Hay que castigar a los encapuchados internautas con una ley inflexible

Men are silhouetted against a video screen with an Twitter logo as he poses with an Samsung S4 smartphone in this photo illustration taken in the central Bosnian town of Zenica, August 14, 2013. REUTERS/Dado Ruvic (BOSNIA AND HERZEGOVINA - Tags: BUSINESS TELECOMS)
Personas tuiteando.

El caso de los agresivos mensajes homófobos subidos a Twitter tras el fallecimiento de Bimba Bosé ha puesto sobre la mesa un tema que resulta alarmante. 

Hay que castigar a los encapuchados internautas con una ley inflexible

Perdonen que me ponga tremendista pero, a estas alturas, la empatía es lo único que puede salvar el mundo. Quien no es capaz de ponerse en lugar del otro corre el riesgo de transfigurarse en un demente, un lunático capaz de llegar a realizar los actos más crueles. Cualquiera de esos personajes políticos convertidos en matarifes, un asesino o un maltratador han sido o son ejemplos claros de nula empatía. El horror provocado por ellos no es otra cosa que el resultado de una brutal indiferencia ante el otro. Sin embargo, hay muchas personas afectadas por este trastorno que no salen en los periódicos, ni en los libros de textos. Son gente anónima que se agazapa tras las redes sociales para dar rienda suelta a sus actos de corte sádico.

El caso de los agresivos mensajes homófobos subidos a Twitter tras el fallecimiento de Bimba Bosé ha puesto sobre la mesa un tema social que resulta alarmante. Pone la piel de gallina ser consciente, una vez más, de que cualquiera puede ser esta clase de psicópata: el vecino del quinto, la panadera o el comercial de una empresa. Cualquiera puede disfrazarse de persona decente durante el día, abriéndonos la puerta del ascensor, vendiéndonos una baguette o estrechándonos la mano en una entrevista de trabajo, para más tarde sacar su verdadero yo a través del teclado de un ordenador o un móvil. Es la erótica del poder que concede el anonimato. La compasión disuelta en este mar digital igual que un azucarillo en el agua. Y no pasa nada.

Alguien, de una vez por todas, tendría que poner fin a este gravísimo asunto castigando a estos encapuchados internautas con una ley inflexible, severa y resolutiva. Debiera ser, eso sí, algún político con grandes dosis de empatía que tenga a bien no ocultarse tras una pantalla. 

Hay que castigar a los encapuchados internautas con una ley inflexible
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