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MUNDIARIO

Se acabó la época de los monzones gratuitos en aquel pueblo

Lo que, por ley humana, dura unos pocos segundos, una vez cada tantos años, no es lógico que ochenta años atrás durara meses, debían estar mintiendo.

Se acabó la época de los monzones gratuitos en aquel pueblo
Fotografía de invierno. / El Central, Colombia.
Fotografía de invierno. / El Central, Colombia.

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Erivan Campos Conde

Erivan Campos Conde

La autora, ERIVAN CAMPOS CONDE, es periodista y colaboradora de MUNDIARIO. Madre, comunicadora, periodista sin periodicidad y en constante batalla con Cronos y las musas. Narradora, aprendiz de poetisa y escritora de anécdotas y realidades chapinas poco mágicas. De vena política. @mundiario

Eran ya tan raros y tan difíciles de presenciar, que cada vez que llegaba por esas tierras un monzón con los vientos del norte y las nubes cargadas de vida, el proceso era más de fotografiarlo o captarlo en video y cargarlo en las redes sociales holográficas.  Los científicos, por su parte, lo apuntaban en sus sistemas de cálculos de fenómenos naturales y comenzaban a estudiar cómo hacer para repetirlos echando mano de la química, metalurgia, atómica o la magia.

Ya solo las dos viejecillas más ancianas del pueblo tenían un vago recuerdo de cómo se sentía la lluvia del verano septentrional sobre el rostro y el cuerpo. Las experiencias de ambas distaban ya de la realidad y diferían una de la otra, tal vez porque las ansias de volver a sentir el olor de la tierra barnizada con los colores vibrantes de la humedad y el pelo largo, mojado y pegado a los brazos, pecho y espalda eran muchas; el deseo iba distorsionando la realidad vivida.

Al inicio les buscaban para escuchar las historias en torno a los recuerdos de las sandalias empapadas y como el granizo caía llamando, por nombre propio, a cada uno de los niños a los patios y las calles, pero parecían ya tan ficticios esos pasajes de las inundaciones y la duración que tenían las aguas celestiales que todos pensaron mentían, causa de la senectud.Lo que, por ley humana, dura unos pocos segundos, una vez cada tantos años, no es lógico que ochenta años atrás durara meses, debían estar mintiendo.

Mientras la vida y los recuerdos se les iban escapando a las dos mujeres, cada vez más jóvenes y adultos trabajaban en las crecientes fábricas de agua hecha con químicos a precios altos, porque como rezaba en el slogan de los vasos comerciales «lo que es bueno no es barato».