Carta abierta a Bill Gates: en busca de una inventiva sobre la comunicación libre

Bill Gates. / Mundiario
Bill Gates. / Mundiario

Cuando sugiere que "alguien con mucha inventiva tendrá que ayudarnos a trazar la línea entre la comunicación abierta de la que se benefician las democracias y el hecho de que haya algunas personas que no pueden resistirse a la hora de pinchar en noticias cada vez más descabelladas" lanza otro de sus grandes retos.

Carta abierta a Bill Gates: en busca de una inventiva sobre la comunicación libre

Apreciado filántropo:

Podría decir también apreciado informático o apreciado empresario, pero dado el motivo de esta carta abierta parece más apropiado saludarle como apreciado filántropo, ya que tras hacerse inmensamente rico con Microsoft se ha convertido en una persona que se distingue de otros milmillonarios por sus grandes obras en bien de la comunidad, sin dejar por ello de ser el cuarto hombre más rico del mundo. Además, siempre es más apreciado un filántropo –en su caso a través de la Fundación Bill y Melinda Gates– que alguien que fue cuestionado –incluso en sentencias judiciales– por sus estrategias empresariales con sesgos anticompetitivos. Está visto que, entre los humanos, nadie es perfecto, aunque sea brillante y milmillonario.

Es de sobra conocido que le preocupa el cambio climático, más incluso que la pandemia, pero también que le inquietan las teorías conspirativas que afloran en las redes sociales. Interesante propuesta, también oportuna, ya que es un asunto que exige mucha reflexión, no solo intelectual, sino también política, al estar en juego la propia democracia. Lo fácil en casos así es imponer restricciones –algunos países lo hacen– pero esa no es, evidentemente, una solución para países democráticos, como Estados Unidos, que define como "el país más liberal al respecto". Así, en una entrevista concedida al diario El País, firmada por Montserrat Domínguez, comenta que, "gracias a la primera enmienda" constitucional, se pueden decir y publicar "locuras", como negar el Holocausto. Y añade: "El entorno digital es igual y además se aprovecha de la debilidad humana. Leemos noticias que nos enfadan y seguimos pinchando en noticias o mensajes que nos crispan aún más, y luego llegan las noticias falsas". En efecto, así es.

El papel de las redes sociales

De manera retórica se pregunta cuál es el papel de las redes sociales a la hora de bloquear cierto tipo de discursos, para responderse: "Es un problema muy complicado, especialmente cuando hablamos de buenos o malos políticos. Si empiezas restringiendo ese tipo de discursos, ¿quién terminará juzgando lo que vale y lo que no? Durante la pandemia, las redes sociales han bloqueado noticias falsas generadas por el movimiento antivacunas, algo que he agradecido mucho, al mismo tiempo que respetaban otros debates legítimos sobre sus posibles efectos secundarios, sobre si se han realizado los ensayos necesarios y sobre si deberíamos confiar en ellas o no. Preguntarse esto es legítimo, pero hay muchas mentiras también. Creo que con este tema las redes sociales están adquiriendo algo de práctica a la hora de poner límites."

Llegados a este punto, su conclusión apela a un tercero: "Alguien con mucha inventiva tendrá que ayudarnos a trazar la línea entre la comunicación abierta de la que se benefician las democracias y el hecho de que haya algunas personas que no pueden resistirse a la hora de pinchar en noticias cada vez más descabelladas."

Si la inventiva se refiere a un nuevo algoritmo, nadie mejor que alguien que es informático y, sobre todo, dueño de Microsoft, para ponerse manos a la obra. Si, por el contrario, la inventiva se entiende en un sentido más amplio, como la capacidad o facilidad para inventar o crear, seguramente podríamos opinar muchos más.

La línea entre el periodismo y las fake news no es nueva 

Esa línea descrita con tanta precisión entre el periodismo y las fake news no es tan nueva como pudiera parecer. Desde que existen las democracias y los periódicos, esa línea siempre estuvo ahí. La diferencia no es cualitativa sino meramente cuantitativa, dado el efecto multiplicador de las redes sociales. Dicho en palabras llanas: siempre hubo personas mal intencionadas con pretensiones de falsear la realidad, manipular o calumniar, mediante el uso de altavoces mediáticos, ya fuese recurriendo a las cartas al Director de los periódicos, las llamadas a los programas de radio y televisión o incluso autopublicando folletos, revistas o libros. 

¿Por qué ahora esas personas se salen con la suya y antes no, o al menos antes en menor medida? Por dos razones: 1) cuantitativa –ya esbozada–, y 2) la más importante, por la falta de regulación y de control profesional. Es fácil de entender: si un manipulador quería hacer de las suyas hace medio siglo podía enviar cartas a los periódicos, llamar o mandar llamar a otros/as a radios y televisiones, hacer pegadas de carteles y algunas cosas más de este tipo, como dar un mitin en un parque, pero siempre se iba a encontrar con un cierto control, legal y profesional. Es decir, un periódico tenía profesionales que verificaban las denuncias de las cartas que recibían pero no las publicaban sin leerlas ni analizarlas. Hoy Facebook o Twitter o cualquier otra red social no verifican casi nada –por no decir nada– de todo lo que suben sus usuarios. Es más barato, pero tiene un alto precio.

Alguien podría preguntarse si constatar la vieja realidad –vigente en esos mismos medios informativos a día de hoy– equivale a proponer la censura previa. La respuesta es no. ¿O acaso cuestionamos las bondades periodísticas de los diarios de calidad –The New York Times, The Washington Post, El País...– si no publican nuestra carta al Director tras descubrir que es un disparate o, peor aún, una calumnia? Al contrario, los lectores agradecemos que haya periodistas rigurosos que verifiquen, contrasten e investiguen las informaciones. Todas.

 

Bill Gates busca inventiva para eliminar las noticias falsas sin renunciar a la comunicación libre. / Mundiario

No se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo

El sentido común indica que con el paso del tiempo la gente se irá dando cuenta de lo que está mejor y peor. Hay una frase que se le atribuye a Abraham Lincoln que resume bien este estado de cosas: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.”

¿Dónde puede estar otro problema añadido? En la credibilidad de los medios, a menudo manipulados por sus propietarios, víctimas de compensar su falta de ingresos ordinarios con ayudas interesadas de grupos económicos y políticos. Esto no es tan nuevo como las redes sociales pero es algo que se ha agravado y generalizado casi en paralelo con el fenómeno de las redes, hasta el punto de que hay gente que está en las redes sociales que no confía en los medios de comunicación profesionales. Otro problema complejo, también difícil de resolver.

¿Entonces no hay salida? Malo será. Abraham Lincoln sigue teniendo razón: es imposible engañar a todo el mundo todo el tiempo. Y usted, apreciado filántropo, seguro que da con la inventiva que anda buscando, a la que esta carta abierta solo sugiere un posible camino para recorrer juntos. Ojalá que tenga suerte en su ambicioso y noble empeño a favor de la libertad de expresión, compatible con la veracidad y respetuosa con el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la infancia y de la juventud. @J_L_Gomez

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