2020, el año que nos robó los abrazos

Abrazo grupal. / Pexels
Abrazo grupal. / Pexels
2020 se lleva muchas almas, pero no ha matado  la esperanza. Hemos aprendido mucho, el liderazgo se lleva adentro, la comunicación es un bien preciado, valoramos la tecnología que nos ha mantenido unidos, trabajando o aprendiendo, buscando espacios de tiempo para acortar distancias.
2020, el año que nos robó los abrazos

Hemos asistido a guerras, catástrofes naturales, pandemias como la peste negra, la viruela, la gripe española, la peste bubónica, el sarampión, el tifus, el cólera, la gripe rusa, la gripe A. Millones de fallecidos en el transcurso de una vida prestada en la que el tiempo es un regalo. Es ley de vida.

La muerte no conoce las fronteras del dolor, deja un vacío que la templanza ayuda a sobrellevar; pero siempre trae desolación. La Covid-19 pasará a la historia como la pandemia que se llevó los abrazos, apagó los besos, nos trajo soledad, confinamiento y una infinita tristeza por no arropar nuestros muertos, por partidas sin despedida, por lágrimas ahogadas en casa, sin hombros en los que llorar. Nos robó las risas y las sonrisas.

#Saldremos más fuertes

Decían "#Saldremos más fuertes", ilusiones, utopías, estamos llenos de debilidad. Gélidas predicciones porque seguimos muriendo por egoísmo, por no guardar la distancia necesaria para no hacer daño a otros, por incrédulos, altaneros ante un virus que muta, se disfraza y se cuela en el aire arrancando vidas. También sufrimos la politización de la crisis, un caos interminable de medidas que al no ser cumplidas caen en saco roto. Naufragamos en medio de un Titanic económico que ha llevado a la marginación de miles de familias, paro, depresión, suicidio....nos roba el sueño, no conoce el perdón.

Familias como la mía, viviendo al límite para llegar a fin de mes. Un año difícil, moralmente indigerible. 2020, un número redondo en el que hemos querido bajarnos del tren de la desesperación ante un virus insaciable roba vidas, danza de la muerte que saca a bailar a cualquier edad. Salido de un laboratorio o no, de animales consumidos, creciente por el mundo sin control va.

Indignación

Mucha tristeza, carga emocional, llanto... Indignación. El año en que no besamos, tocamos, abrazamos. Justo lo prohibido es más apetecido. La pandemia del desamor, como una película de horror, en la que aún es impredescible ver el final del túnel.

Según  Estatista, a 23 de diciembre de 2020, apróximadamente 1,7 millones de personas habían fallecido a nivel mundial a consecuencia de la Covid-19. "Mientras que en Asia, continente en el que se originó el brote, la cifra de muertes asciende hasta el momento a unas 298.000, los decesos en Europa superan más de 200.000 personas. En concreto, se han registrado en torno a 515.000 muertes por el coronavirus en el Viejo Continente"... Y para qué recordar las cifras en Brasil, México y EE UU. Dolor, mucho dolor.

Pero hay que seguir luchando e indudablemente el mayor de los bienes es el amor: se transfigura cuando cada médico logra salvar una vida, cuando nos resistimos a ir de fiesta para evitar contagios, cuando renunciamos a un abrazo o un beso de amor, cuando escondemos las sonrisas y el carmín debajo de las mascarillas. Ya lo dice la Biblia, aunque respeto a los que no creen, pero es una verdad simple para vivir "la fe, la esperanza y el amor", pero el mayor tesoro es el ultimo.

2020 se lleva muchas almas, pero no ha matado  la esperanza. Hemos aprendido mucho, el liderazgo se lleva adentro, la comunicación es un bien preciado, valoramos la tecnología que nos ha mantenido unidos, trabajando o aprendiendo, buscando espacios de tiempo para acortar distancias. Los whatsapp de motivación,  los periódicos compartidos, la creatividad sin límites para dar, comprar, amar. La música generosa de quienes inundaron de ilusión el corazón, los aplausos, las calles vacías, la Cibeles esperando salir a bailar.... Así transcurrió el año y llegó la Navidad, teñida de sombras, con luces sin iluminación, tenemos apretado el corazón. Si no aprendemos es simplemente porque no queremos.

Lecciones del silencio

El silencio nos ha dado lecciones, nos hemos visto obligados a sacar fuerzas del interior confinados en el amor propio. Nos acordamos de Dios y su omnipotencia, el ateo pregunta dónde está? , el creyente reza sin cesar porque quién ha escapado a la tragedia? Todos padecemos las consecuencias. Unos más que otros, no hay piedad.

La Covid entró en mi casa, hablé con ella, tuve miedo, son flaquezas... Pero pasó por mis manos sin contagiarme, la fuerza del amor de madre podía más que el coronavirus. Sí, en la vida hay pequeños milagros, lo esencial es invisible a los ojos.  2020, el año del amor virtual, queda poco para que te marches ya. Hemos vivido intensamente en desasosiego y soledad, ruina económica y mortandad. Vete ya!

2021 tráenos luz, esperanza y renacimiento. Devuélvenos el carmín de los labios, las risas, los abrazos, trabajos dignos y sacia nuestra sed de amor, las ganas de tocarnos y revolcar el amor hasta saciarnos bajo la luna llena. @mundiario

2020, el año que nos robó los abrazos