Podemos y la figura de Pablo Iglesias han sido volatilizados mediáticamente

Pablo Iglesias y Alberto Garzón. / publico.es
Pablo Iglesias y Alberto Garzón. / publico.es

Es inmoral que un partido como Podemos haya sido tan dependiente del escaparatismo de los medios de comunicación y ahora haya sido volatilizado tras las elecciones.

Podemos y la figura de Pablo Iglesias han sido volatilizados mediáticamente

Podemos morirá de éxito. Su dependencia mediática y cibernáutica se tradujo en unos resultados electorales decepcionantes. El problema es que, desde la directiva y los círculos, se ha producido una clase de bajón moral que se expresa en una repentina desaparición mediática de sus líderes. Está claro que Pablo Iglesias era un catalizador de audiencias, pero sospechosamente esa capacidad para atraer a telespectadores se ha convertido en una clase de mal mayor, donde el espectáculo ha devorado al catecismo político que Podemos necesitaba para llamar al voto de la izquierda y de centro izquierda.

Una mitificación del líder y un productivo merchandising han desembocado en la constatación de que no basta el icono, sino un debate realista de los asuntos políticos. A Podemos le ha podido el idealismo y esa vaciedad del lenguaje que tanto caracteriza también a la derecha, pero la derecha tiene su lógica, sus adeptos, sus filias, sus fobias. La derecha tiene contenido, conflicto, detractores, corruptos, diputaciones, legado, objetivos. A Podemos le falta chicha y me preocupa su volatilidad; es un síntoma de la posmodernidad más enfermiza. Podemos puede ser una moda, una efímera pose contra la casta. Ciudadanos no le va a la zaga.

Podemos y la figura de Pablo Iglesias han sido volatilizados mediáticamente
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