Alguien devoró mi pastel

Recreación del cuadro 'La joven de la perla'.
Prefiero renunciar a las relaciones, cuando éstas son costumbre, negocios, burla y jactancia, tratos de favor o la mera razón por la que tener pareja. / Relato literario.

Mi angustia ya tiene sus cauces, sin embargo la realidad es mi nombre y apellidos. Nada puedo recurrir al techo y el alimento, ni al ir y venir de chicos con los que me acosté en sueños. Me resigno a que nadie me corte en pedacitos.

Pero el fraude que ahora me supone el que, por ser bastarda, España me impida las oportunidades, me lleva a tener claro eso del estoicismo.

Aunque la compañía de mis sentimientos me está llenando de cuentos de hadas y suspense... Creo que no alcanzaré esa meta de formar una familia, mi propia familia, a tenor de la erradicación de los modales.

A los hombres les saco el perfil de futuro esposo en diez minutos y ninguno besa mi miedo, ninguno anhela mi conversación; no les presiento romanticismo ni fidelidad, les intuyo inmoralidades como el incesto, la homosexualidad, las drogas... Por mucho que me deseen locamente, creo que me romperán... A pesar de que imagino en la vigilia que me penetran aquellos de los que me enamoro a primera vista...

No puedo parar de llorar porque no tengo medios para volver a nacer. Pero estoy a tiempo de comprar tabaco y escapar por el borde de la autopista.

Soy tan educada que conseguí hace décadas bloquear mi lívido, con lo cual me rompe el alma el alto grado de porquerías que la sociedad se toma por prestigio. Por ello, prefiero renunciar a las relaciones, cuando éstas son costumbre, negocios, burla y jactancia, tratos de favor o la mera razón por la que tener pareja.