Melatonina, la hormona de moda que promete sueño y vende ilusiones

Un hombre se toma una pastilla para dormir. / RR. SS.
Cada vez más personas recurren a la melatonina para dormir mejor, pero los expertos alertan: no es tan inocua ni mágica.

Dormir bien se ha convertido en un lujo contemporáneo. En una sociedad que vive acelerada, iluminada por pantallas y desbordada por la ansiedad, el descanso parece un bien en extinción. En medio de esta epidemia de insomnio, una sustancia se ha alzado como el nuevo elixir del sueño: la melatonina. La hormona que el cuerpo produce de forma natural para regular el ciclo circadiano ahora se vende en cápsulas, gominolas o sprays, y promete recuperar el equilibrio perdido. Pero, ¿de verdad funciona? ¿O es solo otro espejismo del mercado del bienestar?

Un estudio realizado en Estados Unidos reveló que el consumo de suplementos de melatonina se disparó entre 1999 y 2018 en todos los grupos demográficos. Y aunque en España no existen datos oficiales, expertos consultados por El País confirman que el fenómeno va en la misma dirección. “Hoy es raro que un paciente llegue a una Unidad del Sueño sin haberla probado”, reconoce la neurofisióloga Elena Urrestarazu, de la Clínica Universidad de Navarra. Lo alarmante, añade, es que muchos continúan tomándola, aunque no noten beneficios.

La paradoja es clara: la melatonina, llamada “hormona del sueño”, no nació para hacer dormir, sino para sincronizar los relojes internos del cuerpo con la luz y la oscuridad. Es decir, no induce el sueño directamente, sino que avisa al organismo de cuándo debería dormirse. El problema surge cuando se convierte en un atajo, en una pastilla de conveniencia que promete compensar los malos hábitos que nos roban el descanso: cenas tardías, pantallas brillantes o el estrés constante.

Las farmacéuticas y la industria de los suplementos no han tardado en ver el filón. En España, la melatonina solo se considera un fármaco cuando su dosis supera los 2 mg, lo que permite que decenas de productos se vendan como “complementos alimenticios” sin receta. Así, basta con un clic o una visita al supermercado para comprarla, alimentando la falsa idea de que, al ser “natural”, es completamente segura.

¿Para qué sirve realmente la melatonina?

Lejos de ser un somnífero universal, su uso está indicado principalmente para trastornos del ritmo circadiano: jet lag, trabajos por turnos o el síndrome de retraso de fase, común entre adolescentes. En estos casos, ayuda a reprogramar el reloj biológico y ajustar los horarios de sueño y vigilia. En cambio, su efectividad frente al insomnio común en adultos sanos es mucho más limitada.

Según Urrestarazu, solo ha mostrado resultados modestos en mayores de 55 años, un grupo en el que la producción natural de melatonina disminuye con la edad. “No se trata de una píldora mágica. Es una herramienta que, usada mal, puede desajustar aún más el reloj interno”, advierte.

El peligro de la automedicación

El verdadero riesgo no está tanto en la sustancia en sí, sino en cómo se consume. Un estudio publicado en 2023 analizó 25 suplementos vendidos en EE. UU. y descubrió que el 88% contenía dosis distintas a las indicadas en la etiqueta. Algunos, incluso, ni siquiera tenían melatonina. “Hay quienes temen tomar un fármaco con efectos secundarios, pero se comen tres gominolas sin dudarlo”, ironiza Urrestarazu.

Los efectos adversos, aunque poco frecuentes, existen: cefaleas, mareos, náuseas, pesadillas e incluso alteraciones del estado de ánimo. La melatonina no genera dependencia, pero puede alterar el ritmo natural si se toma a destiempo o sin supervisión médica.

Cuándo y cómo tomarla

El momento de la toma es crucial. No siempre debe ingerirse antes de dormir, ya que depende del tipo de trastorno y de si la melatonina es de liberación rápida o prolongada. Los especialistas en sueño combinan su uso con la exposición a la luz natural en horarios específicos para reajustar el reloj biológico. Sin esa sincronización, el remedio puede convertirse en el problema.

Ahora bien, antes de recurrir a la melatonina, los expertos coinciden en un consejo básico: revisar los hábitos de sueño. Dormir bien empieza mucho antes de cerrar los ojos. Implica exponerse a la luz del sol por la mañana, reducir las pantallas por la noche, mantener horarios regulares y cuidar la alimentación. Ningún suplemento puede reemplazar esas rutinas. @mundiario