La industria del suplemento. Cuando la bioquímica se convierte en marketing

Dos frascos de suplementos futurista con un diseño moderno y minimalista. / MundiStyle.
Vivimos en la era de la nutrición “a la carta”. Cápsulas para dormir mejor, para concentrarse, para ser más feliz o para “optimizar el cerebro”.
En el mercado ya podemos encontrar de todo.  Cápsulas para dormir mejor, para concentrarse, para ser más feliz o para “optimizar el cerebro”. Vitaminas, aminoácidos, minerales y, más recientemente, incluso supuestos neurotransmisores en forma de suplemento. Todo parece indicar que basta con ingerir la molécula adecuada para corregir cualquier disfunción fisiológica o psicológica. La cuestión clave es que la biología no funciona así.

Suplementar sin Déficit: Una Solución sin Problema

Desde el punto de vista médico y fisiológico, la suplementación sólo tiene sentido cuando existe un déficit objetivable, ya sea analítico, clínico o funcional. En ausencia de ese déficit, la mayoría de suplementos no solo no aportan beneficio, sino que pueden ser inútiles, redundantes o incluso contraproducentes. El organismo humano no es un contenedor vacío esperando ser rellenado. Es un sistema autorregulado, con mecanismos de absorción, transporte, almacenamiento y excreción extremadamente precisos.

Cuando no existe déficit, las vitaminas hidrosolubles (como la vitamina C o muchas del grupo B) se eliminan por orina., las liposolubles (A, D, E, K) pueden acumularse y generar toxicidad y los aminoácidos se desaminan, se convierten en energía o se excretan como urea. En otras palabras... Ingerir no equivale a utilizar.

El Error Conceptual: Confundir Nutrición con Farmacología

Gran parte del éxito del suplemento se basa en una confusión deliberada: Asumir que una molécula aislada tiene el mismo impacto que un fármaco. Además, la regulación legal permite que estos productos lleguen al mercado en mucho menos tiempo, y con un menor control sanitario, que los llamados "medicamentos".

Así, los fármacos actúan porque tienen una diana específica, superan barreras biológicas, alcanzan concentraciones terapéuticas y están diseñados para modificar una función concreta. La mayoría de suplementos no cumple ninguno de estos criterios.

Aminoácidos: Precursores no son Efectos

Estamos en un periodo donde los aminoácidos se ha puesto de moda. Esto es debido a que se publicita que son precursores de neurotransmisores. Por ejemplo, el Triptófano es el precursor de la Serotonina, la Tirosina, de la Dopamina, de la Norepinefrina y de la Adrenalina. el caso es que nadie hace alusión a las rutas metabólicas necesarias para generar estas moléculas. Por ejemplo, la Tirosina (aminoácido precursor de la dopamina), también lo es de la Melanina. Sí... la molécula que da color a la piel, pelo, etc... Así que tengan cuidado en cómo tratar la información.

Que una molécula sea precursora no implica que su ingesta aumente el neurotransmisor correspondiente. La síntesis depende de enzimas limitantes, cofactores, estado metabólico, regulación neuronal y sobre todo, de la necesidad fisiológica.

El Sistema Nervioso no funciona por Saturación, sino por Regulación

En la actualidad ha ido tomando una inusitada fuerza un gran bulo: Ingerir neurotransmisores. Aquí entramos en el terreno directamente pseudocientífico.

En el mercado existen productos que afirman contener GABA, Serotonina, Dopamina, Acetilcolina, Oxitocina, etc... La idea implícita es sencilla… y falsa: “Si me falta X en el cerebro, lo tomo y listo”. Pero ¿Por qué no funciona? Uno de los factores más importantes es la barrera hematoencefálica: La mayoría de los neurotransmisores no atraviesan esta barrera. El cerebro está aislado químicamente del resto del organismo por razones de supervivencia.

Al margen tenemos el factor de la digestión y metabolismo. Ingeridos por vía oral, estos compuestos se degradan en el tracto digestivo, se metabolizan en hígado y nunca llegan intactos al sistema nervioso central. Todo ello se basa en una falsa correlación: Un bajo nivel funcional de un neurotransmisor no implica que falte la molécula, sino que falta liberación, falta sensibilidad del receptor, hay un desequilibrio en el circuito o existe una regulación adaptativa.

En definitiva, el cerebro no es un vaso que se rellena, sino una red que se activa. Dormir, moverse, pensar, interactuar, resolver problemas, experimentar estrés o placer… eso es lo que activa las cadenas neurotransmisoras, no una cápsula. Por ello, pretender modificar la función cerebral mediante la ingestión directa de neurotransmisores de síntesis es equivalente a echar gasolina sobre el capó esperando que el coche funcione mejor.

Conclusión

La suplementación indiscriminada responde más a una necesidad psicológica de control que a una necesidad biológica real. En ausencia de déficit diagnosticado, no optimiza, no corrige, no mejora y a menudo engaña. La fisiología humana no necesita atajos, necesita criterio y la neurociencia, menos marketing y más comprensión de sistemas.

Neurofactores: La Clave Funcional

La función cerebral depende de diferentes neurofactores. Es decir, de la activación coordinada y ponderada de sistemas neuronales. Aquí es donde entra un concepto fundamental: El cerebro mantiene una liberación neurotransmisora latente y continua, incluso en reposo. Esta actividad basal prepara los sistemas para reaccionar ante estímulos y mantener el equilibrio fisiológico. Así, cuando se perciben estímulos, se producen cambios dinámicos en la intensidad y combinaciones de neurotransmisores.

Cada persona posee una configuración neurofactorial única, determinada por genética, experiencias previas y hábitos. Esto explica por qué dos personas pueden reaccionar de manera distinta ante el mismo estímulo, o por qué la misma intervención (ejercicio, dieta, meditación) genera resultados diferentes. @mundiario