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MUNDIARIO

EL HUMOR DE PEPE PELAYO

Arabia Saudita: una execrable pero coactiva experiencia

Un vistazo a la situación de la mujer. ¿Cuál mujer exactamente?, se preguntará usted. Todas, diría yo, para no pecar de absolutista.

Arabia Saudita: una execrable pero coactiva experiencia
Arabia Saudí. / PP
Arabia Saudí. / PP

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Pepe Pelayo

Pepe Pelayo

El autor, PEPE PELAYO, colabora en MUNDIARIO. Es escritor, comediante y estudioso de la teoría y la aplicación del humor cubano-chileno. Se le encuentra en www.pepepelayo.com @mundiario

Me entró mucha curiosidad al ver programado un congreso sobre la mujer en Arabia Saudí. Quise ser testigo de un paso tan importante en el cambio cultural de ese país y volé hacia Riad.

En Wikipedia me enteré de que el nombre de la nación se debe al Rey Bin Saud, el cual invadió otros reinos y unificó todo como quiso. Por lo tanto, a los nacidos aquí se les llama sauditas, por venir de Saud. ¿No se entiende? Pues es como si a un rey sajón le hubiesen clavado un cuchillo en la ingle y le hubieran llamado después ingleses a los habitantes de ese país.

La ciudad es tan seca que debería llamarse República Árida Saudí. Lo más bonito es el Barrio Diplomático, pero en las calles hay más disciplina que en la serie Colony, porque la milicia religiosa está omnipresente.

Para muchos es Arabia Saudí y no Saudita, evitando la terminación femenina. Es que son despreciadas las preciosas mujeres; es decir, tienen precio, pero no tienen valor; perdón, las mujeres sí tienen valor, ¡por qué para vivir aquí hay que tener un valor...! Imagínense, no les permiten salir a la calle. ¡Ni siquiera cuando las sacan a la fuerza!

Claro, desde el 2015 ya se les permite votar, pero ojo, la votación es para elegir un consejo de asesores del Rey, porque en este país de monarquía absoluta y teocrática, no se escogen a las autoridades por las urnas, aunque sí a dichos consejeros que tienen un carácter urnamental.

Aquí el nepotismo no es tema. Absolutamente todos los ministros son familiares del Rey. Sus únicas tareas son aplicar la pena de muerte bajo su jurisdicción. Por ejemplo, si descubren que un albañil es gay, lo manda a fusilar el Ministro de la Construcción. Pero si el albañil es de origen yemenita, por ejemplo, las peleas de Estado entre el Ministro de la Construcción y el Canciller son terribles, ya que cada uno exige su derecho a matarlo, por lo que tiene que intervenir el Rey y ejecutar al albañil. Claro, eso tiene consecuencias políticas, el Todopoderoso destituye a sus primos y coloca a un sobrino y a un tío abuelo en esos Ministerios. Pero no les pasa nada grave a los caídos. Son muy civilizados y no abunda eso de matar a parientes como en Corea del Norte.

Dicen que en 1932 Arabia Saudí se convirtió en un Estado Moderno, pero para mí fue en 1938 al descubrir esos enormes yacimientos de petrodólares fosilizados. Ahí se hizo rico el Estado; o el Rey. “L'État, c'est moi”, como dijo XIV veces Luis, otro Rey, al fundar el país de Luisiana o algo así (Wikipedia es algo confuso al respecto).

Pero vuelvo a mi congreso. Llegué al salón y traté de ubicar a las mujeres que presidirían el evento, pero sólo vi en el escenario al Príncipe Faisal bin Mishal bin Saud y a trece hombres con nombres y túnicas similares y con su kafiyyeb en la cabeza (el cual es más fácil ponérselo que pronunciarlo). Busqué en el público alguna nikab o alguna burka, pero no había ninguna. Ahí me entero de que las mujeres que asistirían al congreso estaban en otro salón y seguirían todo vía video. Me encantó la idea de ir a ese salón femenino. Soy un amante de la mujer árabe… perdón, rectifico, soy un admirador de la mujer árabe, porque si alguien malinterpreta la palabra amante, me buscaría un problema (seguro estoy de que las únicas invitadas al congreso serían las integrantes del harem del Rey y las de sus ministros). Me podrían aplicar la pena de muerte, cosa que me daría mucha pena.

Durante el congreso vi a esos hombres discutir (y en árabe nada menos), sobre si a las mujeres les aumentaban o no la participación en el mercado laboral del 22% al 23%; si debían permitirles que salieran a la acera de su casa o no, a botar la basura; si les cerraban las aberturas a las burkas y que usaran entonces perros lazarillos o no; si debían autorizar que ellas tuvieran la menstruación cada dos meses en vez de cada 30 días, etc.. No llegué al final. Aquello fue tan chocante que me fui de ahí como un disparo. “Ahíbala bala”, dijo en árabe el portero al verme pasar.