Asalariados de la aristocracia

Famosa política española de actualidad.
Isabel Díaz Ayuso, famosa política española de actualidad.
Una de sus palabras más manidas es la "democracia", sin embargo algunos se pegan al micrófono y no dejan que el pueblo les rebata.
Asalariados de la aristocracia

Se nos ofrece el culebrón: los políticos discuten, se abrazan, se besan, y les aplaudimos. Nos los ofrecen por televisión a todas horas, están en nuestras cosas, en el empleo, y pululando por nuestros ahorros, por eso les damos importancia. Ellos mueven la pasta, les bailamos el agua. Seguimos sus aventuras, ¿de ellos dependen nuestras vidas?

¿En ellos se basan el bienestar y el crecimiento económico? ¿Y por qué dicen tantas mentiras (dicen y desdicen)? La clave es ésta: los partidos políticos son empresas, y los líderes que la élite económica decide, para que nos acompañen en el transcurso de la Historia (para que lo único que sucede sea lo que ellos elijan), no son más que la cara visible de la bestial aristocracia, la cual se esconde del progreso para que no cambiemos el modelo de Estado en pos de la igualdad.

Una de sus palabras más manidas es la "democracia", sin embargo algunos se pegan al micrófono y no dejan que el pueblo les rebata, ¡ni que nadie alce la voz fuera de sus discursos!

¿Realmente hemos de unirnos al debate político cuando la discusión es el protagonismo de éste u otro pelele?

Tenemos que recordar la etimología, que a los representantes hará subir los colores: "Polis"= ciudadanía; "Democracia"= ¡poder del pueblo! De modo que, en el organigrama de nuestra sociedad, la clase política es una herramienta de contención de masas, encubierta y promovida por la televisión, que es financiada por las mismas empresas.

La aristocracia se halla cómoda en la monarquía parlamentaria, cuyos debates y decisiones se dan de bruces con el Rey.

Ante la Corona, somos plebeyos, súbditos; ante la política, asalariados, cabeza de ganado que emite el voto. Es decir, que nuestra sociedad estamental, disfrazada de evasión y cómoda inoperancia, está vetando la evolución de los tiempos: desde los pensamientos, la cultura (silenciados), hasta la automatización y optimización del modo de convivencia, pasando por la mejora genética al promover los poderosos el racismo y la xenofobia, de entre los cuales hay quienes sostienen que los españoles son raza (razón sine qua non se deberían agilizar las fronteras...)

La justicia de este sistema, pues, es perfectamente discutible, desde el momento en que el rey lidera el colonialismo de la Cumbre Iberoamericana y el presidente (sea cual sea el representante que nos haya tocado) exprese un sinónimo de opresión, imperio y persecución bajo eufemismos de expolio, supremacía económica, desde la España suya, aquella que aplica las Fuerzas del Estado a su propio territorio cuando su adorada y bendita democracia cojea. @mundiario


  

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