¿Esta pandemia podría transformarse en una endemia algún día?

Variante ómicron. Pixabay
Variante ómicron. Pixabay

Durante el último tiempo los términos endemia y estacionalidad están siendo muy utilizados para hacer referencia a la actual pandemia.

 

¿Esta pandemia podría transformarse en una endemia algún día?

Durante el último tiempo —quizá por un deseo colectivo— los términos endemia y estacionalidad están siendo muy utilizados para hacer referencia a la actual pandemia. Asimismo, estas dos palabras, incorrectamente, se asocian con una menor gravedad o con el fin precoz de la enfermedad.

En principio, para poder explicarlos debemos establecer una diferencia entre:

Epidemia: es cuando una enfermedad ocurre en una región específica, con casos muy superiores —a menudo súbitos— a los que se podría esperar en esa área geográfica.

Pandemia: es una epidemia, aunque ocurre en un área mucho más amplia, cruza las fronteras de un país y termina afectando a un gran número de países.

Endemia: es cuando la enfermedad está presente en una población o área geográfica específica de forma recurrente o constante, tiene una alta prevalencia y se hace crónica (un número alto de casos —que no superan lo esperado— de manera continua). Por citar algunos ejemplos, el VIH, además de ser una pandemia, también es endémica en algunas zonas de África; los coronavirus, que producen catarros comunes, por el número elevado de casos a nivel mundial y en cualquier época del año o la malaria, que es endémica en muchos países de África, Asia y América.

No obstante, para poder determinar si la pandemia de la covid-19 será endémica, y al no tener experiencia con un coronavirus, podríamos recurrir al modelo propuesto por la OMS (Organización Mundial de la Salud) para la gripe; en éste y según las fases de la pandemia y su descripción, la covid-19 aún se encuentra en la llamada fase pandémica; este modelo, del año 2005, está basado en las diferentes pandemias de gripe, y fue actualizado en el año 2009 con la denominada gripe A (H1N1), conocida coloquialmente como gripe porcina: por el hecho de que el virus original sufrió una mutación y un salto entre especies —de los cerdos a los humanos—​ para luego iniciar un rápido contagio entre las personas. Según este modelo, luego de las fases 5 y 6 existe una fase inter-pandémica (donde pueden ocurrir eventos recurrentes) y finalmente sigue la fase post-pandémica con una actividad de la enfermedad a niveles estacionales. Vale subrayar, que este modelo podría no ser extrapolable a la pandemia actual —son virus distintos y con diversos comportamientos— lo que hace que su futuro sea incierto, pudiendo, incluso, llegar a incurrir en otros escenarios.

Fases de la pandemia de gripe. Modelo de la OMS
Fases de la pandemia de gripe. / Modelo de la OMS

Asimismo, si partimos de la base de que actualmente existe una disminución sustancial del riesgo de hospitalizaciones y muertes  —producto, principalmente, de las vacunas y de las medidas higiénico sanitarias aplicadas— y de que no tenemos experiencia del comportamiento de un coronavirus de estas características —que primero haya sido epidémico y luego endémico— hace que no sea posible ser contundente en una afirmación, por lo que se transforman más en un deseo. Como otro dato, el coronavirus responsable del MERS (síndrome respiratorio de Oriente Medio) no tiene una transmisión sostenida entre humanos, por lo que no tiene una estacionalidad definida y tampoco ha disminuido su morbilidad o letalidad.

Por otra parte, para hablar de estacionalidad, debe ocurrir que la mayor prevalencia de la enfermedad esté relacionada con una época del año; por ejemplo, la gripe: aunque el virus circula todo el año, el mayor número de casos se produce, generalmente, en invierno, pudiendo tener otro pico al inicio de la primavera. A la vez, existen otros factores que influyen en la transmisión, como son las intervenciones gubernamentales, los ambientales —temperatura y humedad— y los socioculturales o nuestros hábitos —el contacto social y la permanencia en interiores—. De hecho, existe un estudio de los factores meteorológicos y la transmisión del SARS-CoV-2, investigado en 409 ciudades, de 26 países, publicado en Nature Communications donde encontraron poca evidencia de que las condiciones meteorológicas hayan influido en las primeras etapas de las epidemias locales, llegando a la conclusión que el comportamiento de la población y las intervenciones gubernamentales son los factores con más incidencia en la transmisión: estas últimas, son 6 veces más efectivas que la temperatura media; es decir, los efectos ambientales cumplen un rol moderado, mientras que nuestros hábitos y las intervenciones gubernamentales influyen mucho más.

En cuanto al SARS-CoV-2, ha provocado saltos en las hospitalizaciones y muertes en diferentes momentos del año. Por citar dos ejemplos, en Argentina, y tras el primer caso a principios de marzo de 2020, se observaron los mayores picos en agosto, septiembre y octubre de ese año, así como en abril, mayo, junio y julio de 2021; en España, y tras la explosión inicial en la primavera — desde fines de marzo a junio— de 2020, estos se han detectado en meses como octubre y noviembre de 2020; en enero, febrero, abril y julio de 2021.

También, si consideramos una gráfica de los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) donde compara las muertes por covid-19 y gripe, en los últimos años, podremos observar que la influenza, casi matemáticamente, se recrudece alrededor de la semana 50 (casi una vez al año), mientras que este coronavirus tiene un comportamiento más confuso o desordenado.

Muertes por gripe y por covid.  CDC
Muertes por gripe y por covid-19. / CDC

El análisis de esta gráfica nos deja dos evidencias: existen olas de elevado impacto y el SARS-CoV-2, hasta el momento, no genera una enfermedad estacional. Además, si así ocurriera, la estacionalidad, así como el endemismo, no significan que disminuye la gravedad de la misma; por ejemplo, el dengue, la malaria y el Chagas son endémicas en varias zonas del planeta y no por ello dejan de ser enfermedades graves; otro ejemplo, lo es la gripe o influenza. La estacionalidad es más un rótulo o un distintivo, que nos indica la distribución de una enfermedad en una regla del tiempo, sin que esto implique que sea más leve o menos grave. Algo similar sucede con el concepto de endemismo.

A la vez, existe la creencia de que los virus se atenúan con el tiempo; es decir, existe el preconcepto de que estas partículas infecciosas inanimadas evolucionan y coexisten pacíficamente con su hospedador, lo que es criticado por los biólogos evolutivos: las críticas se basan en que la selección natural actúa a nivel del individuo —no existe un pensamiento cooperativo— sin pensar en la especie; a estas partículas no les interesa el hospedador; por ejemplo, en la covid-19, el virus se transmite antes de que el paciente pueda llegar a la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos), por lo que la coexistencia pacífica o la atenuación no es el destino final. Un tema distinto, es la inmunidad lograda a través de las infecciones o de las vacunas, que nos dará la sensación de que la enfermedad es menos mortal que en sus inicios.

Para finalizar, considerando estas definiciones y la evidencia con la que contamos, se puede sugerir que el futuro de la covid-19 es aún incierto o desconocido; podría ocurrir que este coronavirus se transforme en endémico y estacional, aunque la realidad es que no existen datos que puedan ser extrapolados o analizados. Hoy, es más un deseo colectivo. @mundiario

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