Por qué es necesario un confinamiento domiciliario en España

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Gestión de la pandemia.

Como ha ocurrido en las anteriores olas de contagios de esta pandemia, el conjunto de técnicas, métodos y procedimientos que deben seguirse para afrontar las amenazas ratificarían de forma tajante que no estamos reaccionando adecuadamente.

Por qué es necesario un confinamiento domiciliario en España

En las últimas semanas, muchos científicos y epidemiólogos como el doctor Rafael Bengoa, el microbiólogo Ignacio López-Goñi, el epidemiólogo Oriol Mitjà o el jefe de Servicio de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública Joan Caylà han declarado a través de diferentes medios de comunicación el preocupante aumento de contagios y la falta de medidas, como el confinamiento domiciliario, para poder parar la tercera ola que está sacudiendo España.

Pero no solo la ciencia establece la necesidad de esta última medida en España, la aplicación de metodologías de gestión del cambio y de amenazas, que resultan sumamente útiles para reducir los riesgos y las consecuencias negativas derivadas de los mismos, demostrarían que se está actuando muy tarde, con recursos insuficientes y de forma muy poco contundente ante esta tercera ola de contagios originados por el coronavirus SARS-CoV-2.

España presenta, según los datos del Ministerio de Sanidad, una incidencia acumulada en 14 días superior a 1.200 personas por cada cien mil habitantes en las comunidades autónomas de Castilla y León, Extremadura, Valencia, La Rioja y Murcia. Estamos en una situación de nivel de riesgo de contagio extremo con 1.369 fallecidos en los últimos 7 días y una incidencia media de 884,7 casos por cada 100.000 habitantes.

¿Se siguen las instrucciones?

Si analizamos la situación de España y consideramos las directrices y medidas de mayor importancia que toda metodología de gestión de amenazas recomienda, veremos que muchas de las instrucciones no se están siguiendo.

Una de las primeras medidas es actuar cuando se tiene noticia de la amenaza, o de las variaciones que esta experimenta, y no cuando la amenaza tiene efecto. Esto se ha incumplido en España en las tres olas de contagios. En la última puede comprobarse la falta de medidas contundentes destinadas a frenar el número de contagios consecuencia de las nuevas cepas. En el momento actual, ante la gravedad de la pandemia ni siquiera se permite a las comunidades que lo han pedido ejercer el toque de queda a partir de las 20:00 horas.

Otro de los aspectos clave para afrontar adecuadamente una amenaza es la veracidad de los datos y la precisión de las estadísticas que manejan los dirigentes que toman las decisiones. Los datos que el Gobierno ha difundido, como el número de fallecidos, difiere considerablemente de la información elaborada por el Instituto Nacional de Estadística. Por otra parte, las previsiones anunciadas por el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, durante toda la pandemia han sido muy desacertadas. El último ejemplo fueron sus afirmaciones de que el impacto de la cepa británica de la COVID-19 en España sería marginal.

El tercer factor de gran importancia es la gestión de expectativas. La información que se ofrezca a las personas afectadas por una amenaza y, en general, frente a un cambio debe ser muy concisa, entendible y cercana a la realidad, si no, provocaremos desconfianza, falta de voluntad en el seguimiento de las medidas y, finalmente, un mayor rechazo a los cambios. Al finalizar la primera ola de contagios, uno de los mensajes que lanzó el presidente del Gobierno es que habíamos vencido al virus y teníamos bajo control la pandemia. La realidad nos ha demostrado repetidamente lo lejos que estábamos de lograrlo. Durante las diferentes fases de la lucha contra el coronavirus SARS-CoV-2 se han elevado mucho las expectativas, lo que ha provocado en la sociedad un gran sentimiento de frustración.

Por otra parte, las contradicciones en el uso de las mascarillas, las equivocaciones publicadas de algunos dirigentes de las comunidades autónomas o las declaraciones irresponsables de algunos consejeros como el de Sanidad del Gobierno de Ceuta al expresar sus recelos frente a las vacunas han provocado una gran pérdida de credibilidad en las autoridades y un mayor rechazo a las normas establecidas.  

Otros aspectos trascendentales son la planificación, el control y seguimiento de las medidas para reducir o frenar las amenazas. Deben realizase de forma rigurosa conforme un modelo flexible que permita variar e implantar rápidamente las medidas necesarias, ajustándose a los cambios en la evolución de la amenaza y evitando superar los límites establecidos. En España se han dado numerosos problemas derivados de la falta de cobertura legal de la legislación sanitaria para limitar los derechos de los ciudadanos y también ha existido una enorme descoordinación en el sistema de cogobernanza entre el Gobierno central y las comunidades autónomas. Por otra parte, hemos rebasado de forma continua los límites fijados.

Otro factor importante es hacer frente a la crisis de incertidumbre mediante la aplicación de técnicas de gestión eficaz del conocimiento, tales como lecciones aprendidas, comunidades de práctica, aprendizaje a través de los errores, mapas de conocimiento, etc. Este es el punto con mayores carencias del Gobierno de España.

En el momento actual, la ola de contagios está completamente descontrolada, la presión hospitalaria continúa en ascenso en la mayoría de comunidades autónomas, marcando máximos desde el inicio de la pandemia, los porcentajes de pacientes en UCI son alarmantes,  el número de fallecimientos no deja de aumentar, el confinamiento perimetral en ciudades como Madrid o Valencia se ha visto claramente insuficiente, además, el pasado viernes, la empresa AstraZeneca anunció la reducción al 60 por ciento de las entregas de vacunas a la Unión Europea.

Estamos reaccionado en España ante esta tercera ola, que tiene una velocidad en los contagios mucho mayor que la primera y segunda, de forma más tardía y con medidas menos contundentes. No se están siguiendo tampoco las reglas que establecen las metodologías de gestión de amenazas. Las consecuencias serán peores que en las anteriores ocasiones si no actuamos de manera más rotunda. El confinamiento domiciliario estricto, como han hecho en otros países, no solo es esencial en estos momentos para salvar muchas vidas, sino también vital desde el punto de vista sanitario y económico. @mundiario

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