Cada 28 de marzo, la ciudad de Vigo honra a un traidor y olvida a sus víctimas

Abel Caballero, disfrazado de alcalde de 1809.
Abel Caballero, disfrazado de alcalde de 1809.

Morillo, héroe en 1809, fusiló en 1823 a los defensores de la Constitución, según los testimonios históricos que cita como principal argumento este profesor de la Universidad de Vigo.

Cada 28 de marzo, la ciudad de Vigo honra a un traidor y olvida a sus víctimas

Lo de la llamada Reconquista del 28 de marzo de 1809 se ha magnificado un tanto exageradamente. Cada año, en esta fecha, en los años 50 y siguientes, los Hijos de Vigo, como una especie de comisionado urbano, pedían cuentas a los ediles sobre su gestión municipal. Era una suerte de consejo supremo, orlado de floridos discursos. Eran y consideraban los legítimos descendientes de esta villa de aluvión, de reducido territorio, crecido a costa del de Lavadores o Bouzas.

Los concejales del PSOE de Vigo rivalizan en el atuendo. Sobre todo el alcalde Abel Caballero y su pupila Carmela Silva. Pero la fiesta es la equivocada. El traidor Morillo, que la ciudad tiene entre sus héroes, volvió contra la nación las armas que las Cortes le habían proporcionado para defender la Constitución y, por cierto, privó Vigo de la condición de capital de provincia de que había disfrutado durante el Trienio Liberal. Este abyecto personaje que se homenajea, derrotó en 1923, a los patriotas enrolados ahora bajo las banderas de la Honrada Milicia Nacional y el paisanaje liberal. Pese a todo esto, el chauvinismo local prefiere seguir honrando una sarta de mentiras y adulteraciones o inexactitudes, como las famosas banderas de las Alarmas del Fragoso, que difícilmente pudieron estar en la gloriosa jornada del 28 de marzo de 1809 por la sencilla razón de que fueron tejidas en 1810.

La ciudad se empeña en celebrar una fiesta equivocada. Lo de la llamada Reconquista del 28 de marzo de 1809 se ha magnificado un tanto exageradamente. Cada año, en esta fecha, en los años cincuenta y siguientes, los Hijos de Vigo, como una especie de comisionado urbano, pedían cuentas a los ediles sobre su gestión municipal. Era una suerte de consejo supremo, orlado de floridos discursos. Eran y consideraban los legítimos descendientes de esta villa de aluvión, de reducido territorio, crecido a costa del de Lavadores o Bouzas. A partir de los ochenta, este aspecto de la fiesta decayó hasta extinguirse.

Un libro de referencia

Les remito al interesante libro del historiador Ronald Fraser, titulado “La maldita guerra de España” que, desde una perspectiva novedosa, nuevos fuentes y documentos analiza socialmente aquellos episodios sucedidos entre 1808 y 1814. El de Vigo también. Fraser introduce en la escena un personaje nuevo, cuyo papel emerge sobre el que siempre atribuimos a Cachamuiña, Pablo Morillo, el teniente Almeida, los abades de Couto y Valladares, el alcalde Vázquez Varela o el marinero Carolo. Pero el inglés, que toma prisioneros a los franceses y no Morillo, aparece en el acta de la rendición junto al más adelante traidor.

Lo primero que conviene insistir es que aquella no fue una guerra patriótica en absoluto por parte de sus principales instigadores, cuyo objetivo era la defensa del trono y de la religión frente a las ideas de la Ilustración y la Revolución Francesa. Pero, aparte de esto, lo que Fraser aclara es que los franceses no se rindieron a Morillo, como indica la versión oficial, ascendido a coronel en el campo de batalla, sino al capitán Coutts Crawford de la fragata británica Venus; es decir, a una de las dos enviadas para ayudar a los sitiadores y, de paso, recoger cautivos a Chalot y sus soldados.

Y ésta es la cuestión: siempre resultó sospechoso que los ingleses se hubieran limitado a actuar de mero transporte de prisioneros. Confirma Fraser que los franceses exigían rendirse a un soldado profesional, no a un jefe guerrillero. Y así fue según las propias fuentes francesas; pero no a Morillo, sino Crawford. La versión oficial, contenida en el opúsculo “Los héroes de la Reconquista de Vigo”, publicada en 1891, señala que Chalot se rindió a Cachamuiña (ambos firmaron el acta, dice, lo que reduce el papel de Morillo en este asunto), y atribuye el comandante inglés el papel de mero testigo.

Y esta es la historia que se debería recordar: A finales de junio de 1923, el general Morillo llega a Lugo al frente de Cuarto Ejército de Operaciones. Se alza contra la regencia, instalada en Sevilla y reúne en torno suyo a un escogido grupo de elementos reaccionarios, con abundancia de representantes del clero ultramontano. El general Quiroga y el coronel del Regimiento de Aragón le instan, sin éxito a mantenerse leal a la Constitución de 1812, pero el traidor tiene otros planes.

Fue un eficacísimo instrumento de la represión contra los elementos liberales. El 4 de agosto de 1823, entra en Vigo. La rendición de la ciudad la recibe quizá por vergüenza_ en Redondela, donde es agasajado por los elementos menos comprometidos de la política liberal. Al mismo tiempo, las bandas realistas se entregan a todo tipo de excesos. Después de dos semanas de estancia en Vigo, Morillo avanza sobre A Coruña, ciudad en la que entra el día 21. Aquí tuvieron m s tiempo para escapar los elementos liberales, que lograron huir a Inglaterra. A los patriotas de Vigo los fusilaron en Redondela.

Este sujeto es el traidor que Vigo celebra como un héroe con el PSOE como gran animador de la verbena.

Cada 28 de marzo, la ciudad de Vigo honra a un traidor y olvida a sus víctimas
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