Carta a un amigo: me cambiaste por unos gramos

NO a las drogas
NO a las drogas.

Después de tantos años, tenía que hacerlo. Necesitaba ayudarle, pero no a cualquier precio. Ahora ya es tarde para él, pero ella necesita perdonarse. Ahora o nunca.

Carta a un amigo: me cambiaste por unos gramos

Querido amigo:

Tantos años…Como dice esa canción que tanto nos gustaba “me entró la melancolía y te tenía que hablar”. Echo de menos tus abrazos, eran los únicos que, en un tiempo récord, lograban que me sintiera mejor. Quizás es egoísmo, pero ahora mismo necesito uno. Siempre he tenido en ti más confianza que en la Ley de la Gravedad. Eras mi ángel de la guarda. Nunca permitías que me sintiera sola, me apoyabas siempre, hasta que decidiste cambiarme por unos gramos de polvo blanco. Entonces, empecé a sentirme sola y,  lo que fue aún peor, a sentirme humillada. A creerme menos que esa gente que te acompañaba en aquellos viajes frecuentes al baño de las discotecas. Sólo volvías para ignorarme.

Era la única que te quería de entre todas aquellas personas, por eso me quedé a tu lado, durante años. Cuidándote en la sombra, intentando que siguieras el camino que te merecías, el bueno.

Siempre has sido una gran persona, amigo de tus amigos y, desde el minuto cero, me he sentido agradecida de que tú me consideraras tu amiga, de poder formar parte de tu vida, pero la paciencia tiene un límite.

Como bien sabes, nunca he tenido la autoestima muy alta, por lo cual, consideraba que era normal que os dirigierais a mí como “la gorda” porque lo estaba. Era lógico. No. No lo es.

Yo te quería (y por qué no decirlo, aún lo hago) pero hay compañías que son perniciosas y debe uno alejarse. ¿Realmente merecía esa humillación por tu parte? Debes saber que toda la admiración que te tenía se destrozó, se rompió en pedazos, irreparable.

Estabas convencido de que yo era tu sombra, que iba a estar detrás de ti, siempre. Hicieras lo que hicieras. No. Aquel día me cansé y me fui, sin mediar palabra, ni le di el habitual beso de despedida al que había sido mi buen amigo durante tantos años. Recibí tus disculpas entre malas excusas. Eso, para una chica herida a la que su “ángel” le ha fallado, no vale. Los ángeles no mienten.

Esa herida no me ha dejado perdonarte, a pesar del paso de los años. Mi corazón sigue latiendo debajo de esa cicatriz, que aún sangra de vez en cuando. Aún así, arriesgándome a que vuelva a abrirse, te perdono. Espero que, estés donde estés, tú también puedas hacerlo. No puedo evitar pensar que si no me hubiera marchado de tu lado, quizá la historia habría sido diferente.

Ahora, sólo eres uno más. Uno de los tantos que cayeron en la década de los noventa por las drogas, pero para mí no fuiste uno más. Te echo de menos. Si después de tantos momentos malos a tu lado, me sigo acordando de los buenos, quiere decir algo.

Hoy hace veinte años que me enteré de que se te había ido de las manos, que tu corazón no pudo resistir. Creo que ya es hora de perdonarnos, a ti y a mí, por lo sucedido. Necesito poder pensar en ti sin que me haga tanto daño, poder contarle a mis hijos que hubieras sido un tío fenomenal, que se lo hubieran pasado genial contigo.

Ojalá pudiera darte un beso, pero como es imposible, aquí te dejo unas rosas rojas. Mis preferidas, las que me regalabas siempre por mi cumpleaños.

Te quiero.

@reipardorguez

Carta a un amigo: me cambiaste por unos gramos
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