Andalucía amplía a 2.317 las mujeres afectadas por los fallos en los cribados

Sede de la Consejería andaluza de Sanidad, Presidencia y Emergencias. / RR. SS.
Esas 2.317 pacientes son aquellas cuyo cribado arrojó hallazgos radiológicos clasificados como no concluyentes.

La cifra crece, y con ella la desconfianza. Andalucía reconoce ahora que son 2.317 las mujeres afectadas por los retrasos en los cribados de cáncer de mama. Detrás de este número —que ya supera ampliamente los “tres o cuatro casos” que en un principio admitió la Junta— hay rostros, familias y diagnósticos que se han demorado más de lo que permite la tranquilidad. El error no es técnico, sino sistémico. Una grieta profunda en un programa que debía salvar vidas y que hoy refleja las carencias estructurales de la sanidad pública andaluza.

El Gobierno de Juan Manuel Moreno asegura que el 76% de las pacientes ya se han sometido a la segunda prueba indicada por los radiólogos, pero la duda persiste: ¿cómo fue posible que un sistema diseñado para detectar precozmente el cáncer de mama fallara de forma tan masiva y silenciosa? La respuesta no parece estar únicamente en los despachos del Hospital Virgen del Rocío, donde se concentran el 90% de los casos, sino en una red sanitaria saturada, con recursos insuficientes y profesionales exhaustos.

Desde que la exconsejera de Salud, Rocío Hernández, ofreciera la primera cifra de 2.000 afectadas, la asociación Amama y otros colectivos de pacientes han reclamado transparencia. Han denunciado que las demoras no son un accidente, sino una consecuencia previsible de la falta de personal y la precariedad en las contrataciones. “Muchas más de 2.000 mujeres”, insiste Ángela Claverol, presidenta de Amama, quien ha rechazado reunirse con el consejero de Salud hasta que la Junta no aclare qué falló y garantice que todas las pacientes han sido atendidas.

Según señala El País, el Ejecutivo andaluz ha intentado responder con un plan de choque que incluye la contratación de 119 profesionales. Sin embargo, el refuerzo ha sido, por ahora, más teórico que real. Los sindicatos advierten que las ofertas temporales —de uno a tres meses de duración— y la falta de incentivos hacen imposible cubrir las plazas. En el Hospital Virgen del Rocío, epicentro del problema, los turnos se doblan y los recursos humanos siguen siendo insuficientes.

Un error que va más allá de las cifras

El número 2.317 no es solo una cifra; es un símbolo de desconfianza. Representa a mujeres que esperaron una llamada que no llegaba, un resultado que tardó más de lo razonable, un sistema que priorizó la gestión sobre la atención. Hablar de “casos” es reducir el impacto humano de una cadena de decisiones que ha comprometido algo más que la salud: la fe en las instituciones públicas.

El Gobierno andaluz insiste en que el 15 de noviembre todas las pacientes del Virgen del Rocío habrán sido revisadas, y que el resto —unas 539 mujeres— lo estarán antes del 30 de noviembre. Pero los plazos no borran el miedo ni el malestar de quienes saben que el cáncer no espera. La demora, aunque sea de semanas, puede cambiarlo todo.

El coste emocional del descuido

El cáncer de mama es una carrera contra el tiempo. Cada día cuenta, cada revisión importa. Y cuando el sistema falla, las consecuencias no se miden solo en diagnósticos tardíos, sino en ansiedad, en desconfianza, en noches de incertidumbre. Las mujeres afectadas no buscan culpables, sino garantías de que esto no volverá a pasar.

Pero la respuesta institucional ha sido burocrática. Comisiones, notas de prensa, reuniones técnicas... Ninguna de ellas ha incluido a Amama, la asociación que más ha visibilizado el problema. Excluir a las pacientes de la comisión de seguimiento del plan de acción es un error político y moral. Si la sanidad pública debe aprender algo de este episodio, es que la participación ciudadana es parte del tratamiento.

Este episodio no es exclusivo de Andalucía, sino un espejo de lo que ocurre en otras comunidades donde los cribados preventivos se ven afectados por la falta de personal y la presión asistencial. El sistema aguanta, pero a costa de quienes menos pueden esperar. @mundiario