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MUNDIARIO

EL HUMOR DE PEPE PELAYO

En Afganistán viví una experiencia infecunda, pero alucinante

Diario de mi viaje a ese país, donde impera un serio batiburrillo político y social.

En Afganistán viví una experiencia infecunda, pero alucinante
Un joven afgano. / PP
Un joven afgano. / PP

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Pepe Pelayo

Pepe Pelayo

El autor, PEPE PELAYO, colabora en MUNDIARIO. Es escritor, comediante y estudioso de la teoría y la aplicación del humor cubano-chileno. Se le encuentra en www.pepepelayo.com @mundiario

Día 1.

10:00 – Me recibió un vecino de un conocido mío que conoce al Presidente Kurzai, el cual sólo gobierna en la capital y no porque sea muy capitalista que digamos.

Lo primero que hice fue empaparme en la historia de Afganistán y empaparme de sudor, por no haber ventilador en el hotel.

Aprendí entonces que este país limita hacia fuera con Turkmenistán, Uzbekistán, Tadjiskistán y Pakistán, y limita hacia adentro con otro stán, con Stan Laurel, por ser flacos casi todos sus habitantes.

11:00 – Di una vuelta. No sé por qué se disputan tanto estas tierras, cuando sólo la décima parte de la superficie es productiva. Y esa décima parte es árida y seca, pero produce trigo para el consumo interno, pasas y cannabis (no sé qué es) para exportar.

Y a pesar de lo anterior, Afganistán ha sido arrasada por los aqueménidos, por Alejandro Magno, por los mauryas, persas, griegos, indios, mongoles, ingleses, soviéticos, talibanes y algunos turistas japoneses. Por último, está la invasión de USA. Y hablando de eso, ¿por qué siguen ahí? “Invasión justa, necesaria y noble”, dijo Obama, al recibir ¡el Premio Nobel de la Paz!

19:00 — Atardeciendo, descansé en una aldea y compartí con unos afganos, parece que influyentes, ya que nos brindaron pastel de pasas con cannabis (¡ya sé qué es!) de cena y… je, je… Me di cuenta de que esto es el paraíso… Je, je… ¡Qué lindo estallan los obuses en las montañas!... Je, je… Es preciosa esta arena verde y los camellos rosados voladores…

Día 2.

De 12:00 a 20:00 - Resaca.

A partir de las 20: - Resaca.

Día 3.

Hoy no lo pensé tres veces y seguí recorriendo estas tierras, a pesar de un gran dolor de cabeza. Debe ser por el fuerte olor a sudor de piojo que sale del turbante que me prestó anoche el vecino del conocido mío que conoce a Karzai, para no parecer tan turista.

Mi objetivo aquí es ver cómo le va al Mulá Hebatulá, si es terco como una mulá, con su objetivo de llegar de nuevo al poder total con sus talibanes, aunque para ello protagonice los hechos de sangre que con frecuencia salpican las primeras páginas de los diarios en el mundo.

Pero la verdad es que aquí no se ve nada, sólo desierto, tormentas de arena, movimientos telúricos y algunos animales raquíticos que llevan a sus seres humanos a buscar agua y viceversa. La guerra ocurre siempre a lo lejos. Todos, los ejércitos encabezados por los marines yankees y los talibanes, se ocultan bajo las montañas y a veces los generales de ambos bandos esconden tanto a sus soldados, que hasta se olvidan dónde los dejaron.

16:00 — Encontré una aldea de hombres superpatilludos. También observé seres con ventanillas en las caras (llamados burka afganos), pero no podría asegurar que son mujeres. Pero los hombres dicen que no les importa, porque “el que la burka la encuentra”, como dice un dicho popular de la zona.

Escuché una ametralladora a lo lejos y les pregunté: “¿Cuándo se retiran los americanos?”. “A los 60 ó 65 años, como todo el mundo”, me respondieron sin entenderme bien.

Con los superpatilludos compartimos unas cannabis hasta que, al rato, llegó una persona envuelta totalmente, sin siquiera orificios para mirar o respirar. Recuerdo que la saludé con una palmadita en el trasero, mientras le decía en broma “Hola, Gasparín” y para sorpresa mía, parece que no le gustó la gracia, porque tuvieron que aguantarla entre varios cuando me fue encima, gritándome en su idioma. ¿Algún tipo de tradición? Quizás. Las diferencias culturales son enormes. Bueno, con decir que no conocen al reguetonero Daddy Yanky.

22:00 — Me devolví corriendo muy angustiado al hotel en Kabul y lavé mis penas y el turbante en alcohol.

Día 4.

14:00 – Resaca.

20:00 – Después de comida corrí hacia al aeropuerto y en el trayecto escuché la explosión de un carro bomba. No supe nunca si los responsables eran los muchachos Al Qaeda, o los muchachos de Al Pacino.

“Todo bajo control”, me dijo el vecino del conocido mío que conoce al Presidente.