En Alemania tuvieron arrestos morales para pedir perdón a las víctimas de la barbarie nazi
La polémica que levantó la beatificación de los 522 católicos que padecieron martirio en la zona republicana, a raíz de la rebelión militar del 36, descolocó a sus promotores.
La polémica que levantó la beatificación de los 522 católicos que padecieron martirio en la zona republicana a raíz de la rebelión militar del 18 de julio de 1936, descolocó a sus promotores. Las justificaciones que ofrecieron orillan los antecedentes del caso y oscurecen la dimensión religiosa del acto.
Los papas Juan XXIII y Pablo VI, sembradores de paz, pararon los expedientes de beatificación que les mandaban desde la reserva espiritual de Occidente porque entendían que no favorecían el cierre de las heridas abiertas por la Guerra Civil, en la que la Iglesia oficial había mostrado su mal lado; pero el combativo Juan Pablo II no lo vio así y las autorizó a porrillo. Veremos si Francisco convence a los cruzados rouquianos de que no basta para salvar la cara y los muebles un difuso reconocer “los errores cometidos en el pasado por sus miembros”, eso exige una petición formal de perdón. De la CEE y sin rodeos.
Hay una consideración de orden religioso que obligaría a sus miembros a no dejar la cosa para la víspera del Juicio Final. Como es sabido, entre las funciones de la Iglesia está la administración del perdón de Dios a los hombres, previamente reconciliados consigo mismo y con el prójimo. Este servicio, muy de agradecer en una sociedad civil proclive a la división, queda bloqueado si a la Iglesia le falta humildad para pedir perdón por haberla azuzado y concedérselo a sus enemigos, sin aguardar a que éstos se lo pidan. Dura ley la de perdonar y solicitar ser perdonado, pero es la ley cristiana.