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MUNDIARIO

En Venezuela matan de hambre al pueblo y mienten

Tan irresponsables han sido las medidas de Nicolás Maduro, que ni siquiera en el propio gobierno han definido cómo resolver los ajustes de salario. En dos semanas sólo hay más inflación, menos poder adquisitivo y 50 aumentos en productos básicos antes de que alguien haya cobrado su primer sueldo.

En Venezuela matan de hambre al pueblo y mienten
Venezolanos en una protesta callejera. / H. C.
Venezolanos en una protesta callejera. / H. C.

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Henrique Capriles

Henrique Capriles

El autor, HENRIQUE CAPRILES, es abogado. Pertenece al partido Primero Justicia y fue candidato a la Presidencia de Venezuela. Tras ser gobernador de Miranda es uno de los líderes de la oposición democrática de Venezuela. @mundiario

Mienten. Todos en el régimen mienten. Desde Nicolás Maduro hasta cada uno de los replicadores de sus falacias. Mienten con descaro. Acaba de empezar el mes de septiembre y aquellas medidas que anunciaron el 17 de agosto amenazan con convertirse en uno de los experimentos económicos más irresponsables en la historia. Con cinismo le mienten a su propia militancia, los manipulan y los usan como carne de cañón en una crisis indetenible que han atendido de manera irresponsable, llevando el hambre y el desespero de la gente a dimensiones prácticamente asesinas.

Ya desde Consecomercio han declarado que todos los comerciantes han sido afectados de manera negativa por esas medidas insostenibles. María Carolina Uzcátegui, su presidenta, ha explicado que “el gobierno nos ha sumergido en una incertidumbre que tiene a los comerciantes temerosos de tomar decisiones”.

La gravedad del asunto es tanta que una cuarta parte de los negocios no han podido abrir porque sus propietarios no tienen idea sobre cómo hacerle frente a la locura decretada en Miraflores. Y mientras eso pasa, un prófugo de la justicia como Valentín Santana amenaza con robar a los comerciantes que aún no sepan cómo hacerle frente a un escenario imposible de llevar adelante.

Dicen que sacan el pueblo a la calle, pero sólo tienen el compromiso pagado de sus paramilitares armados. Dicen que apoyarán a los comerciantes, pero ponen a unos sujetos a las puertas de sus negocios para amenazarlos. Dicen que éste será un programa de recuperación económica, pero en dos semanas sólo hay más inflación, menos poder adquisitivo y cincuenta aumentos en los productos de la canasta básica antes de que alguien haya cobrado su primer sueldo.

Amenazan y mienten. Matan de hambre al pueblo y mienten. Sólo saben hacer eso: mentir y generar incertidumbre.

Tan irresponsables han sido las medidas, que ni siquiera en el propio gobierno han definido cómo resolver los ajustes de salario. ¡Así de irresponsables son! En PDVSA, por ejemplo, el propio director laboral advirtió de que en la petrolera habrá quienes tripliquen la cifra del salario mínimo, pero no le explica a nadie cómo será la escala salarial. Y ya todos pudieron ver al propio ministro de la Defensa Padrino López diciéndoles a los militares que aquella escala que tenían se acabó, confesando que a estas alturas no tienen una tabla lista. ¡Y eso es el propio gobierno cuando es patrono! Me pregunto si los paramilitares también amenazarán a PDVSA y a las Fuerzas Armadas con saquearlos, cuando este lunes quede en evidencia que en ninguno de las dos instituciones saben cómo resolver el caos en que nos hundió el último experimento de Nicolás Maduro.

Porque este desastre tiene que ser el último.

No podemos permitir que los caprichos y desmanes de sus irresponsabilidades en las políticas públicas terminen por hacer que el país quede en escombros. Porque se nos está terminando de derrumbar y es urgente articular una propuesta concreta, que detenga de una vez el avance del régimen pero también el de las falsas expectativas que muchas y muchos les andan metiendo en la cabeza a la gente, de una manera tan irresponsable como las del propio oficialismo.

Y ante todo este panorama, tal como lo dije en el programa del martes pasado, siento la responsabilidad de pedirle excusas a nuestro pueblo porque aquí no hay una oposición que trabaje cohesionada. Nos dividieron, desarticularon y hay que asumirlo, porque si no lo asumimos será imposible resolverlo. Nos dejamos desarmar las estrategias y no estuvimos a la altura de lo que esperaba la gente. ¿Pero vamos a paralizarnos? ¿Le vamos a dar esa papaya al régimen en su peor momento? ¿En verdad se pueden hacer llamar “líderes nacionales” quienes, en lugar de construir una salida para todo este desastre, se han puesto a fantasear que presidirán una transición que ni siquiera están ayudando a conjurar. ¡Y lo peor es que se gastan una fortuna en eso, en lugar de sumarse en la labor de hacerle ver a la gente que tenemos que ser gobierno porque además tenemos las soluciones reales al desastre!

A mí esto me recuerda cuando en 2013 nadie más quería hacerse cargo de enfrentar una crisis y a más de uno le aparecieron las mezquindades y debilidades. Se paralizaron. Escurrieron el bulto. Y entonces empezaron a hacer más bulla que propuestas.

Está visto que en nuestra política, no todo el mundo está dispuesto a hacerse cargo, a dar la cara, a quedarse para decirle a la gente la verdad. Ni en 2013 ni ahora. Sin embargo, tal como en 2013, siempre salen los vendedores de humo a ofrecerle a la gente cosas que no pueden cumplir y que siempre serán eso: humo y fantasía.

Me pregunto dónde aprendieron a hacer política, que creen que con sólo repetir y repetir una mentira construyen algo.

Existe un escenario real e inevitable. El diputado  y Presidente de la Comisión de Finanzas Rafael Guzmán ya lo dijo: la inflación de agosto se prevé entre 400% y 500%. La propia Comisión Delegada del Parlamento debatió el alcance de las medidas económicas y ya se registran precios que tienen un aumento de hasta 6% por día. ¡Por día! ¿Y el gobierno qué hace? Mete presos a los comerciantes, cuando los únicos que deberían ser juzgados y apresados son los irresponsables que están detrás de este apocalíptico déficit que está asesinando la esperanza en Venezuela.

Y aquí hay una clave perversa en el avance implacable del régimen: en las nuevas medidas económicas lo único que persiguen es nuestra claudicación. Nos golpean en el ánimo con la crueldad de quien está dispuesto a hacer que los niños pasen hambre si eso significa quitarle la esperanza a un pueblo de que las cosas pueden cambiar. Y nosotros no podemos permitirlo. Menos ahora. No así.

Y para lograrlo buscan sacar lo peor de nosotros. Por ejemplo: manipulan para que haya quienes celebren la detención de unos comerciantes, como si fueran ellos los culpables de la hiperinflación y no el gobierno.

Celebrar la detención de unos trabajadores es celebrar la propia destrucción, pero esto forma parte de la estrategia del gobierno. ¿Por qué? Pues porque hacen que te conviertas en su cómplice, a cambio de un producto que mañana nadie podrá reponer. Hacen que olvides que en un contexto normal tú podrías escoger dónde y a qué precio comprar. Hacen que le eches la culpa a otro, cuando en el régimen están los únicos responsables de este desastre.

Todos sabemos que el carnet de la patria es una agresión directa contra los derechos humanos, un artefacto de control social, una versión moderna de la esclavitud. ¿Pero cómo se le pide a un anciano que vive de su pensión que en nombre de una lucha que nadie le ha explicado en qué consiste, no se saque el carnet de la patria y deje de cobrar su pensión? Y menos si del otro lado los vendedores de humo sólo sueltan una palabra tras otra, sin al menos permitirle imaginar una compensación.

Septiembre comienza desde el caos que producirá un esquema que decidió subirle los impuestos a la gente y bajárselos a las petroleras, un esquema que sigue teniendo 90% de transacciones electrónicas porque a estas alturas no hay efectivo suficiente, un esquema que convertirá a la gasolina en una amenaza y en una distracción.

Septiembre comienza con los pensionados protestando, los empleados públicos pidiendo revisar los salarios y las tropas (más los trabajadores petroleros) en la incertidumbre de no saber cuánto ni cómo van a cobrar.

Septiembre comienza con un conflicto entre el gobierno y los transportistas, con negocios cerrando y yéndose del país, con una preocupante normalización de los apagones y cortes de servicio de agua.

Intentan sacar lo peor de nosotros. Sin embargo, cuando veo a mis compatriotas yéndose de nuestras fronteras a pie sé que lo hacen por desespero, pero también porque somos un pueblo grande, un pueblo fuerte, un pueblo bueno que necesita cohesión del liderazgo opositor, objetivos claros y una defensa de la esperanza.

No hay tiempo para vacilar. Se nos está acabando el país y quien no asuma su cuota de responsabilidad se equivoca. Yo los invito a trabajar en serio. No hay tiempo para habladurías ni estupideces propias de quien tiene una pretensión que no podrá cumplir jamás si no trabajamos de la mano.

Demos razones verdaderas para que nadie pierda la esperanza. Nadie. Sólo el Pueblo tiene la fuerza para detener esta locura acompañado por un liderazgo responsable que permita vencer definitivamente la oscuridad.

¡Dios bendiga a los venezolanos hoy y siempre! @mundiario