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El viraje de Sánchez sobre Venezuela y Cataluña parece inspirada por Podemos

Conocida la postura de Podemos sobre el conflicto catalán y sus relaciones con Venezuela, es inevitable preguntarse si el presidente ha aceptado cambiar su postura por la de sus consocios
El viraje de Sánchez sobre Venezuela y Cataluña parece inspirada por Podemos
Personajes de un controvertido episodio
Personajes de un controvertido episodio

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Fernando Ramos

Fernando Ramos

El autor, FERNANDO RAMOS, es columnista de MUNDIARIO. Periodista. Doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Técnico de Radiodifusión y Televisión. Profesor jubilado de Derecho y Deontología de la Comunicación en la Universidad de Vigo. Profesor en la Escuela de Práctica Jurídica del Colegio de Abogados de Pontevedra y de los Encuentros Inter Academias en la Escuela Naval Militar. Autor de 28 libros de Derecho, Comunicación Institucional y Protocolo. Ha dirigido 20 tesis doctorales. Profesor invitado en varias universidades de Europa y América. Ejerció el periodismo 30 años en radio y los principales medios de Galicia. Fue corresponsal de la Agencia “Europa Press”, “Sábado Gráfico” y el diario “Ya”. Obtuvo el Premio del Colegio de Arquitectos de Galicia en defensa del patrimonio histórico y el Trofeo “Actualidad” por sus investigaciones sobre el contrabando y el narcotráfico. Fue presidente de la Asociación de la Prensa de Vigo y obtuvo dos veces el Premio Luis Taboada a la mejor labor informativa sobre Vigo. Está en posesión de la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco. @mundiario

Hay dos ámbitos, especialmente visibles, donde la influencia de Podemos sobre Pedro Sánchez resulta notoria: La primera es, sin duda, la cuestión catalana, donde los virajes del tutelado presidente del Gobierno han sido de 180 grados. Y sin el menor atisbo de decoro o vergüenza, cuando ayer decía que tener un partidario de la autodeterminación de Cataluña en el ejecutivo le iba a quitar el sueño, no sólo lo hace vicepresidente, sino que lo lleva a la mesa bilateral entre Gobiernos, donde le van a proponer justamente esa cuestión. El otro asunto es el radical cambio sobre Venezuela y el régimen chavista, que no hace tanto que el mismo Pablo Iglesias ponía como ejemplo para el Sur de Europa, en tanto Sánchez afirmaba que su ahora vicepresidente y mano derecha en asuntos esenciales era la expresión del populismo que conducía a la pobreza, a Venezuela y a las cartillas de racionamiento, con el que nunca pactaría.

Pero, insisto en ello, lo peor no es la incongruencia del presidente bajo tutela de ERC, sino que ha convertido al que fuera partido socialista en una masa sin vida crítica que aplaude, sigue y respaldo lo que diga Sánchez, aunque hoy se desdiga de lo que aplaudían ayer, o hace lo contrario de lo que anuncia, con la desvergüenza añadida de decir “Siempre cumplo lo que digo”. Y lo curioso es que personas que se supone con algún criterio reproducen toda la mercancía averiada como si fuera cierto sobre la personalidad de Guaidó, que convierten en poco menos que agente de la CIA, o se digieren las cínicas mentiras del ministro Ábalos.

Lo de si Delcy Rodríguez, número 2 de Maduro pisó o no territorio español se ha convertido en una cuestión pintoresca, por encima del fondo del asunto. De todos los juicios que se han emitido sobre el episodio destaca la del veterano diplomático de carrera Inocencio Arias, para quien hay dos cosas que han quedado totalmente claras y confirmadas. La primera, que el Gobierno ha mentido. Y la segunda, que la señora Delcy Rodríguez vulneró la legislación comunitaria al pisar suelo español y entrevistar con José Luis Ábalos: “Lo que no puede negar el ministro es que el Gobierno ha mentido reiteradamente. Eso, el Gobierno. Y, por otro lado, que la señora Delcy Rodríguez vulneró la legislación comunitaria, y España pertenece a la Unión Europea. Esa es otra cosa que el Gobierno no puede negar. Si hablaron durante 40 minutos o 31, la llamada al presidente o no... Eso, yo puedo creer lo que digan. Lo que está claro es que el ministro Ábalos mintió”. Arias no tiene dudas: “Delcy Rodríguez piso territorio español y estaba claramente prohibido por la legislación comunitaria”.

Pero sobre este episodio tiene mucha mayor relevancia, el cambio de criterio de Pedro Sánchez sobre el caso del que él mismo fue uno de los primeros en reconocer. El pasado 4 de febrero de 2019, Pedro Sánchez, quien aún era presidente en funciones, reconoció a Guaidó como “presidente encargado» de Venezuela y lo hizo con la finalidad de que se convocaran libres, democráticas con garantías, y sin exclusiones en el menor plazo de tiempo posible”. Con su reciente actitud de negarse a recibirlo como hicieron los dirigentes de Francia, el Reino Unido o Alemania con el tratamiento que le corresponde por el reconocimiento de que goza en Europa, Sánchez ha tenido un comportamiento miserable. No sólo no lo recibió, sino que rebajó todo lo posible el recibimiento, ya que la ministra de Exteriores tampoco loa acogió en el Palacio de Santa Cruz, como correspondería a un “acto de Estado”, sino en la Casa de América. Ahora lo ha reducido a jefe de la oposición. Pero es que en Venezuela no existe una disputa política dentro de un marco democrático normal: Existe una dictadura de claros perfiles y un pueblo y unos dirigentes que se oponen a ella. No es oposición. Es resistencia.

Pero sobre este hecho no sólo se proyecta el embrollo de Delcy Rodríguez, los consejos del pro cónsul de Maduro, Zapatero, y la influencia de Podemos en la política exterior con Venezuela. Las relaciones de Monedero e Iglesias con el chavismo y su rendimiento económico, y el descubrimiento de los viáticos recibidos por los Podemos de Bolivia y la propia Venezuela y sus repercusiones constituyen un incómodo telón de fondo que enmarca al partido socio de Sánchez y cuya postura en estos casos es inequívocamente clara. Y no le conviene que salgan a la luz cuestiones llamativamente incómodas.

Cuando decimos que Zapatero actúa como pro cónsul de Maduro basta con remitirse a la evidencia de la defensa que el ex presidente hace del régimen bolivariano. ¿Se puede alguien creer que el autor de la “Alianza de Civilizaciones” (pintoresco asunto del que ya ni se habla) vaya por su cuenta a Venezuela en tan delicado momento y se reúna no sólo con el sucesor de Chávez y su vicepresidenta, sin que el Gobierno esté enterado, y que no lleve una función concreta y determinada?

Que mientan ya no extraña ni sorprende, pero que nos tomen por estólidos es otra cosa. @mundiario