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Cuando todas las voces se alzan contra Vox

En poco más de un año, el partido de Abascal se ha convertido en la gran amenaza de los partidos tradicionales.

Cuando todas las voces se alzan contra Vox
Santiago Abascal, de Vox.
Santiago Abascal, de Vox.

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Fernando Cueto

Fernando Cueto

El autor, FERNANDO CUETO, es colaborador de MUNDIARIO. Publicitario, consultor, escritor y bloguero. @mundiario

Desde que irrumpió en el panorama político, la formación dirigida por Abascal ha recibido el desprecio, cuando no ataques directos, del resto de los partidos nacionales y autonómicos. Sin embargo, una parte de la ciudadanía le muestra su apoyo en cada elección, en cada encuesta que se hace.

Hoy Vox, un partido todavía minoritario, es el gran enemigo a abatir. Supone el anatema, un demonio acusado de fascista (algo que la izquierda también amplía al PP y Cs regularmente), entendiendo este término como la descalificación de moda, puesto que ideológicamente poco tiene que ver con un movimiento con el que únicamente comparte un fuerte componente nacionalista. Y aún así, a pesar de las agresiones programadas, su base de simpatizantes, ha conseguido un crece día a día.

Hace un año tenía tan solo 5.000 afiliados y hoy supera los 30.000; obtuvo el 10.97%, casi 400.000 votos, en las últimas elecciones andaluzas, convirtiéndose en la clave para formar gobierno, y su mensaje parece calar hondo en una juventud harta de un sistema tambaleante. Su avance preocupa porque es un partido que no solo aglutina a los convencidos, sino que le están dando su apoyo votantes de la derecha, del centro derecha e incluso -y esto es menos sorprendente de lo que parece- de la izquierda radical.

Es sabido que en tiempos convulsos la idea del nacionalismo extremo supone una enorme atracción para las clases sociales más castigadas. La historia nos lo ha demostrado con creces e invariablemente se repiten los mismos errores del pasado. Para ser justos hay que señalar que su concepción radical del estado no es distinta de la que tienen ERC o el PdeCat para Cataluña o el PNV para el País Vasco, por eso resulta curioso que, mientras que a estos se le reconoce una aspiración legítima, a VOX se le acusa una y otra vez de extremismo peligroso, algo que conviene al resto de los partidos para camuflar sus propias carencias. 

La escena política española está llena de mentiras e intransigencias porque al pueblo se le hace más fácil pensar con las vísceras que con la cabeza, y así asistimos a una rueda continua de falsedades que acaban por conformar un pensamiento superficial pero efectivo. 

Los extremos causan alarma y no hay duda de que Vox se sitúa en uno de ellos, pero mientras esta formación crece, los partidos del extremo contrario, el que está situado a la izquierda del PSOE, decrecen en apoyos y la única manera que han encontrado para hacerle frente es atacarlo con más fiereza, convocando manifestaciones en su contra y descalificando a sus votantes. Cuanto más gritan, más apoyos obtiene Vox; cuanto más duro es el mensaje, más personas se sienten ofendidas y reaccionan con las tripas preparándose para la batalla.

Como la aldea gala que resiste al invasor, Abascal y los suyos ya no tienen nada que perder y sí mucho que ganar. Saben que sus enemigos le están haciendo la campaña electoral y se relamen con las encuestas que les sitúan en posiciones jamás soñadas. Han pedido a sus simpatizantes donaciones por valor de un millón de euros para que su mensaje llegue hasta el último rincón de España. Con la estrategia actual de sus rivales, el impacto de esa cifra puede multiplicarse por seis. Los responsables deberían reflexionar sobre esto. @mundiario