Arturo Maneiro: "el clima político y parlamentario no es propicio para lograr una televisión pública neutral"

José Luis Gómez y Arturo Maneiro. / Mundiario
El autor del libro Una televisión sin ley, ofrece una entrevista a MUNDIARIO en la que analiza su ensayo y las soluciones para RTVE.

Coincidiendo con la crisis política que afecta a RTVE, Mundiediciones, la editorial de libros de la compañía editora de MUNDIARIO, acaba de publicar la obra Una televisión sin ley: 50 años de fracasos legislativos sobre RTVE, del periodista Arturo Maneiro, ya a la venta en Amazon y próximamente en librerías.

— ¿Cómo y por qué nace este libro?

— El libro nace de la perplejidad que me produjo el hecho de que la aplicación de la Ley de RTVE de Zapatero, en 2006, acaba plagada de incumplimientos y frustraciones. Había nacido para profesionalizar el Ente, con una comisión de expertos que valorarían la idoneidad de los directivos según méritos estrictamente profesionales por medio de un concurso público, sin intervención de los partidos políticos. Todo eso acabó naufragando en los intereses políticos y parlamentarios. ¿Qué había pasado?, ¿por qué se llegó a este deterioro?, ¿quiénes eran los responsables? Tratando de despejar estas incógnitas se llega al origen de la causa de por qué RTVE está cada día peor en cuando a los aspectos directivos, políticos y parlamentarios.

— ¿A quién puede interesar este ensayo?

— Mi idea es que Una televisión sin ley interese a todas aquellas personas con curiosidad por el mundo de la comunicación, sean profesionales de medios o no. También a los políticos porque, a lo largo de sus páginas, se va comprobando como el Parlamento se muestra incapaz de legislar sobre los medios públicos de comunicación, en lo relativo a quién manda en ellos, quién nombra al que manda y cómo se controla su cometido. Es un recorrido que puede resultar apasionante. En todas las leyes, decretos y reformas se anuncia la solución definitiva de los problemas de elección, se asegura la independencia del máximo directivo, y se le garantiza la autonomía y estabilidad durante todo el mandato. Nada más lejos de la realidad.

Portada del libro Una televisión sin ley: 50 años de fracasos legislativos sobre RTVE. / Mundiediciones

— ¿Qué breve análisis haces sobre el reciente Real Decreto aprobado por el Gobierno de España que modifica el régimen jurídico de RTVE y, además, otorga plenos poderes de decisión al presidente del ente, saltándose por alto al Consejo de Administración?

— El reciente Real Decreto aprobado por el Gobierno viene a ser la enésima reforma de la Ley Zapatero de 2006 y es muy parecido al anterior de 2018 que promovió a Rosa María Mateo como administradora única sin consejo de administración que la controlase. En aquella norma ya se acortaban los plazos para recurrir a la mayoría absoluta en caso de no alcanzar la mayoría cualificada de dos tercios. Los grupos no apoyaron ni por mayoría absoluta a los miembros del Consejo y el Gobierno nombró a la Administradora única. Un mecanismo idéntico se establece ahora. El hecho de que aumenten de 10 a 15 el número de vocales, con dedicación exclusiva y buen sueldo, durante seis años seguidos, tiene como finalidad lograr el acuerdo de los grupos que vayan a sacar sus candidatos y evitar una nueva derrota que llevaría a un administrador único. Esto se reviste con la afirmación de mayor pluralidad en el Consejo que no es real, sólo hay más cantidad.

— ¿Qué le auguras a RTVE?

— Creo que todo va a seguir igual. No se dan las condiciones para lograr el nombramiento de los consejeros ni del presidente de la Corporación con un mínimo de consenso. El bochornosos espectáculo de la batalla entre las dos últimas presidentas interinas, Elena Sánchez y Concepción Cascajosa, quitando una a la otra, son una muestra de que el clima político y parlamentario no es propicio para lograr una televisión independiente, estable y neutral. Además, el último presidente elegido por consenso sólo duró 18 meses en el cargo, siempre cuestionado, siempre acosado hasta su dimisión final.

— ¿Cuál sería la solución más acertada?

— La solución sería conseguir a una televisión pública neutral e independiente en la que los directivos no fuesen nombrados por los Gobiernos ni los grupos parlamentarios. Pero esto es una fantasía política, igual que el párrafo final de Una televisión sin ley, transcrito de una intervención parlamentaria: “Vamos a dar la vuelta a su modelo gubernamental para reconducirlo hacia un proyecto plural, independiente, transparente, eficaz, sostenible, moderno, avanzado tecnológicamente, adaptado al cambio digital, creíble y, sobre todo, público.” @mundiario