Un año del Talibán en el poder: en Afganistán hay más hambre y menos derechos

Uso de la burka / RR SS
Uso de la burka / RR SS
En el aniversario del retorno de los fundamentalistas al poder, todos los progresos que se han alcanzado en los últimos 20 años se han desmoronado en 365 días de crisis humanitaria.
Un año del Talibán en el poder: en Afganistán hay más hambre y menos derechos

Ha pasado un año exactamente desde que los talibanes, aprovechando la retirada de las tropas internacionales, se impusieron en Kabul, encontrándose poca resistencia. Era el desenlace anunciado después de días de mucha tensión, en la que las capitales de varias regiones caían a manos de los fundamentalistas, hasta que el país entero cayó como un castillo de naipes.

El Ejecutivo talibán que se forjó, de facto, prometió no revivir el pasado, que tomarían medidas moderadas y que buscarían instaurar un gobierno que no diera pasos significativos atrás en cuanto a los derechos básicos. Unos 365 días después los afganos continúan esperando, y lo que es peor, la mayoría de las libertades civiles han quedado erradicadas.

En la década de los años 90 el Talibán, una organización militar islamista considerada terrorista por buena parte del mundo, se hizo con el poder de Afganistán por la fuerza, implementando un régimen de terror basado en su interpretación radical de la ley islámica, la sharia, que llevó al país a unas de las peores crisis humanitarias jamás vistas.

Con las riendas del Estado nuevamente en las manos de este grupo, gracias a la retirada de las tropas extranjeras en su territorio, se prometió que las cuestionadas acciones de los talibanes no se repetirían. Ellos gobernaron desde 1996 hasta 2001, cuando EE UU dirigió una invasión para tumbar al régimen talibán en represalia al refugio que le otorgaban a los líderes de Al Qaeda, tras los eventos de las Torres Gemelas el 11 de septiembre.

El progreso se desmorona

Desde la caída de los talibanes aparecieron gobiernos que, con muchas sombras, consiguieron notables progresos en muchos aspectos. Bajo los mandatos de Hamid Karzai y Ashraf Ghani florecieron los medios independientes, se mejoró el respeto por los derechos humanos, las mujeres tenían pleno derecho a integrarse a las escuelas y universidades, la clase media vivía cierta prosperidad y seguridad alimentaria que distaba mucho de región en región, especialmente de los espacios rurales.

Las guerras internas que ocurrieron después de eso hacían prácticamente imposible que, entre otras cosas, las organizaciones internacionales llegaran hasta los lugares más recónditos del país. Afganistán estaba dando pequeños pasos hacia adelante, pero los expertos advierten de que todo lo alcanzado en dos décadas se ha desmoronado en apenas un año.

“Se comprometieron públicamente a proteger y promover los derechos humanos. Pero la velocidad a la que están desmantelando 20 años de avances en materia de estos derechos es impresionante”, recalca Yamini Mishra, directora regional de Amnistía Internacional para Asia meridional.

La economía va en caída libre

Buena parte de la economía afgana depende de la financiación internacional; datos del Banco Mundial reflejan que durante el Gobierno de Ashraf Ghani (2014-2021), el 42,9% del Producto Bruto Interno (PIB) provenía de donantes extranjeros. Tras la llegada del Talibán al poder, esa llave se ha cerrado junto con la congelación de activos afganos y la imposición de sanciones contra el Gobierno de facto que, al final, terminó repercutiendo en la ciudadanía.

Miles de afganos perdieron su empleo, especialmente las mujeres que tuvieron que abandonar sus profesiones para encerrarse en casa. La escalada de precios se ha exacerbado con la crisis de alimentos y de combustible mundial que ha generado la invasión de Rusia en Ucrania que, por cierto, acapara junto a las tensiones alrededor de Taiwán todas las miradas internacionales, mientras que Kabul ha pedido peso.

El Programa Mundial de Alimentos (WFP) advierte de que unos 23 millones de personas, más de la mitad de la población, necesita ayuda humanitaria y vive en inseguridad alimentaria. La misma institución indica que solo el 7 % de los afganos puede costear sus gastos alimentarios y que alrededor del 95 % no consume los suficientes alimentos.

Los efectos vienen sesgados por el género. “Las niñas las que más sufren de esta situación ya que tienen casi el doble de probabilidades que los niños de acostarse sin haber comido lo suficiente”, asegura Save the Children. Más de 3.3 millones de menores de edad corren riesgo de sufrir desnutrición aguda, mientras que más de un millón sufre desnutrición grave.

Las mujeres, desplazadas de la sociedad

La mitad de la población no tiene cabida en el Emirato Islámico de los talibanes. Las mujeres son las que más han sufrido el retorno de los fundamentalistas, que nunca desaparecieron, solo que su voluntad no se hacía ley en todo el país por los últimos 20 años. Tan desgarradora es la situación que Afganistán es el único país en el mundo en el que las niñas tienen prohibido la educación secundaria.

Una de las primeras medidas que impusieron los gobernantes, según su interpretación fundamentalista, fue recomendar a las mujeres no salir de casa “por su seguridad”, de hacerlo, se cubrieran de pies a cabeza. No pueden andar por la calle a menos de que vayan acompañadas de sus esposos, hermanos o padres. Además, han sustituido el Ministerio de la Mujer por la cartera de de Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio.

La mitad de la población fue despojada de buena parte de sus derechos, incluso solo se les permite trabajar en las áreas de la educación y de la medicina; aunque con claras excepciones. Los pocos instrumentos diseñados durante los anteriores gobiernos han sido sustituidos por organismos que, por el contrario, someten aún más a las mujeres.

Las protestas más masivas que se iniciado en el país han sido lideradas por mujeres que conocen sus derechos, pero por llevarle la contraria al régimen cualquiera puede ser penado con lapidaciones o con ejecuciones, sin mencionar la tortura, la violencia de las detenciones generalmente arbitrarias y las intimidaciones contra ellas y sus familiares, según constata Amnistía Internacional.

“Tras diez meses de investigación hemos visto un aspecto preocupante y es que las mujeres que se han manifestado y han protestado han sido arrestadas por violar el código moral o secuestradas y obligadas a casarse con uno de los talibanes. Muchas niñas y mujeres están desapareciendo”, revela Maribel Tellado García, portavoz de Amnistía Internacional España.

Persecución a las minorías étnicas

La organización humanitaria Amnistía Internacional (AI) ha publicado un balance que deja un año bajo dominación talibán. En el documento, entre otros asuntos, queda plasmada la persecución contra minorías étnicas que habitan en diferentes regiones del país. Los talibanes, de mayoría pastún, han sido responsabilizados por intimidar a las minorías.

Pocas semanas tras haber llegado al poder el año pasado, AI recibió denuncias de que algunas personas pertenecientes a otros grupos étnicos eran desalojadas de sus casas, para “recompensar” a sus seguidores con tierras arrebatadas a los hazara, turcomanos o uzbecos.

De hecho, la propia ONG tiene registradas denuncias que se relacionan con varias expulsiones alrededor del país, e incluso que un total de 820.000 personas son desplazadas internas para junio de este año, una cifra avalada por las Naciones Unidas. @mundiario

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