Alerta mundial: la azitromicina, de la innovación a la resistencia bacteriana

Persona tomando pastillas. / Pexels
Persona tomando pastillas. / Pexels

La Agencia Europea del Medicamento (EMA) ha iniciado una revisión ante el creciente riesgo, mientras expertos señalan el uso excesivo e indebido del fármaco como principal culpable.

Alerta mundial: la azitromicina, de la innovación a la resistencia bacteriana

El 4 de mayo de 1980 marcó un hito en la medicina mundial cuando el presidente yugoslavo, Josip Broz Tito, era enterrado y, simultáneamente, un equipo de investigadores de la empresa Pliva en Zagreb culminaba el desarrollo de la azitromicina. Este antibiótico, posteriormente adoptado por Pfizer, se convertiría en un pilar esencial en la lucha contra diversas infecciones. Sin embargo, cuatro décadas después, el medicamento se enfrenta a una amenaza inesperada: las resistencias bacterianas.

La Agencia Europea del Medicamento (EMA) anunció recientemente una revisión sobre la azitromicina debido al aumento de resistencias en la Unión Europea. Según José Miguel Cisneros, jefe de Enfermedades Infecciosas en el Hospital Virgen del Rocío (Sevilla), la situación refleja el problema generalizado de resistencias causado por el uso excesivo e indebido del fármaco en todo el mundo.

A pesar de ser una herramienta eficaz durante décadas, la azitromicina enfrenta críticas por su prescripción inadecuada. Maite Jorge Bravo, médico de familia en Valladolid, revela que el 96% de las prescripciones en su área estaban fuera de indicación, contribuyendo al riesgo de resistencias.

La pandemia exacerbó el problema

Durante 2022, se vendieron más de 7,7 millones de cajas de azitromicina solo en España, según datos de Iqvia. La pandemia exacerbó el problema, ya que, en los primeros días, se administraba en hospitales con la esperanza de combatir la Covid-19, a pesar de carecer de beneficios demostrados.

El origen de la azitromicina se remonta a la década de 1980, cuando científicos yugoslavos de Pliva modificaron la eritromicina, creando un fármaco que destacaba por su duración prolongada en el organismo y fácil acceso a los tejidos. La patente, solicitada en 1981 por Pliva, fue clave, ya que la farmacéutica Pfizer optó por asociarse en lugar de competir. La azitromicina se comercializó como Sumamed por Pliva y Zitromax por Pfizer.

La revisión de la EMA y las preocupaciones sobre resistencias plantean interrogantes sobre el futuro de este legado yugoslavo en la medicina mundial. Mientras tanto, la historia de la azitromicina ilustra cómo un avance científico puede convertirse en un arma de doble filo cuando su uso se descontrola. @mundiario

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