Cartas a Marta: Luz que consumió su propia claridad después de morir los erizos

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Fotografía de la web Bodas Artísticas.

No somos la sombra del pájaro que alguien esbozó sobre la ceniza ni esa palabra que queda por traducir en tu cuaderno sobre Tokio.

Cartas a Marta: Luz que consumió su propia claridad después de morir los erizos

No somos la sombra del pájaro que alguien esbozó sobre la ceniza ni esa palabra que queda por traducir en tu cuaderno sobre Tokio.

 

Alguna vez nos perdimos en la traducción del poeta griego, conscientes de la necesidad de ese extravío. Imaginamos que la vida sería más intensa cuando sintiéramos el peso de un cuerpo sobre el otro, enfebrecido, disputado. En alguna avenida de Tokio, queda algo de su presencia, porque lo inconsistente también se deja sentir y lo que nos embarga no es que estemos juntas de nuevo, sino que alguna vez desapareceremos sin que haya otra cosa que propicie reconocernos de nuevo. Como en los espejos de aquellos aseos desbastados, como en el recogimiento del mar algún sábado por la noche cuando las carreteras callaban después de morir los erizos.

 

Cartas a Marta: Luz que consumió su propia claridad después de morir los erizos
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