De la cafeína a los estimulantes: la presión académica y sus excesos
Las bibliotecas y cafeterías se llenan de estudiantes cuando se acerca la temporada de exámenes. Entre apuntes y portátiles, también abundan las tazas de café y latas de bebidas energéticas. "Yo noté que estaba más estresado, me costaba mucho hacer las cosas", cuenta Ángel Zaragoza, estudiante de Farmacia en la Universidad Complutense de Madrid a El País. Para muchos, la carga académica se vuelve abrumadora, llevándolos a buscar soluciones rápidas para combatir el cansancio.
El consumo de estimulantes no es una novedad en el entorno universitario. Aunque la mayoría de los estudiantes consultados niega el uso de fármacos para estudiar, existen testimonios que sugieren lo contrario. "Yo no, pero tengo amigos que sí", es una frase recurrente. Los medicamentos más utilizados en este contexto son el metilfenidato y las anfetaminas, sustancias destinadas al tratamiento del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), pero cuyo uso se ha extendido a quienes buscan mejorar su concentración y rendimiento.
Investigaciones en países como Canadá y Australia han revelado un aumento en el consumo de estos fármacos entre estudiantes universitarios. Sin embargo, los expertos advierten sobre sus riesgos. "El consumo de estas sustancias nunca es inocuo", señala Lucía Hipólito, catedrática de Farmacia en la Universidad de Valencia. Además de posibles efectos adversos como insomnio, ansiedad y alteraciones cardiacas, el uso prolongado puede generar tolerancia, lo que lleva a un consumo cada vez mayor.
Drogas inteligentes
En España, la Encuesta Europea de Salud de 2020 reveló que un 6,83% de la población de 15 años o más ha consumido medicamentos sin receta en las últimas dos semanas. Sin embargo, no hay datos claros sobre cuántos estudiantes se automedican para mejorar su rendimiento académico. Aun así, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha reforzado la fiscalización de la venta ilegal de estos productos, especialmente en plataformas digitales y en la deep web.
Los especialistas enfatizan que no existen "drogas inteligentes" que optimicen el funcionamiento cerebral sin consecuencias. "Los fármacos no son inteligentes. Es una terminología que desde luego científica no es y tampoco es real", afirma Juan Carlos Leza, catedrático de Farmacología de la UCM.
La alternativa a estos métodos extremos pasa por estrategias más saludables: una buena alimentación, ejercicio físico, meditación y hábitos de estudio estructurados pueden marcar la diferencia en el rendimiento académico sin poner en riesgo la salud. @mundiario