Los abuelos son lo único que se ha hecho imprescindible en el mundo actual

Pareja de la tercera edad / Shutterstock
Han aumentado las pensiones más no los pensionistas. / shutterstock

La sociedad de la revolución tecnológica, la que va a Marte y envía sondas a las estrellas, no se concibe sin esos abuelos de los que se ha hecho dependiente.

Los abuelos son lo único que se ha hecho imprescindible en el mundo actual

Resulta que en el mundo donde todo se ha hecho prescindible, donde la gente está siendo sustituida por máquinas, robots y ordenadores, o podrían serlo, aparece una generación de abuelos longevos de la que los padres han pasado a ser dependientes y los niños adictos. Para los nietos son una referencia de adulto que no necesita decorarse o ponerse anillos en la nariz, unas personas con menos ansias de diversión y felicidad porque sienten que dicha felicidad se la aportan ellos, y en todo caso, por muy perfectos que sean los padres, los abuelos tienen más tiempo libre, están más descansados porque respetan más los horarios, dan  consejos basados en la experiencia y hasta educan para contrarrestar la hiperpaternidad tan de moda en los padres que se inauguran en la función despues de los cuarenta y con hijo único.

Esos abuelos, de los que hay una gran demanda, son un bién escaso y si faltan el niño se sentirá marginado porque él no tiene abuelos y los demás si, él irá en autobús y los demás irán de la mano. A los demás le concederán los caprichos y a él no. Quizás algún día habrá abuelos adoptivos y se ofrecerán matrimonios de abuelos para llevar niños a los colegios, a las actividades, y para aplaudirles todas las gracias mientras sus padres trabajan. Dificil será para las niñeras y guarderías de amplios horarios competir con alguien con experiencia, con ética y moral a la antigua usanza, un antídoto a la falta de rumbo actual, a la sociedad de las urgencias y de la búsqueda de la felicidad en extraños lugares y circunstancias, una referencia en las familias rotas y recompuestas varias veces pero de las que siempre permanecen los abuelos. Ellos son los que enseñan a los niños a ser felices con las pequeñas cosas como ellos lo son por estar con sus nietos.

Logicamente estamos hablando de España porque en otros países las costumbres son muy diferentes. Con la excepción de Italia, los hijos se independizan mucho antes, se casan antes o no, pero tienen mayor índice de natalidad, no tienen el paro ni las dificultades económicas que hay aquí, los horarios de trabajo ni se parecen, y el estado ayuda a las familias que tienen hijos, siendo España con sus 24€ por hijo la cola del pelotón donde nos gana hasta Portugal. De las 55-68 semanas de baja remunerada de Suecia o las 46-56 de Noruega, ni nos aproximamos con nuestras 16, y aunque salga adelante los proyectos de Ciudadanos para incrementarlo a 26, quedamos lejos de esos países que, todo hay que decirlo, son más ricos. En Francia por ejemplo, las guardería son hasta los 6 años y hay ayudas hasta de baby-sitter, y múltiples campamentos municipales para sus períodos de vacaciones.

Con todo, nada sustituye a los abuelos como la opción mejor si las condiciones lo hacen factible, lo que no siempre es fácil. Los abuelos son hoy por hoy la referencia y, porqué no decirlo, la salvación de los divorciados y divorciadas con hijos, aún con empleo los dos, porque el tema económico también pesa, algo que deberían tener en cuenta los políticos a la hora de fijar las pensiones. Todo lo expuesto es sin generalizar, una realidad que no impide ni menoscaba la importancia de los padres, solo realza las de los abuelos que es lo que toca hoy.

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