Desde las black a la transparencia real

La Reina Doña Letizia y el Rey Felipe VI.
La Reina Doña Letizia y el Rey Felipe VI.

Si en esta Casa Real hubiera dignidad debería haber consecuencias, y no pequeñas, opina el autor con respecto al caso de los SMS de la Reina Letizia.

Desde las black a la transparencia real

Como en las grandes ocasiones, recuerdo perfectamente lo que hacía. Viajaba de buena mañana en un autobús interurbano agarrado a mi teléfono. De repente, me estalló entre las manos la bomba de plástico y relojería que, disfrazada de tarjetas VIP y black, había reventado los últimos engañabobos que circulaban para confundir con lo de Bankia. Se supo que ciertos privilegiados se estuvieron apropiando dulce e indebidamente de nuestro dinero en instantes maravillosos de sus vidas, como comprar lencería o pagarse un masaje. O, en muchos casos de mucha urgencia y para ocultar pruebas, entrar a robar en un cajero automático con habitáculo sin leer antes un aviso sin palabras: “Atención: no pisar al desahuciado que duerme en el suelo porque podría estar muerto”.

Ni Blesa, ni Rato, ni los demás, supieron apreciar que se acercaba un choque brutal entre la nueva sociedad digitalizada y muchas confianzas oscuras, cultivadas al más alto nivel en tiempos de ambición sin riesgos ni moral. Un cóctel que ha terminado destapando hasta lo más sucio mediante el sano ejercicio de la libertad de prensa natural. Ahora ya sabemos por qué motivo

Él, el actual, no se atrevió con su hermana para que renunciara a su turno en el viaje hacia una corona manchada. Él, y ella, y no hablamos ahora de la que se ha sentado acusada en Palma de Mallorca, tampoco sabían de los peligros modernos, como le pasó al sospechoso que tenemos interpretando la comedia de ser presidente. Si en esa Casa Real hubiera dignidad debería haber consecuencias, y no pequeñas. Y qué decir de estos cuatro, Sánchez, Rivera, Garzón e Iglesias, que esta mañana de jueves se han mirado al espejo y aún se han visto la cara puesta, a pesar de no haber llamado a La Zarzuela para pedirle a Felipe la obligada vergüenza torera: abdique ya, rey minúsculo, que nos contagia.

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