La enorme losa del localismo se crece y divide en Galicia, donde teje envidias

Sequía por cambio climático / Archivo
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El localismo siempre choca contra el bien común. Anula todo sentimiento de confraternidad y extrae de muchas gentes de buena fe instintos insolidarios, basados en medias verdades o en mentiras completas.
La enorme losa del localismo se crece y divide en Galicia, donde teje envidias

En la pasada noche de San Juan tendríamos que haber quemado, en el fuego purificador, una de las losas más castradoras de países como Galicia. Una carencia que atrofia nuestro bienestar: el localismo. Un localista defiende su lugar, ciudad o aldea negando siempre el otro lugar que tiene cerca y que considera causante de sus problemas. Pero luego sucede que ese mismo localista suele dar mucho crédito al lugar, ciudad o aldea, que le toca lejos. Este ya no es amenaza sino ejemplo a seguir, motivo de ensalzamiento.

A un localista vigués le escuece A Coruña, y viceversa. Pero non le pasaría nada si la  comparativa fuese Madrid, Zaragoza o Bilbao. Esto pasa en las ciudades y también en las villas. Es el histórico sentimiento del “Villarriba contra Villabajo” que por supuesto no es exclusivo de Galicia, pero sí tiene aquí abundante parroquia.

Toda esta actitud localista es un concepto directamente emparentado con otro más reciente que llamamos el “cosmopaletismo”. Los más grandes localistas, esos que parecen quedarse sin oxígeno cuando tienen que reconocer las idoneidades del otro lugar que les toca de cerca, son también unos grandes cosmopaletos. Esto ya ha devenido en toda una clase social.

Todos os que han viajado a Cancún pero jamás han recorrido, por ejemplo, la Península de San Vicente do Grove; los que han subido a los Alpes pero no se han acercado siquiera al Teixedal de Casaio o a la Lagoa da Serpe; que han ruteado por Florencia (que  no es visita nada mala, ojo), pero que no se han tomado la molestia de conocer o perderse por los laberintos empedrados del casco histórico de Tui o de Mondoñedo… Localismo y cosmopaletismo van siempre unidos.

La manifestación que la pasada semana movilizó en Vigo a unas 5.000 personas para defender el aeropuerto de Peinador y atacar de paso o los otros aeropuertos de Galicia fue una evidente y lamentable demostración del más rancio localismo. Una convocatoria del Ayuntamiento llena de mensajes nada edificantes para el bien común de todos los gallegos.

Porque el localismo siempre choca contra el bien común. Anula todo sentimiento de confraternidad y extrae de muchas gentes de buena fe instintos insolidarios, basados en medias verdades o en mentiras completas. Y va tejiendo una malla de envidias y de divisiones.

Por mucha lumbre limpiadora que haya habido en la noche de las hogueras seguro que no ha sido suficiente para fundir esa enorme ancla que nos ha estado amarrando en la historia a la precariedad y a la mediocridad. El día que la soltemos, empezaremos a caminar.

La enorme losa del localismo se crece y divide en Galicia, donde teje envidias
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