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El abandono hunde en el olvido la 'carballeira' del histórico Banquete de Conxo de 1856

Un viejo puente semiderruido, un río Sar contaminado, un cenador de madera podrido y una artística verja de hierro componen una dolorosa estampa al sur de Santiago de Compostela... 

El abandono hunde en el olvido la 'carballeira' del histórico Banquete de Conxo de 1856
El Belvedere de Conxo, en Santiago, sobre el río Sar / Quique Alvarellos
El Belvedere de Conxo, en Santiago, sobre el río Sar / Quique Alvarellos

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Quique Alvarellos

Quique Alvarellos

Periodista y editor. Columnista de MUNDIARIO.

Un viejo puente semiderruido, un río Sar contaminado, un cenador de madera podrido y una artística verja de hierro —conocida como el Belvedere (“Bella vista”— componen una dolorosa estampa al sur de Santiago de Compostela. Es el entorno donde se celebraría el Banquete de Conxo en 1856.

 

Las cosas importantes se tratan sentados a una mesa. En un almuerzo. Sobre todo en Galicia. Así fue en el Banquete de Conxo, el domingo 2 de marzo de un lejano 1856. Aquel día, bajo la leyenda “Orden y fraternidad”, un centenar de estudiantes y otros tantos artesanos se sentaron juntos a la mesa en un lugar que las crónicas citan como “A carballeira de Conxo”, al sur de Santiago de Compostela.  Aquel acto, celebrado en el décimo aniversario de los Mártires de Carral (la fracasada sublevación de militares gallegos contra el dictador Narváez, que acabó en fusilamiento de todos ellos), aquel Banquete de Conxo supuso, como decimos, un hito en la revitalización política y cultural de Galicia. Una de esas… llamémosle “piedras fundacionales” de nuestra historia moderna.

Cuento esto porque el histórico barrio de Conxo, donde vivo desde hay case diez años, celebró estos días sus fiestas. Y su Centro Sociocultural organizó la edición número 28 de la Semana Cultural. El Centro lleva el nombre de un gran (y olvidado) poeta compostelano: Aurelio Aguirre (1833-1858). Aguirre había sido, junto con Eduardo Pondal, una de las estrellas de aquel Banquete de 1856.

La pasada semana participé en un recital de poemas inéditos de Aurelio Aguirre, a cargo de la actriz María Inés Cuadrado. Versos que integrarán un libro en el que estoy a trabajar como editor, y que, con la colaboración del Consorcio de Santiago, verá la luz en otoño. Al final del recital se acercó a mí una vecina de Conxo: “Mi abuelo fue uno de los invitados al Banquete de Conxo –me revela–. Siempre hablaba en casa de aquel acto. Decía que allí se había juntado gente muy importante de Santiago”. Consciente de la importancia del dato que me estaba proporcionando le pido a la señora, Isaura Santos Gómez, el nombre completo de su abuelo: “José Gómez Nogueira. Era cantero. De la aldea de Torrente”. Datos de una microhistoria que nos permiten ir componiendo el puzzle de nuestra macrohistoria.

Esto fue el miércoles 11. El sábado 14, el Centro Sociocultural organizó una visita botánica a los jardines del sanatorio psiquiátrico, al espacio natural que desciende desde el antiguo monasterio hasta el río Sar. Mi idea era averiguar donde pudo haberse celebrado el Banquete de Conxo. Y pienso que acerté con el sitio aproximado. Hoy está en unas condiciones lamentables. Entre las obras de canalización del futuro colector del Sar y la dejadez total de la zona. Sobreviven un grupo de robles centenarios. En su entorno, un viejo puente de piedra semiderruido, un cenador de madera podrido y una artística verja de hierro que Julio Noia, el director del Centro, rapidamente me identifica como el Belvedere, así conocido en el lugar (la palabra procede del latín “bel-videre” o sea “bella vista”).

En estos pocos metros cuadrados puede estar oculta esa historia única del Banquete y la vieja carballeira de Conxo. No tendríamos perdón si no somos capaces de hacer dignificar este lugar.