Buscar

MUNDIARIO

La abogacía, una profesión humana

La abogacía es una profesión en la que es imprescindible la presencia de las humanidades. En un mundo que prima la tecnificación y la hiperespecialización debemos promoverlas.
La abogacía, una profesión humana
Dama de la justicia. / Sang Hyun Cho en Pixabay
Dama de la justicia. / Sang Hyun Cho en Pixabay

Firma

José Ignacio Herce

José Ignacio Herce

El autor, JOSÉ IGNACIO HERCE, es abogado en ejercicio, colegiado en el Colegio de Abogados de Madrid, y profesor de Derecho Administrativo en la Universidade da Coruña (UDC). También es colaborador de MUNDIARIO e investigador asociado en Ius Publicum Innovatio (spin-off de la UDC). @mundiario

Resulta sorprendente mirar en derredor nuestro y comprobar que vivimos totalmente dependientes de la tecnología y sometidos a la especialización. Por ello nuestro día a día ha cambiado lo queramos o no. Nos relacionamos de manera distinta con los demás y muchas de las profesiones tradicionales están sufriendo una revolución. Creo que la hiperespecialización y la necesidad de tecnología, en ocasiones, nos distancia de la verdadera cercanía que necesitamos para tener una visión amplia de los problemas y saber resolverlos. 

Aunque me considero un optimista en lo que respecta a las tecnologías digitales y considero que pueden ser de mucha ayuda en nuestra vida personal y profesional, no podemos negar que con ellas se han planteado nuevos problemas. Muchos de ellos se relacionan con la privacidad y el trato humano personal. Eric Fromm los llamó, hace más de treinta años, defectos patogénicos de la sociedad tecnológica.

Las tecnologías digitales, tan implantadas en la actualidad, deben comprenderse como un instrumento a nuestro servicio destinado a promover y fomentar la dignidad de la persona humana. Una tecnología que deshumaniza al hombre, o un mal uso de ella, en mi opinión, no puede considerarse positiva para el bien común.

De la misma manera que especializarse en un área concreta del Derecho no implica que desconozcamos una visión general del Ordenamiento jurídico o no tengamos inquietudes más allá del mero ejercicio profesional. La especialización no impide tener juicio crítico o una visión omnicomprensiva de la realidad jurídica.

En ocasiones he visto que algunos abogados se deshumanizan. Ya sea a la hora de estudiar el caso, ya sea a la hora de tratar con el cliente. Para algunos parecen un número en una base de datos. Obviamente no todos son así, conozco a muchos abogados que se dejan día a día sudor y lágrimas por cada cliente y su problema. Pero el problema existe. 

Creo que en parte esta deshumanización se debe a la excesiva confianza en las tecnologías digitales y a que, en ocasiones, se olvida la vertiente humana del Derecho.  Esto último se soluciona con el retorno a las humanidades que tanto nos acercan a al realidad de la persona.

Decía el famoso jurista Ángel Ossorio que Los abogados valemos más por lo que conocemos de la vida que por lo que sabemos de leyes. Esta frase en buena medida es cierta ya que el Derecho versa sobre la realidad humana y en nuestras relaciones nos encontramos con infinidad de matices, muchos de ellos complejos. Sabemos que la lógica mecanizada, la automatización y la hiperespecialización no nos sirven para conocer del todo la realidad concreta ni interpretar, siempre, de modo justo las normas jurídicas.

En virtud de lo anterior el abogado del siglo XXI tiene que desenvolverse en un entorno hiperespecializado y digital pero no debe olvidar las raíces humanas de su profesión. Antes de que en con el Imperio Romano se transfomara el ius en lex en la antigua Roma el jurista, llamado jurisconsulto, como un médico diagnosticaba y elaboraba un tratamiento concreto para un problema particular y real. Esta es la visión que creo que se ha perdido con el abuso de la tecnología y la excesiva especialización.

El jurisconsulto romano se aproximaba a la realidad y formulaba su consejo técnico atendiendo a los aspectos concretos del problema. Sabemos todos los que nos dedicamos a la abogacía que no hay un expediente igual a otro y que más allá del papel hay una realidad y una historia humana. Detrás de cada papel suele haber un problema y siempre debemos tenerlo en cuenta.

Decía Gironella cómo un abogado tiene algo de médico y algo de confesor siempre y cuando ejerciera la profesión con una recta intención. Esta frase tiene mucha razón. Por ello el abogado ve la auténtica realidad humana. Virtudes y vicios. Solidaridad y egoísmo. Justicia e injusticia. Verdades y mentiras.

Ante todas estas realidades el algoritmo se queda manifiestamente corto y la hiperespecialización demanda una vuelta al logos de lo humano. Debemos confiar en que el abogado del futuro volverá a las raíces esenciales de su profesión y también tendrá amplitud jurídica a la hora de enfrentarse a un problema concreto.

El abogado además de saber Derecho ha de ser inquieto, tener espíritu crítico, firmes valores, empatía e inteligencia emocional, firmeza de carácter, seguridad en sí mismo. Debe conocer el arte, la literatura, la actualidad. Ser una persona ordenada.Precisamente esta formación humanística se proyecta inmediatamente en su formación como persona, en sus relaciones con terceros y con clientes, en sus escritos y actuaciones orales.

Independientemente de lo anterior, lo más importante es que le otorga una visión amplia y capacidad para comprender al otro como persona en su problema jurídico particular, que siempre es para él un mundo. Nuccio Ordine, por ejemplo, ha defendido siempre la -utilidad de lo inútil-.

Todos estos elementos humanos que, en mi opinión, han de estar presentes en el abogado ejerciente cultivan a la persona y la ayudan a tener una amplitud de miras que es necesaria para comprender y ayudar al otro, al cliente. Todo ello por supuesto como colaborador de la Justicia y en su búsqueda en el problema jurídico concreto.

Por ello creo que los abogados debemos apoyarnos en las tecnologías digitales y especializarnos en un mundo de leyes desbocadas, pero no olvidarnos nunca de los elementos más importantes de nuestra profesión (¡el saber jurídico como el valor en la mili, se nos supone!), la lucha por el Derecho, la formación humanística y, sobre todo, la humanidad. Abogados, compañeros, no perdamos nuca el logos de lo humano. @mundiario