Entre Vistalegre II con Pablo Iglesias y la caja mágica de Mariano Rajoy

Mariano Rajoy y Pablo Iglesias. / Mundiario
Mariano Rajoy y Pablo Iglesias. / Mundiario

Para entender la caja mágica de Mariano Rajoy tenemos que partir de la idea de que no gobiernan solos. Según Enric Juliana, el PSOE es gestionado por un comité invisible que se mueve al margen de la militancia y de su propia gestora.

Entre Vistalegre II con Pablo Iglesias y la caja mágica de Mariano Rajoy

Si bien en el 18º Congreso del Partido Popular varios compromisarios denunciaron un supuesto pucherazo, vinculado al resultado de una enmienda sobre la acumulación de cargos impediría la reelección de María Dolores de Cospedal como Secretaria General, en el mainstream el mensaje es claro: Podemos ha apostado por ocupar solo el espacio de la izquierda y tendrá problemas para gestionar su pluralidad interna. Muchos olvidan que en Madrid tuvo lugar un congreso a la búlgara y otro que, con unos prolegómenos quizás demasiado ruidosos, transparentó la mayoría de unos debates que cualquier ciudadano pudo seguirlo por streaming. Ninguna lectura de lo que pasó este fin de semana es inocente, tampoco sobre lo que pasó en esa caja mágica que procuró blanquear la imagen del partido de la derecha española. Luego hablaremos de ella.

El resultado de Vislategre II rompe con el relato de la normalización de la crisis. El debate sobre la gobernabilidad del Estado postró las aspiraciones de cambio, ya que la famosa yincana electoral que nos atravesó entre el 20-D y el 26-J fue una fábrica de desafección del electorado progresista, especialmente fuerte en lo que Jaime Miquel denominó espacio de ruptura. Que la operación de chapa y pintura del Régimen del 78 estaba en marcha era evidente, y tuvo tres episodios fundamentales. El primero consistió en que tras unas elecciones europeas en donde el PP y el PSOE estuvieron por debajo del umbral del 50% de votos, tuvo lugar la abdicación de Juan Carlos de Borbón en su hijo Felipe VI, justo cuando se informaba a la opinión pública del Caso Nóos y de diferentes escándalos vinculados a la vida privada del ex monarca, de los que hoy seguimos conociendo nuevos capítulos. Posteriormente se diseñó una operación para lanzar un “Podemos de derechas”, que después de varios intentos de fusión con UPyD supuso que Ciudadanos ampliase su radio de actuación y que Albert Rivera emergiese como el líder de una nueva derecha con una hoja de ruta vieja en lo que se refiere a derechos sociales y a la crisis territorial del Estado. Y finalmente el tercero, que supuso el Asesinato en el Comité Federal de Pedro Sánchez, que a diferencia de lo que pasaba en la trama de la novela de Manolo Vázquez Montalbán fue tan sólo un asesinato político, y que laminó la posibilidad de un gobierno PSOE-Unidos Podemos con apoyos puntuales de los soberanismos de izquierdas. Se imponía la agenda de la restauración.

Los que hablan de que Podemos va a ser la nueva IU olvidan que las referencias a la socialdemocracia y al ex presidente Zapatero no fueron entendidas por parte de un electorado joven que las vio como una renuncia al 15-M

Los que hablan de que Podemos va a ser la nueva IU olvidan que las referencias a la socialdemocracia y al ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero no fueron entendidas por parte de un electorado joven que las vio como una renuncia al 15-M, una suerte de mito fundacional de la formación morada. Por otra parte, Podemos en Movimiento, la candidatura promovida junto por otros por Anticapitalistas, ha puesto encima de la mesa un debate de fondo sobre su conformación como partido-movimiento que también deberá ser atendido. Seguramente sin focos mediáticos y pensando con las luces largas, estos temas deberán de ser abordados en el futuro inmediato. Ellos y la propia idea de confluencia.

Para entender la caja mágica de Mariano Rajoy tenemos que partir de la idea de que no gobiernan solos. Según Enric Juliana, el PSOE es gestionado por un comité invisible que se mueve al margen de la militancia y de su propia gestora. Ese comité salió de los reservados de los restaurantes también en Madrid este fin de semana, cuando varios alcaldes y alcaldesas de la formación escenificaron su apoyo a Susana Díaz. Y es que ese es el principal apoyo de Mariano Rajoy, el de un PSOE que se ha hecho una enmienda a la totalidad a su propio pasado histórico. Al fin y al cabo, el bipartidismo se sustenta en la idea del turno, en una cierta diferenciación, aunque sea más formal que real en las políticas de fondo, y nunca en la cohabitación pacífica que vemos hoy en el Congreso. Otro de los socios, Ciudadanos, ya cumplió su función histórica, que no era otra que impedir que la desafección del electorado conservador se convirtiese en votos para Podemos y las confluencias. Y el carril central de la coalición reside fuera de la política, en los poderes económicos, financieros y mediáticos, esos que no se presentan a las elecciones y que sueñan con que nada cambie. Un sueño que por momentos parece imposible.

La caja mágica tampoco ha podido maquillar los debates de fondo del Partido Popular. Resulta incómodo hablar de regeneración democrática cuando está en medio la Gürtel y la Púnica

La caja mágica tampoco ha podido maquillar los debates de fondo del Partido Popular. Resulta incómodo hablar de regeneración democrática cuando está en medio la Gürtel y la Púnica, o de democracia cuando solo se ponen soluciones judiciales y veremos si represivas a las demandas  para la celebración de un referéndum en Catalunya. También la pretendida imagen de derecha nórdica se desmorona cuando lo poco que transciende del debate – aparte del supuesto pucherazo Cospedal – son enmiendas que pretendían “defender la familia”, un eufemismo que consiste en meterse en la vida privada de una sociedad que ya superó con creces la lacra del nacional-catolicismo. Esa desafección conservadora y el ejemplo Trump pueden ser incentivos para darle forma política al espacio Le Pen en el Estado.

Si nos vamos al calendario electoral, vemos como las próximas elecciones serán las municipales en la primavera de 2019. Y anticipo que serán un enfrentamiento entre dos procesos que en este momento se están construyendo: el de la coalición de la Restauración y el de la Unidad Popular. Con la excepción del alcalde de Cádiz José María González Kichi, referentes del espacio de ruptura como Ada Colau, Manuela Carmena o Martiño Noriega no tienen ningún vínculo orgánico con Podemos, lo que pone encima de la mesa la profundidad del debate sobre la confluencia. Un debate no solo presente en Catalunya de los Comunes de Ada Colau o en Galicia con En Marea, sino en otras partes del Estado en donde los diferentes Ganemos se han consolidado como apuestas de participación ciudadana que buscan establecer una nueva agenda de lo local. Pronto conoceremos la foto final de la cuestión de confianza que puede hacer que Xulio Ferreiro deje de ser el alcalde de Coruña, por lo que sabremos si la magia negra de la gran coalición llega también a los municipios. Una contienda política en la que sólo habrá dos actores principales. @PepeAriasGZ

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