Tres de cada cinco tumores hepáticos se deben a causas prevenibles
El cáncer de hígado no solo mata: también se esconde. Se desarrolla en un órgano silencioso, con síntomas casi invisibles y con un estigma que lo vincula automáticamente al alcoholismo o al castigo merecido por “malas decisiones”. Pero la realidad es más compleja, más incómoda y, sobre todo, más evitable de lo que parece. Porque lo más alarmante no es solo que su incidencia se dispare: es que tres de cada cinco casos se deben a causas prevenibles. Y, pese a ello, seguimos sin actuar con la urgencia que la amenaza merece.
Según advierte un grupo de científicos este lunes en la prestigiosa revista médica The Lancet, el número de nuevos diagnósticos de cáncer de hígado pasará de 870.000 en 2022 a 1,52 millones en 2050. Esta proyección, demoledora, podría cambiar de rumbo si se atacan con decisión los factores de riesgo evitables: el hígado graso vinculado a la disfunción metabólica, el consumo de alcohol y los virus de la hepatitis B y C. Todos ellos conocidos, diagnosticables y, en muchos casos, controlables. Pero siguen ahí, campando a sus anchas, mientras se construye una catástrofe sanitaria evitable.
Hablar de prevención implica más que campañas superficiales. Implica educación, acceso, políticas fiscales y, sobre todo, una mirada sin prejuicios. La obesidad, el alcohol, el sedentarismo, el hígado graso o las hepatitis no son únicamente problemas médicos: son reflejo de un modelo social y sanitario que no prioriza la salud pública. Que sigue centrado en curar lo que pudo haberse evitado. Y mientras tanto, las cifras crecen.
La doctora María Reig, una de las voces más relevantes en oncología hepática en Europa, lo resume con claridad al diario El País: este es uno de los tumores más difíciles de tratar. No solo por su naturaleza biológica, sino por el silencio que lo rodea. Las personas que lo padecen no siempre son escuchadas. Ni antes del diagnóstico, ni durante la enfermedad, ni después. Porque en el imaginario colectivo, el cáncer de hígado sigue asociado a estilos de vida “culpables”. Como si merecerlo fuera parte del diagnóstico.
Llamamiento a romper el estigma
A este tumor no solo hay que combatirlo con medicamentos. Hay que darle voz. Y para ello es esencial abandonar el lenguaje moralizante que lo acompaña. Hablar de “factores poco saludables” es apuntar con el dedo. Hablar de “factores modificables” es abrir una puerta. A la prevención, a la detección temprana, a la empatía. Porque mientras se estigmatiza al paciente, se deja de hablar del problema real: la falta de acción efectiva.
El 60% de los casos podrían evitarse. ¿Qué más necesitamos para movilizarnos? Quizá comprender que lo prevenible no es sinónimo de lo evitado. Que saber no es hacer. Que contar con vacunas contra la hepatitis B o con tratamientos eficaces contra la C no basta si no se garantiza el acceso universal y se refuerzan los programas de cribado.
Prevención: mucho más que una palabra
Hay margen de mejora. Desde aumentar la edad media del primer consumo de alcohol —que en España empieza a los 14 años— hasta frenar el avance de la enfermedad por hígado graso, que ya afecta a uno de cada tres adultos. Esta dolencia, silenciosa y poco diagnosticada, puede derivar en cirrosis o cáncer en sus formas más graves. Pero también es reversible si se detecta a tiempo. Y para eso se necesitan recursos, voluntad política y un enfoque integral: desde la dieta mediterránea hasta la incorporación de fármacos innovadores que ya están demostrando efectos positivos en la inflamación hepática.
Las cifras de The Lancet no son una predicción apocalíptica. Son una alerta fundada. Porque si no se hace nada, millones de personas serán diagnosticadas y morirán por un tumor que hoy podría prevenirse. Pero si se actúa con decisión, hasta 17 millones de diagnósticos y 15 millones de muertes podrían evitarse. El reto está claro. La pregunta es: ¿responderá la sociedad, la política y el sistema sanitario a la altura del desafío? @mundiario