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Venezuela: cómo afecta la movida de Rusia a la estabilidad de Maduro en el poder

Moscú cede terreno en un tablero que Washington no piensa perder. La nación petrolera es hoy un escenario de la pugna entre Occidente y Oriente, donde Estados Unidos se mide con Rusia y China.
Venezuela: cómo afecta la movida de Rusia a la estabilidad de Maduro en el poder
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, y el presidente (de facto) de Venezuela, Nicolás Maduro, durante una reunión en Moscú en 2019. / www.polityka.pl
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, y el presidente (de facto) de Venezuela, Nicolás Maduro, durante una reunión en Moscú en 2019. / www.polityka.pl

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Ricardo Serrano

Ricardo Serrano

El autor, RICARDO SERRANO, colaborador de MUNDIARIO, es un periodista venezolano especializado en política y economía con experiencia en diversos periódicos de Venezuela y un portal web de Argentina. @mundiario

La Guerra Fría nunca acabó. Simplemente mutó hacia nuevas formas y estrategias de confrontación en el históricamente encarnado pulso entre Occidente (bloque capitalista) y Oriente (bloque comunista) por la hegemonía del dominio global a través de la economía y la geopolítica. Hoy, Estados Unidos –potencia neocapitalista– y Rusia –antigua Unión Soviética y actual potencia neocomunista– trasladaron el epicentro de su conflicto desde Europa y Asia hasta América Latina, una región donde el tablero está completamente dividido y polarizado entre la influencia estadounidense y la influencia del binomio que conforman China y Rusia.

Y aunque el único sistema socioeconómico que mueve a la humanidad en este ciclo crucial de la historia –enmarcado en la pandemia mundial de coronavirus– es el capitalismo, Rusia busca instalar sus paradigmas de desarrollo económico y humano a través de su variante de capitalismo autoritario en toda Latinoamérica. Venezuela es la reina en ese complejo tablero de ajedrez para que el ‘rey ruso’ logre desplazar de su casilla al ‘rey estadounidense’, que prevé expandir los paradigmas de su capitalismo meritocrático liberal –libre mercado– en el continente más grande del planeta; América.

En este contexto, no es casualidad que Rusia, el polo de poder ideológico, geopolítico y económico que sostiene el proyecto neocomunista del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, haya decidido retirar del país sudamericano a la compañía que sostiene el 90% de las finanzas del Estado neosoviético; la empresa petrolera estatal Rosneft, que anunció el pasado 28 de marzo la suspensión de sus operaciones en Venezuela.

Esa medida se dio luego de que EE UU impusiera sanciones contra dos filiales de esa compañía, que es propiedad del Gobierno de Rusia. Ahora, se asesta un duro golpe para el régimen socialista venezolano, pues esa empresa y el gobierno de Vladimir Putin son sus principales y prácticamente únicos soportes financieros tras la silenciosa retirada de China. Y es que sin producción petrolera venezolana generada por Rusia, más que por la estatal Petróleos de Venezuela SA (PDVSA), los ingresos de la cúpula política, militar y empresarial del chavismo mermarán aun más.

El otrora pulmón financiero de Venezuela, que abastecía al país del 96% de los dólares (en efectivo) que requiere para sostener las importaciones y la producción interna, hoy produce apenas 882.000 barriles diarios de petróleo cuando en 2012 llegó a su pico máximo de producción de casi 3 millones b/d con un precio mundial del crudo de hasta 100 dólares por barril en 2007. A pesar de que la estatal venezolana generó durante los últimos 20 años de chavismo un caudal de 1 billón de dólares por ingresos provenientes de la exportación de crudo, entre 2014 y 2016 perdió más de 16.000 millones de dólares por el declive en su producción y exportación, según la consultora Ecoanalítica, aunado al hecho de que en 2017, PDVSA también perdió unos USD20 millones por día debido al inicio de su aguda contracción industrial a partir de ese año ante una paralización de 10 de sus 12 refinerías y una capacidad operativa de apenas 10% en las únicas dos que actualmente funcionan a media máquina en el país: Amuay y Cardón, ubicadas en el occidente de Venezuela, según el ex gobernador de la nación ante la OPEP, Heliodoro Quintero, y un economista ex miembro del directorio de PDVSA en 1996, José Toro Hardy.

El impacto interno de la decisión de Rusia

La estatal Rosneft suspendió sus proyectos de exploración y producción de petróleo en los campos más importantes del país, como Petromonagas, Boquerón, Petrojunín y Petrovictoria, en los que opera en colaboración con PDVSA. Esos son los principales yacimientos de donde sale el poco petróleo y la poca gasolina que actualmente genera Venezuela para exportarla, refinarla en Rusia (tras la confiscación de su filial Citgo por parte de EE UU) y abastecer su consumo interno de combustible.

Dicha medida se produjo luego de que EE UU sancionó y prohibió cualquier transacción y comercialización de petróleo ruso y venezolano por parte de las filiales Rosneft Trading SA y TNK Trading International SA, las dos plataformas que usa Rusia para vender su crudo en el mundo, con las que ayudaba a Maduro a colocar y vender el petróleo venezolano a los únicos compradores que, con ciertas dudas, estaban dispuestos a hacer transacciones con Venezuela, temerosos de las sanciones estadounidenses: China e India.

La estrategia estadounidense

Washington intenta disuadir a los rusos de dejar de apoyar al régimen de Maduro mediante la venta de petróleo venezolano con esas dos filiales de Rosneft sancionadas.

Rusia no está dispuesta a perder más dinero por arriesgarse a evadir las sanciones para servir como intermediario de Venezuela en el mercado internacional, renuente a procesar transacciones con crudo del aislado gobierno de Maduro, a sabiendas de que este le paga su deuda bilateral con envíos de petróleo pesado y aún le debe un tramo restante de 800 millones de dólares en créditos concedidos por el Kremlin desde 2015.

Golpe a las finanzas del régimen

Gracias a que Rusia ha sido el intermediario de Venezuela al transportar su petróleo a India y Singapur para venderlo a esos países y luego a China, evadiendo las rutas marítimas bloqueadas y rodeadas por EE UU junto con sus sanciones a la venta de crudo de PDVSA, Maduro ha recibido ingresos de entre 6.000 y 7.000 millones de dólares por ese jugoso negocio con su aliado Vladimir Putin, sempiterno presidente de Rusia.

Muchos de esos ingresos han llegado a Caracas en cargamentos aéreos repletos de euros en efectivo para eludir los estrictos controles y filtros del sistema financiero internacional, que se mueve en moneda estadounidense y tiene represados unos 5.000 millones de dólares de dudosa procedencia captados por el régimen de Maduro, según datos aportados a MUNDIARIO por fuentes ligadas a la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional (Parlamento) de Venezuela.  

De hecho, la importancia de Rosneft en Venezuela es tan grande, que la petrolera rusa ha recibido pagos por parte del régimen de Maduro por cerca de 5.000 millones de dólares en los últimos dos años (desde 2018 hasta lo que va de 2020). A través de Rosneft, Rusia mueve entre el 60% y 70% del crudo venezolano, de lo cual a Putin le queda una atractiva comisión por sus servicios logísticos basados en cargar el crudo venezolano, transportarlo hasta India y Singapur a través del Océano Atlántico, y de allí transferirlo en el mar a buques que lo terminan desembarcando en China, pues ese es el puente con el que Pekín se mantiene al margen de la movilización del petróleo venezolano para evadir las sanciones de EE UU y evitar que Washington siga ahogando su balanza y déficit comercial mediante la política de presión de los aranceles estadounidenses a las exportaciones chinas.

¿Se tambalea la estructura de Maduro y el chavismo?

Por lo tanto, con la salida de territorio venezolano de esas dos filiales de Rosneft por temor a sufrir más sanciones de EE UU, los ingresos de la administración de Maduro podrían reducirse progresivamente en medio del actual desplome mundial del precio del petróleo a 20 dólares por barril y una caída brutal del precio del crudo venezolano a apenas USD10 debido a la pandemia de Covid-19, lo que lo coloca por debajo de su costo de producción: 16 dólares. Es decir, PDVSA produce petróleo a pérdidas.

Esto pondría en jaque su capacidad para distribuir las rentas en la cúpula militar del grupo de, presuntamente, ocho altos generales que sostienen a Maduro en el poder con el general Vladimir Padrino López (ministro de Defensa) a la cabeza.

Asimismo, la decisión de Rusia pone en entredicho los mecanismos del régimen para desviar fondos provenientes del petróleo venezolano que Rusia vende y del cual le entrega sus respectivas ganancias a Maduro con envíos de millones de euros en efectivo –también por la venta de oro a Rusia y Turquía–. Ese dinero salpicado por los efectos colaterales de la salida de Rosneft también va dirigido hacia las complejas estructuras de capital y lavado de dinero que, según investigaciones independientes de medios como El País, Infobae, PanamPost y Diario Las Américas, poseen algunos ex funcionarios chavistas y los testaferros de Nicolás Maduro (presidente de facto), Tareck El Aissami (ministro de Economía e Industrias) y Diosdado Cabello (número dos del chavismo y presidente de la Asamblea Constituyente) mediante empresas de maletín en paraísos fiscales (offshore) como Andorra y Suiza, que tienen los sistemas financieros con mayores índices de secreto bancario en todo el mundo.

¿Qué hizo exactamente Rusia?

El Gobierno de Putin le vendió los activos de Rosneft en Venezuela a una empresa subsidiaria que es propiedad de la estatal y del Ejecutivo ruso, según Reuters. Pero en realidad, el trasfondo de esa movida es que los rusos decidieron sacar de Venezuela su joya de la corona (Rosneft) para evitar que EE UU la aísle del mercado cerrándole sus rutas de exportación de petróleo y sacrifican así solo a sus filiales de menor tamaño para salvar a Rosneft Trading y TNK Trading International, que son los brazos vitales de Rusia en el mercado petrolero y energético mundial.

No obstante, cuando Washington llegue a sancionar, como seguramente lo hará, a esa nueva subsidiaria –aún no identificada– que ayudará a Maduro a vender el petróleo venezolano para sostenerse en el poder, Rosneft estará fuera del juego.

Reuters reportó en un cable, al que tuvo acceso con fuentes rusas, que la estatal dijo que recibiría un pago de retorno por un valor de 9,6% el capital de acciones de Rosneft, que estaría en manos de una filial, mientras que antes del acuerdo, Rusia, a través del holding Rosneftegaz, contaba con apenas por encima del 50% del capital de Rosneft, controlado por el Kremlin.

¿Repliegue?

El embajador de Rusia en Venezuela, Sergey Mélik-Bagdasárov, quiso matizar el anuncio para evitar el pánico en el principal mercado geopolítico de Moscú en América (el régimen de Maduro) con la siguiente declaración vía Twitter: “¡No se preocupen! Se trata del traspaso de los activos de Rosneft en Venezuela al Gobierno de Rusia directamente. Seguimos juntos adelante”.

Con el paso al costado de China por sus tensiones comerciales y geopolíticas con la primera economía del mundo; EE UU, a quien busca destronar por ser la segunda economía global, el único soporte del régimen venezolano es Rusia mediante su constante suministro de arsenal militar e instrumentos financieros, que son los dos elementos que sostienen la estructura de poder interna de Maduro, Putin sigue apostado a él como su pieza clave para contener la expansión de EE UU hacia las potenciales y prometedoras reservas de petróleo venezolanas; unos 297.000 millones de barriles, las más grandes del planeta.

Sin embargo, a medida que la coacción de Washington aumenta, Moscú retrocede un par de casillas en el tablero para evitar que los reyes choquen en su pulso financiero, comercial, energético y geopolítico por la joya de la corona sudamericana: Venezuela, sumida desde hace seis años en una crisis política, económica y social inducida por un sistema neocomunista con capitalismo concentrado en el Estado. @mundiario