Aurea mediocritas: Los valores sociales en una ciudad laica

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Ciudadanía laica.

Análisis de las virtudes de una sociedad laica como garante del respeto a los valores sociales de igualdad y diversidad, así como del espacio para el crecimiento de una espiritualidad y trascendencia individual.

Aurea mediocritas: Los valores sociales en una ciudad laica

Pensaba hace no mucho en aquellas frases que repetimos sin cesar y que por ello van difuminándose en nuestro discurso y perdiendo, poco a poco, su significado original. Haciendo este ejercicio mental recordé una frase que en política y en cualquier faceta de nuestra trayectoria vital debería ser recordada en bastantes más ocasiones y, sobre todo, debería recuperar su significado íntegro. Me refiero a la expresión latina “aurea mediocritas” o, para ser más claros, en como llegó a nuestros días, bajo la frase “en el medio está la virtud”.

En este sentido, si hablamos de los conceptos de mística o de trascendencia muchas personas con una trayectoria laboral, académica, política y personal más que respetable, huyen despavoridas. Parece que lo espiritual se asocia a siglos de dominio de la Iglesia católica y a todo lo que supuso eso para la exclusión de las mujeres de todo plano que no fuese el privado además de la crueldad con la que se trató a todo aquel que decidiese ser diferente. Sin embargo, todas aquellas personas que pensamos en las políticas óptimas para la construcción de una ciudad a todos sus niveles, basándonos en la máxima de querer alcanzar un deseado punto medio entre los extremos creemos que la verdadera mística es la capacidad de cada ser humano para vivir el aquí y el ahora, y más concretamente, en el caso de la política, la capacidad que tengamos los políticos y políticas de volcarnos en algo que nos importe más que nosotros/as mismos/as.

Es por todo eso por lo que creemos que en una sociedad secularizada y laica, es decir, en una sociedad que respete a toda la ciudadanía, es en el único lugar en el que puede brotar, sin ningún estorbo, la verdadera trascendencia, la mística y el respeto por los valores sociales, desapareciendo así cualquier voz que decida chillar más alto que el resto y excluir, ridiculizar o discriminar basándose en dogmas vanos, pues una sociedad laica es una sociedad presidida por la libertad de conciencia.

Lo que más nos debe importar es mantener la cohesión social y cualquier sociedad laica y democrática consigue hacerlo sin restringir la libertad de la ciudadanía, básicamente porque en la actualidad la columna vertebral de moralidad no depende ya del férreo control de ninguna iglesia ni de la búsqueda de una teoría universal y única de la verdad. Lo trascendente, los valores sociales, lo digno, lo moral y lo real brotan de la libertad y de la destrucción, en el plano político, de los egos y las polarizaciones ideológicas.

En todo occidente presenciamos el fenómeno de la diversidad y también el de un cada vez mayor número de personas denominadas por filósofos como Kolakowski “cristianos sin Iglesia”, es decir, personas que sin dejar de trabajar su parte espiritual y sin abandonar sus creencias escapan del cristianismo institucionalizado y de los ritos de paso que marca (bautismo, matrimonio religioso, confirmaciones...). Crece, en contraposición a la religiosidad dominante años atrás, la conciencia de un carácter polisémico de los significantes religiosos y, ante todo, de la idea de Dios y cada vez más personas creen en la máxima enunciada por Stephen Hawking: “siendo el universo internamente consistente su existencia no requiere de nada exterior a el ni de nadie que lo ponga en marcha”.

Nuestras ciudades, nuestros países y nuestra civilización entera, liberadas ya del oscurantismo de los dogmas puede que estén ahora lejos de caer en el relativismo posmoderno y más bien se acerquen a perder toda la potencia perdida en espiritualidad. Da igual ser ateo o creyente, lo que cuenta es una potente “paideia” laica para que logremos generar a la futura ciudadanía libre, respetuosa, solidaria y trascendente, y esa es la ciudad que desde el socialismo queremos construir. @mundiario


 

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