8 de diciembre, mitos, hechos y leyenda de la Infantería española

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El batallón Zamora hoy.

El 2 de abril de 1846, el segundo batallón del Regimiento Zamora 8, de paso hacia Valladolid, se alzó en Lugo, al mando del comandante Solís, en defensa de la Constitución.

8 de diciembre, mitos, hechos y leyenda de la Infantería española

La historia militar es, en cualquier caso, una parte de la historia global, que debe ser reconocida y estudiada como lo que es, un fenómeno más de la evolución de la sociedad. Un fenómeno que requiere un análisis intelectual sin apriorismo patriotero, pero sin aprensiones antimilitaristas.

En 1587, el conde de Leicester, que mandaba las fuerzas de la reina Isabel de Inglaterra escribía a Lord Burghely, expresando los temores que le despertaba la amenaza de una invasión por los veteranos de Flandes, a quienes calificaba literalmente como "los mejores soldados de la Cristiandad". Este escrito ha sido repetidamente citado y recogido por los historiadores del apasionante periodo que cierra el siglo XVI en Europa. El conocido hispanista J.H. Elliot, en su libro "La España Imperial 1469-1716” (Barcelona. Vicens-Vives, edición de 1982) dice de nuestros viejos Tercios de Infantería: "Esta formación dominó los campos de batalla de Europa durante más de un siglo, y su éxito total contribuyó a reforzar la confianza en sí misma como fuerza militar que era, y se sabía, la mejor del mundo".

La Infantería y la diplomacia fueron las dos herramientas esenciales de la política de Fernando el Católico primero y de los Habsburgo después. Entre la gran victoria de Pavía y la derrota de Rocroi, se empareda una etapa esencial de la historia moderna de Europa en la que la Infantería española será reconocida como "reina indiscutible de las batallas". Ni una sola de las naciones de Europa dejará de conocer el temple de aquellos soldados hidalgos capaces de vencer a suecos, holandeses, franceses e ingleses, uno tras otro o al mismo tiempo.

En este tiempo nuestro, iconoclasta y vergonzante, quizá extrañe este recuerdo. Pero cada 8 de diciembre la Infantería celebra a su patrona la virgen Inmaculada. La unidad que, a caballo entre la leyenda y la historia, ganó para la Infantería toda tal patronazgo está entre nosotros, aunque menguada y reducido a un simbólico único batallón de un regimiento matriz que no posee su abolengo.

El Regimiento de Infantería Zamora 8, levantado como Tercio de Bobadilla en la ciudad de Zamora el 30 de abril de 1580, no es otra cosa que uno de los tres batallones (dos de ellos, en Asturias) con que cuenta el Regimiento de Infantería Isabel la Católica número 29, de la Brigada de Infantería Ligera Aerotransportable. Está en Figueirido, en Pontevedra.  El Isabel la Católica es una unidad de antes de ayer, en la que sobresalen sus acciones en las lamentables guerras civiles, desde su fundación el pasado siglo, a partir de un batallón de reserva levantado en Cáceres en 1872.

Una curiosa leyenda

Estando de guarnición y cercado en los Países Bajos, en la isla de Bommel, un soldado del Tercio de Bobadilla (que tal era el apellido de su maestre de campo, el conde de Puñoenrostro) halló en su trinchera una tabla de la Inmaculada, bajo cuya protección se puso el Tercio, atribuyéndose a la intervención celestial la torna de la suerte y que los refuerzos permitieran romper el cerco y evacuar a los sitiados. Más recientemente, el pasado siglo, se extendió el patronazgo a la Infantería toda.

Para los gallegos, además de que miles de ellos han pasado por sus filas, por la tradicional vinculación del Zamora 8 a nosotros (ha tenido sus cuarteles en Ferrol, A Coruña, Lugo y Ourense, hasta su disolución en 1987), tiene otra significación especial: El 2 de abril de 1846, el segundo batallón de este histórico regimiento, que se encontraba de paso hacia Valladolid, se alza en la plaza mayor de Lugo, al mando del comandante Solís, en defensa de la Constitución. Varios de los venerados mártires de Carral, símbolo y referencia del nacimiento del moderno galleguismo, eran oficiales del Zamora 8, quienes, concluida la gloriosa intentona de reponer al país en la senda del progreso y el liberalismo, pagarán con sus vidas la arriesgada apuesta.

 

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Los mártires de Carral.

 

El interés por la historia

Desde el interés y atracción por la historia, en su conjunto, hemos de reconocer a los "Tercios" el relevante papel que jugaron en la construcción de la Europa de aquel tiempo.

El Zamora 8, el viejo Tercio de Bobadilla, que hoy recordamos, escribió con la punta de sus picas los grandes nombres de la geografía de Europa. Desde Olivenza a Lisboa; desde Gravé, Venloo, Nuy o Calé hasta Maastritch, desde Arrás a Dunkerque; desde Lindenburg a Dieste, desde Aquisgrán a Breda.

Los soldados de la católica España eran de todo, menos castos. De modo que las esposas de los soldados casados podían seguirlos en las campañas. Para los demás, se dispuso de “entre cuatro y ocho putas por cada cien soldados”. Estas hetairas llevaban el pelo corto. Ningún soldado podía pasar la noche entera con ninguna de ellas, ni menos “emputarse”, es decir, establecer una relación permanente. Estas duras mujeres eran, a veces, hasta auxiliares ayudas en los asedios. En la marcha iban en la vanguardia, como abriendo el camino. A medida que la disciplina se iba relajando, su número aumentaba. Se las llamó “mujeres de la bulla”. Fingían ser lavanderas y en las acampadas vivían en barracas, no lejos de la unidad. Desde luego.

Somos lo que somos y somos parte de lo que fuimos. Y nuestra Infantería fue la reina de las batallas. Eso jamás dejará de ser.

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