Adquirir obras sobre invertir en seguridad: un duro golpe para el Louvre y el patrimonio francés
El Museo del Louvre, símbolo cultural de Francia y emblema del arte universal, enfrenta uno de los mayores cuestionamientos de su historia reciente. Un informe del Tribunal de Cuentas de Francia sostiene que la institución ha privilegiado durante años las compras de obras y la promoción de proyectos emblemáticos antes que la inversión en seguridad y mantenimiento, lo que ha dejado al museo en una situación de vulnerabilidad evidente, agudizada tras el robo de las joyas de la Corona napoleónica ocurrido semanas atrás.
El presidente del Tribunal, Pierre Moscovici, fue contundente durante la presentación del informe en París: “El Louvre no es víctima de medios económicos insuficientes. No es víctima de la austeridad, tiene medios importantes”, afirmó. Sin embargo, añadió que existe “una paradoja” en su gestión, ya que, pese a la abundancia de recursos, “la trayectoria financiera a medio plazo es frágil”.
El documento, elaborado antes del espectacular robo, revela que solo el 39% de las salas del museo contaban con cámaras de seguridad en 2024, y que una auditoría de protección iniciada en 2015 ya determinaba que la institución no estaba en capacidades para enfrentar una crisis. El plan de modernización, según el propio museo, no estará completamente implementado hasta 2032, lo que deja casi una década más de margen en un contexto de creciente riesgo. Moscovici advirtió de que el ritmo de mejoras es “insuficiente” y que el asalto a las joyas reales fue “una alarma ensordecedora” sobre las carencias estructurales.
El Louvre ha respondido defendiendo su gestión y asegurando que el informe “desconoce los esfuerzos del museo en materia de seguridad”. Su dirección argumenta que las inversiones deben analizarse en perspectiva de largo plazo y subraya que los desafíos financieros tras la pandemia han sido considerables. No obstante, el informe detalla que entre 2018 y 2024 el museo adquirió 2.754 obras, por un valor de 145 millones de euros, de los cuales 105 millones provinieron de fondos propios, mientras que la seguridad y el mantenimiento quedaron rezagados.
El Tribunal recomienda incluso eliminar la regla estatutaria que obliga a destinar el 20% de los ingresos por entradas a la compra de nuevas obras, proponiendo redirigir esos fondos hacia la renovación de infraestructuras y medidas de protección. Con más de nueve millones de visitantes anuales —el 80% extranjeros— y un edificio histórico que muestra signos de desgaste, el equilibrio entre ambición artística y prudencia operativa se ha vuelto un tema crítico.
El informe también advierte sobre ineficiencias administrativas, retrasos tecnológicos y fraudes en la venta de boletos, así como una dependencia excesiva de los mecenas privados, canalizada a través de la Sociedad de Amigos del Louvre, fundada en 1897. Este modelo, según los auditores, ha fomentado decisiones motivadas por la visibilidad pública antes que por las necesidades de gestión interna.
El presidente Emmanuel Macron anunció a inicios de 2025 el proyecto “Nuevo Renacimiento”, una expansión monumental del museo estimada originalmente en 800 millones de euros y que ahora podría superar los 1.150 millones, según el Tribunal. El plan contempla una nueva entrada y salas adicionales para albergar a la Gioconda, pero no cuenta aún con financiamiento completo ni con estudios técnicos concluidos.
En el mismo informe, la ministra de Cultura Rachida Dati admitió la urgencia de las obras de refuerzo técnico y pidió medidas “rápidas y correctivas”. La actual directora del museo, Laurence des Cars, respaldó la mayoría de las recomendaciones de la auditoría, aunque insistió en que el plan de transformación a largo plazo es “esencial” para abordar los retos estructurales de la institución.
El debate sobre el Louvre ha cobrado fuerza desde el robo de las joyas de Napoleón, valoradas en más de 88 millones de euros, ocurrido a plena luz del día. Cuatro sospechosos han sido detenidos, pero los objetos siguen desaparecidos. El episodio ha puesto en entredicho la capacidad del museo para custodiar el vasto patrimonio que alberga —solo una cuarta parte de sus colecciones está actualmente expuesta al público— y ha dejado al descubierto las tensiones entre el esplendor artístico y la seguridad elemental.
El Louvre, paradigma del patrimonio francés, parece enfrentarse ahora a un dilema propio de su tiempo: entre el brillo del arte y la sombra de la negligencia estructural, entre la búsqueda de relevancia global y la necesidad urgente de proteger lo que ya posee. El informe del Tribunal de Cuentas no solo cuestiona su gestión financiera, sino que plantea una reflexión más profunda sobre cómo el museo más famoso del mundo debe prepararse para custodiar su legado en el siglo XXI. @mundiario