Ocaso del glamour balneario, el caso de Mondariz y la Toja

Gran Hotel La Toja
Gran Hotel La Toja. / HGgT

Ocurre en esta Galicia de brillos turísticos de alpaca que observa cómo se apaga este icono histórico de su termalismo de lujo, símbolo de los fastos sociales y políticos.

Ocaso del glamour balneario, el caso de Mondariz y la Toja

Ahora que van y vienen noticias sobre cierres o ventas hoteleras -la última, puntualmente desmentida, en Mondariz- hemos de quedarnos con una tangible tendencia, esta sí: la del ocaso en Galicia de los dos más glamurosos hoteles de origen y oferta balnearia, los dos Gran Hotel ubicados en la provincia de Pontevedra, la misma, vaya, de los dos máximos responsables del turismo gallego en la actualidad...

Ocurre en esta Galicia de brillos turísticos de alpaca que observa cómo se apaga este icono histórico de su termalismo, el símbolo de los fastos sociales y políticos en torno al ocio de salud (como disculpa) de un siglo atrás, de la misma manera que la comunidad del señor Feijóo perdió sus cajas de ahorro, el poder financiero autónomo, por un puñado de euros...

De la misma manera que otro icono del turismo de calidad, también de raíz balnearia pero más marcadamente eclético, el lujo y el glamur que representa el complejo La Toja, lleva unos cuantos trienios esmorencendo cual dama decrépita, arruinada en compañía vampiresca...

La Toja ya no compite y aquellos brillos de antaño en Mondariz los apagaron los humos del incendio de 1973, es cierto, las ruinas del histórico Gran Hotel (diseñado un siglo antes por Antonio Palacios) y de su solar, permanecen ahí a modo de testigos de la primera tragedia.

Pero cuando en 2005 se inauguró este nuevo hotel, complementado con el palacio del agua (uno de los mejores spa de España), un campo de golf de 18 hoyos y cuidados equipamientos, las cartas parecían marcadas para que Mondariz Balneario se relanzara como un lugar al sol del alojamiento selecto para el disfrute de los saludables beneficios de los manantiales de Gándara y Troncoso.

Punto de encuentro de la alta sociedad española

Lo recibimos como nuevo signo de los tiempos modernos, el sucedáneo acreditado con sello de modernidad respecto de los tiempos de ceremonia y distinción que lo habían convertido el en un punto de encuentro de la alta sociedad española de la primera mitad del siglo XX. Pongo en relieve en la revista HGgT que en esta segunda etapa no llegó a tanto, tampoco ese tanto es el modelo de este siglo, pero sí un sello de primera referencia en el sector.

Gobernantes con mando en plaza, la realeza, financieros internacionales, la intelectualidad y el arte... De Mondariz era asidua visitante anual doña Emilia de Pardo Bazán, cuyo centenario (de su muerte) se cumple el 12 de mayo que viene.

Agenda e itinerario estaban indefectiblemente preestablecidos por la poliédrica escritora, feminista y aristócrata coruñesa-madrileña: alto en el camino en Pontevedra para compartir tertulia con Perfecto Feijóo, adalid de la música folclórica gallega -se dice que su Loro Ravachol reconocía a la condesa por su nombre, y a saber por qué más y, cargadas las pilas de su galleguismo folklórico y otras anécdotas urbanas, seguir viaje hacia las reconfortantes aguas que puso en categoría un galeguista sí comprometido, Enrique Peinador. Y entre burbuja y burbuja... la recapitulación de lo recopilado en el atrio de A Peregrina: el germen de una de sus novelas realistas, Una Cristiana-La Prueba, ambientada en Pontevedra y su ría.

La espada de Damocles se blande de nuevo, precisamente, en el año de doña Emilia. A saber qué será, será... Ocurre en las tierras del Tea, ante las narices, contemplativas o impotentes, de las dos máximas autoridades del turismo autonómico y provincial, y la favorecida Abanca, la acreedora. Es
que, como decía un facha ourensano, candidato en las primeras elecciones transicionales (cuando los apresamientos pesqueros de Marruecos)… ya no nos respeta, ni el Moro... @mundiario

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