¿Por qué es tan difícil que los padres comprendan a sus hijos y viceversa?

Aplicaciones móviles. / Pixabay
Aplicaciones móviles. / Pixabay
Las costumbres cambian tan vertiginosamente que las distintas generaciones dejamos de entendernos  surgiendo problemas de comunicación porque el significado de las palabras cambia y además todos queremos tener la razón.
¿Por qué es tan difícil que los padres comprendan a sus hijos y viceversa?

Lejos quedan aquellos tiempos del primer arte universal, el románico, donde las modas cambiaban cada 200 años. En los tiempos de nuestros antepasados ya surgieron grandes cambios en las costumbres motivados por la llegada del ferrocarril, que revolucionó el transporte, incorporando algunas regiones aisladas al mundo, o  la revolución industrial que llevó el campo a la ciudad (en 1931 en España todavía el 40% del PIB era de origen agrícola). 

En tiempos más recientes el mundo ha revolucionado las costumbres sociales con la liberación de la mujer, la decadencia religiosa o la sexualidad. Los cambios sociales provocados a raíz del mayo del 68 parecen de un pasado tan remoto que los jóvenes ni han oído hablar de ellos, claro que muchos tampoco han oído hablar de la Transición que es algo mucho más reciente.  El mundo digital, internet, las redes sociales y el hecho de llevar toda la información en un pequeño artilugio en la palma de la mano crea la falsa ilusión de que todos somos iguales, de que podemos tener una conversación entre la gente que ha realizado un gran esfuerzo por aprender, por ser culto y tener criterio, y el que lleva unos auriculares inalámbricos conectados a su smartphone al que le dice "ok google" y todas sus preguntas tienen respuesta. En los chats surgen conversaciones entre gente conocedora de lo que habla y otras que tiene solo un ligero barniz de conocimientos adquirido a base de titulares o mensajes de 140 palabras. Son conversaciones impensables no hace más de veinte años.

Lo que más ha variado en estos últimos 70 años, más o menos, es el trato a la mujer tanto por parte del marido (ahora pareja) como por parte de la sociedad. Ya no existen, al menos en España, discriminación legal alguna salvo que sea positiva. Muy lejanos quedan aquellos tiempos en que no se era un hombre de verdad si no se había pegado nunca a la esposa,. Hoy se calcula el maltrato en 18 casos cada 10.000, no muchos aunque demasiados porque la sociedad reclama hoy que sean cero. Canciones como "La maté porque era mía" o "La bien pagá" carecen hoy de lugar aunque aún quede quien las cante. 

Existen muchos pequeños más que van conformando la sociedad actual. Gente, que aún vive hoy en día, han pasado de ir en burro a volar en avión, de pasear vacas a ir en metro o manejar el rebaño dirigiendo drones, de curarse catarros fumando porque era salud a que fumar sea una actitud suicida, de hacer el servicio militar y morir por la bandera y la patria si hacía falta, a vivir en el mundo reducido de lo local.  Muchos cambios pequeños y otros no tanto como que la sanidad o la judicatura esté en manos de mujeres que en breve ocuparán también los altos tribunales. Sin embargo lo que más genera distancia intergeneracional es que en la juventud no existe un sentimiento religioso fuerte y ni siquiera han sido educados en él, que el sexo es libre desde edades muy tempranas, entre 14 y 16 años, que se ha vanalizado hasta el ser más fruto del alcohol, las drogas, o dejarse llevar por la corriente; que las nuevas tecnologías resultan muy sencillas para los que nacieron con ellas o las conocieron muy jóvenes, y complicadas para gente mayor. También en el caso español podríamos incluir que hemos pasado de unas familias numerosas a otras de uno o ningún hijo, aunque en esto somos líderes mundiales y se trata de justificar sin que  haya diferencias entre países que lo justidiquen.

¿Pero cuál es la gran diferencia generacional? Sin duda, capacidad de aprendizaje. El joven incorpora los cambios de las nuevas tecnologías que ocurren a diario como algo natural incluso para los más torpes, mientras que los mayores no son capaces de seguir el ritmo por lo que la distancia entre gente de la generación digital, la de internet y las nubes, y la del esfuerzo y la disciplina, es cada día más grande. Esto nos llevaría nos lleva a la conclusión de que las generaciones actuales se padres, hijos y abuelos continuarán alejándose como se alejan las estrellas en un universo en continua expansión. @mundiario

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