¿Había miedo en el Supremo a que los jueces belgas rechazaran las euroórdenes?

Fachada del Tribunal Supremo. / Archivo
Fachada del Tribunal Supremo. / Mundiario

Catalunya vivirá su cita electoral del próximo día 21 de modo absolutamente excepcional. Nunca en los tiempos contemporáneos se ha dado en Catalunya o en el resto del Estado una convocatoria electoral con tal ilegitimidad de origen y tal falta de garantías democráticas.

¿Había miedo en el Supremo a que los jueces belgas rechazaran las euroórdenes?

El 27-O el Parlament aprobó la declaración de la República catalana, pero enseguida se vio que la declaración era sólo simbólico-política. Nadie hizo nada por implementar en el orden práctico esta declaración política. Esa misma tarde, el Gobierno del Estado disolvía la Cámara catalana, convocando elecciones para el 21-D, y cesaba el Govern. Eran medidas que vulneraban absolutamente el marco del artículo 155 de la Constitución, que permite intensas medidas de intervención del autogobierno, pero nunca la anulación del propio autogobierno. Sin embargo, las Instituciones catalanas asumieron su cese sin reaccionar con medidas de desobediencia pacífica.

De todos modos, el fallecido fiscal general instaba querella contra de los miembros del cesado Govern ante la Audiencia Nacional (AN) por unos inexistentes delitos de rebelión y sedición (no hubo violencia alguna en ningún momento y este elemento es esencial para que se den estos dos delitos) y la magistrada Lamela envió al vicepresidente Junqueras y a todos los consellers a la cárcel, como había hecho días antes con los Jordis. Al tiempo, dictaba una orden europea de detención contra Puigdemont y los miembros del Govern que permanecían con él en  Bélgica.

Más tarde, el Tribunal Supremo (TS), que instruía la querella contra  la Mesa del Parlament, acumuló las dos investigaciones de la AN que tenían por investigados a los miembros del Govern y a los Jordis. Y retuvo en la cárcel a los propios Jordis, al vicepresidente Junqueras y al conseller de Interior, J. Forn, por considerar que éstos podrían reincidir en conductas delictivas violentas. ¿Dónde vio el magistrado Llanera esa violencia en las semanas pasadas?

Pero lo  verdaderamente llamativo fue la retirada, por el mismo magistrado instructor del TS, de la euroorden de detención emitida contra  Puigdemont y  los otros consellers transeúntes. Parece que las supuestas gravísimas conductas que mantienen Junqueras, Forn y a los Jordis en la cárcel no deben ser perseguidas, a pesar de todo, fuera del Estado español. ¿Había miedo en el TS a que los jueces belgas rechazaran las euroórdenes?

Catalunya vive unas elecciones ilegítimas en su origen y desarrolladas hasta ahora con grave merma de las esenciales garantías democráticas, con los principales candidatos de ERC y Junts por Catalunya en la càrcel o en el exilio. Hay presos políticos y se palpa la idea, no ceñida exclusivamente al ámbito catalán, de que los dueños del chiringuito, los que mueven el tripartito dinástico, romperán las reglas de juego siempre que les convenga. @mundiario

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