El Vaticano no quiere diplomáticos gais

Papa francisco
Papa Francisco.

Francia llevaba 15 meses esperando la aceptación por parte de la Roma vaticana del embajador propuesto por Hollande, un diplomático católico, gay y soltero. Dando la callada por respuesta, el gobierno galo ha tenido que plegar velas y nombrar a otro representante.

El Vaticano no quiere diplomáticos gais

Bergoglio tiene un discurso público de apariencia progresista o zurda y una práctica interna conservadora cuando no retrógrada. Vamos, lo de siempre. Se está demostrando que su papado será pura mercadotecnia populista para ganar adeptos entre la masa más proclive a comprar argumentos melosos o edulcorados.

Daba la sensación de que el ínclito Francisco acogía en su seno redentor a las personas de tendencia gay. Por cierto, ¿nada que decir de las mujeres lesbianas u otras sensibilidades fluidas del género o la práctica sexual? La percepción inicial se ha quedado en agua de borrajas. Francia llevaba 15 meses esperando la aceptación por parte de la Roma vaticana del embajador propuesto por Hollande, un diplomático católico, gay y soltero. Dando la callada por respuesta ignominiosa e hipócrita, el gobierno galo ha tenido que plegar velas y nombrar a otro representante alternativo.

Su discurso lo que pretende es exonerar de responsabilidad al sistema neoliberal, manteniendo el statu quo vigente y permitiendo, a la vez, que la culpabilidad no tenga nombres ni apellidos concretos ni causas políticas reconocibles. En este mar de amor absoluto, el catolicismo de Francisco invita a la resignación recogida y la oración colectiva.

Lo mismo le pasó a Sarkozy con un diplomático gay casado. Tuvo que retirar su nominación ante la intransigencia silenciosa del Vaticano. La palabra pública de Bergoglio va por un lado y los hechos por otro. A través del discurso engañoso sus proclamas suenan a beso celestial, tanto cuando se refiere a la pobreza, como a los refugiados, a las víctimas de los curas pederastas, a los gais o a otros asuntos sociales derivados del salvaje neoliberalismo imperante en nuestro tiempo.

Su presunta cara izquierdista, bonachona y solemne se transforma en vacío de conciencia justo en el momento de tomar tierra en sus aposentos regios. Se está viendo bien a las claras que Francisco está jugando un papel político internacional decisivo para curar las heridas del capitalismo actual. Muchas gentes se sentirán reconfortadas en su verbo populista, ese que lanza diatribas genéricas contra las secuelas nocivas de los recortes y las guerras imperialistas. Su palabrería vacua y medida traslada la idea de que está con los pobres, los que sufren y los afligidos.

En realidad, su discurso lo que pretende es exonerar de responsabilidad al sistema neoliberal, manteniendo el statu quo vigente y permitiendo, a la vez, que la culpabilidad no tenga nombres ni apellidos concretos ni causas políticas reconocibles. En este mar de amor absoluto, el catolicismo de Francisco invita a la resignación recogida y la oración colectiva. Francisco está con los gais de boquilla. La curia romana jamás aceptará traidores a sus dogmas más queridos. Muchas suciedades propias debe tapar el Vaticano cada día. Bergoglio no es más que un excelente publicista para que la podredumbre de la jerarquía católica pase desapercibida a la inmensa mayoría del mundo.

El Vaticano no quiere diplomáticos gais
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