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La vuelta de la democracia es un objetivo irrenunciable dentro y fuera de Venezuela

La UE tiene en su mano la oportunidad de contribuir a una solución que haga posible la alternancia democrática en un país que fue estable y rico y que ahora se ve inmerso en la pobreza, en ausencia de libertades políticas. España tampoco puede ser ajena a este proceso. / Editorial de MUNDIARIO
La vuelta de la democracia es un objetivo irrenunciable dentro y fuera de Venezuela
Asamblea Nacional de Venezuela. / RR SS
Asamblea Nacional de Venezuela. / RR SS

Redacción

Análisis de @mundiario

Hoy son muchos los venezolanos que dudan entre seguir los postulados de Juan Guaidó, que rechaza participar en unas elecciones parlamentarias que considera amañadas por Nicolás Maduro, o de asumir las posiciones de Henrique Capriles, que quiere luchar por ganar en las urnas, si se dan ciertas condiciones. Pero la clave de fondo no está en el rostro de la oposición sino en la vuelta a la democracia, a ser posible sin el chavismo en el Gobierno.

Juan Guaidó sigue siendo el presidente de la Asamblea Nacional y el presidente reconocido por más de 50 países, entre ellos España, mientras que Henrique Capriles Radonski es un líder que está resurgiendo luego de años inhabilitado y con ideas un tanto audaces. Habrá que esperar y observar qué ocurre en las próximas semanas. Lo peor sería que, como ocurrió en años anteriores, los líderes opositores de Venezuela no alcancen un acuerdo común y cada uno lleve su propia agenda.

La clave es evitar el totalitarismo

La vuelta de la democracia es, pues, un objetivo irrenunciable dentro y fuera de Venezuela, y la Unión Europea tiene en su mano la oportunidad de contribuir a una solución que haga posible la alternancia democrática en un país que fue estable y rico y que ahora se ve inmerso en la pobreza en ausencia de libertades políticas. España tampoco puede ser ajena a este proceso, ya que Venezuela se asoma a una encrucijada para evitar la instauración del totalitarismo.

El conflicto político que vive Venezuela desde hace al menos 22 años tomó un nuevo matiz tras la decisión del régimen de Nicolás Maduro de liberar al menos a un centenar de presos políticos y, al mismo tiempo, abrir la puerta para una observación internacional de la Unión Europea, en el marco de unos comicios previstos para el 6 de diciembre y que fueron rechazados por una parte importante de la oposición democrática.

Un avance insuficiente

La flexibilización de Maduro con los perseguidos políticos de su régimen deriva de los acuerdos con Henrique Capriles Radonski, quien vuelve al escenario político para liderar un sector de la oposición que apuesta por el escenario electoral. No incluye, eso sí, a las figuras emblemáticas: Juan Guaidó, presidente interino reconocido internacionalmente; Julio Borges, ex presidente de la Asamblea Nacional, y Leopoldo López, refugiado en la Embajada de España en Caracas, tras haber estado preso.

La elección de la nueva Asamblea Nacional, convocada por el CNE afecto al régimen -por ahora, en condiciones desfavorables-, significa una posibilidad para una salida democrática a la paralización económica, social y política en que han sumido a la nación caribeña Nicolás Maduro y sus aliados. Ahora bien, esta liberación de todos los presos políticos significa un punto positivo y además es vista desde la comunidad internacional como una condición esencial para acudir al proceso electoral convocado por Maduro. Sin embargo, en las manos de la oposición democrática está el que este nuevo intento por buscar una salida a la crisis llegue a buen término, con el retorno de la democracia a Venezuela. Sobre esa base, Capriles ya dijo que su primordial interés es acceder a las elecciones por cualquier rendija que se abra.

El factor Capriles

El rol de Henrique Capriles como un nuevo outsider de la política más radical del sector de Guaidó se muestra como una estrategia que permitiría drenar la presión extrema que podría recaer sobre el llamado Gobierno interino si su política de asfixia, sanciones e intentos de negociación con el sector militar del país -para minar el apoyo de esa jerarquía a Maduro-, llega a fracasar.

En el caso de la vía electoral, la plataforma del ex candidato presidencial en combinación con la veeduría de la Unión Europea, dada su histórica transparencia y experiencia en el campo de las elecciones, funcionará como un contrapeso sobre el esquema logístico del régimen chavista, que concentra el monopolio de los votos e influencias en el CNE para obtener una ventaja estadística y aritmética artificial, es decir, montada con premeditación en toda la infraestructura de votación del árbitro electoral, pues el sistema político-financiero clientelar del régimen de Maduro distribuye sus rentas y prebendas a la cúpula administrativa de la autoridad electoral, cuyos máximos funcionarios tienen nexos ideológicos, partidistas, políticos y financieros de larga data con el chavismo.

Capriles puede funcionar como una pieza clave en el tablero para reducir las probabilidades de una mayoría parlamentaria absoluta del chavismo y así minimizar un poco el radicalismo de la oposición para que no quede expuesta ante la comunidad internacional como una oposición belicista o suicida.

El factor político interno de Capriles y el externo de Guaidó podrían ser un doble flanco con el que se logre exponer más al régimen de Maduro como un monopolio que debe ser desplazado por la supervivencia del sistema de vida venezolano, menguado por la crisis económica y social. No debería descartarse un posible binomio entre ambos líderes como una estrategia de renovación de la desgastada oposición venezolana.

No obstante, todos los actores políticos deberían centrarse en torno a esta nueva oportunidad superponiendo los intereses de un país arrastrado a la miseria, dando de esta manera mayor legitimidad y concurriendo en un solo bloque que apalanque el nuevo escenario planteado. El sector liderado por Guaidó no debería ser una piedra de tranca, al igual que el pequeño espacio radical que ha logrado sostener María Corina Machado, quien defiende la arriesgada estrategia de una intervención diplomática-humanitaria bajo el principio internacional de la 'Responsabilidad de Proteger', amparado por Naciones Unidas, con Estados Unidos a la cabeza de una coalición multinacional que pueda persuadir a Maduro de entregar el poder.

La hora de la Unión Europea

Todo esto podría concretarse si, como lo ha planteado Capriles, los ojos de la Unión Europea no se limitan a la celebración estricta de los comicios. La misión debe ir más allá y ser extensiva a todo el proceso desde el principio, con un informe previo de Bruselas que desmenuce si las condiciones necesarias se darán para el 6 de diciembre.

Algo está claro: son los propios venezolanos quienes tienen que elegir y decidir su nueva Asamblea Nacional. Pero no es menos cierto que la comunidad internacional, que ha respaldado desde todos los ámbitos a Venezuela -incluyendo la trágica crisis migratoria de miles de venezolanos forzados a abandonar su país-, debe seguir atenta para que este nuevo proceso se despliegue bajo las máximas condiciones de credibilidad, libertad, transparencia, igualdad de condiciones y respeto a elegir. No es la primera vez que se le exige al régimen condiciones electorales en libertad, con transparencia, pero es fundamental que el mundo brinde su respaldo para la vuelta a la normalidad de las instituciones y la democracia en Venezuela. @mundiario