Adicción y memoria: el alcoholismo y sus raíces neurológicas
En su último estudio, Olivia Laing se adentra en el complejo mundo del alcoholismo, un trastorno que no solo afecta al cuerpo, sino que deja huellas profundas en el cerebro. Laing, apoyada por expertos como el doctor Petros Levounis, destaca la existencia de lo que este especialista denomina el "interruptor cerebral". Este mecanismo, situado en el núcleo accumbens, se activa al consumir alcohol, desencadenando una serie de procesos relacionados con el placer y la recompensa.
El núcleo accumbens, encargado de convertir la voluntad en acción, juega un papel clave en el desarrollo de la adicción. Según Levounis, la predisposición genética, junto con factores sociales y psicológicos, crean un cóctel peligroso que facilita la dependencia al alcohol. A medida que el consumo aumenta, el cerebro intenta contrarrestar los efectos del alcohol estimulando la producción de dopamina, el neurotransmisor responsable de la sensación de placer. Este desequilibrio químico genera un círculo vicioso de dependencia, ya que al dejar de beber, el cuerpo experimenta una "erupción de ansiedad", resultado de la descompensación de su red neuronal.
El daño del alcohol en el hipocampo
Este deterioro cognitivo también ha sido objeto de estudio en el campo de la literatura. El oftalmólogo turcoamericano Zeynel Karcioglu, especialista en la obra de Tennessee Williams, ha sugerido que el alcoholismo del célebre dramaturgo influyó en la manera en que sus personajes se expresaban. Karcioglu plantea que la afasia, o dificultad para completar frases, presente en personajes de obras como La gata sobre el tejado de zinc, podría reflejar los propios efectos del alcohol en el cerebro de Williams. Este fenómeno, según el especialista, se relaciona directamente con el daño que el alcohol causa en el hipocampo, la región responsable de la memoria.
El alcohol, al interferir en la creación de nuevos recuerdos, sumerge a quienes lo consumen en un presente perpetuo. Como diría el filósofo Wittgenstein, este "eterno presente" se convierte en una forma de vida para el alcohólico, siempre que mantenga un acceso constante a la bebida. En el caso de Williams, este "camino a Echo Spring", en referencia a una marca de bourbon y el nombre del armario donde sus personajes escondían el licor, se traduce en un intento desesperado por preservar esa efímera sensación de control sobre el tiempo.
Así, las investigaciones de Laing no solo ayudan a entender el impacto neurológico del alcoholismo, sino también cómo este trastorno ha dejado su marca en la literatura y en la vida de uno de los dramaturgos más influyentes del siglo XX. @mundiario