la víctima?

Si, además, todo se circunscribe al seno de un partido político mayoritario y Carrasco pasaba por “dama de hierro” a su escala, sin que falten supuestas imputaciones y todo eso, diríase que desembocamos en una parábola de la eterna Transición.

De momento lo único ejemplar es la destitución de esas concejales del PSOE gallegas que, redes mediante, se permitieron denostar a la asesinada.

Respecto de los anónimos vejadores de la víctima, también a través de las digitales sin huellas, urge – ya que aún no lo están-, contemplar estas acciones en el Código Penal.

Esperemos a que nos informen –no que “nos cuenten”- más allá de las vergonzosas falsillas de “mientras en toda España se guarda un minuto de silencio y en León se aplaude al paso del féretro, la policía no descarta ninguna hipótesis”.

Algo no huele bien en León.