El impacto del calor en el sueño: un problema que va en aumento
Según datos del Observatorio de la Sostenibilidad, las noches tórridas en España, aquellas en las que la temperatura no baja de los 25 grados, se han quintuplicado en comparación con la media histórica entre 1991 y 2020. El año pasado se registraron 240 noches tórridas, frente a las 179 del 2022. Además, las noches tropicales, con temperaturas superiores a 20 grados, alcanzaron un récord de 1.786 en 2023, incrementándose notablemente respecto a las 1.511 de 2022.
Un estudio de 2021 ya alertaba sobre los peligros de estas noches calurosas para la salud, indicando un aumento del 16% en la mortalidad por causas respiratorias o cardiovasculares cuando las temperaturas nocturnas superan los 25 grados. El impacto sobre el sueño también es considerable. Una revisión sistemática realizada por ISGlobal Barcelona y publicada en junio de 2023 concluye que las altas temperaturas se asocian con un sueño más corto y de menor calidad en todo el mundo.
La relación entre el calor y la dificultad para dormir es fisiológica. La coordinadora del Grupo de Estudio de Trastornos de Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología (SEN), Ana Fernández Arcos, explica que la somnolencia y el inicio del sueño coinciden con un descenso de la temperatura corporal. Las altas temperaturas interfieren en este proceso, dificultando tanto la conciliación como el mantenimiento del sueño, debido a la incomodidad física, la sudoración y la deshidratación.
Este problema no afecta a todos por igual. Los grupos más vulnerables son las personas mayores, los niños pequeños, quienes tienen enfermedades crónicas y aquellos con trastornos del sueño preexistentes. Además, los determinantes sociales juegan un papel crucial: las personas y países con menores ingresos tienen menos acceso a medidas adaptativas como el aire acondicionado, aumentando su exposición a los efectos negativos del calor.
¿Cómo mitigar el calor?
Las expertas consultadas recomiendan el uso de aire acondicionado y ventiladores de techo, pero con precauciones. El aire acondicionado debe usarse para preparar la habitación antes de dormir y ajustarse a no menos de 25 grados para evitar efectos adversos. Además, se sugieren medidas como mantener las ventanas y persianas cerradas durante el día, utilizar ropa y sábanas de materiales ligeros, y tomar duchas templadas antes de acostarse.
La portavoz de la SEN, María José Martínez Madrid, añade otras estrategias como priorizar cenas ligeras, evitar el consumo de alcohol y mantener una buena hidratación durante el día. También es aconsejable evitar el uso de dispositivos electrónicos en la cama y no automedicarse.
Desde ISGlobal Barcelona se subraya la necesidad de que las administraciones públicas implementen medidas adaptativas, especialmente en los barrios más desfavorecidos. Propuestas como aumentar los espacios verdes, mejorar los sistemas de aislamiento y ventilación de los edificios, y utilizar soluciones de construcción pasiva pueden ser eficaces para mitigar el impacto del calor nocturno en la población. @mundiario