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MUNDIARIO

Aquellos que utilizan la bandera española a su antojo no permiten que se haga comedia a su costa

La polémica en torno al sketch durante el que Dani Mateo se sonó en una bandera española, pone de manifiesto la paranoia que nos hemos montado alrededor de los símbolos.

Aquellos que utilizan la bandera española a su antojo no permiten que se haga comedia a su costa
Dani Mateo se limpia la nariz con la bandera española en el programa El Intermedio. / La Sexta
Dani Mateo se limpia la nariz con la bandera española en el programa El Intermedio. / La Sexta

Algunos se empeñan en utilizar las banderas como los capiteles en el medievo, para ilustrar y educar. Algún día crearán la Consejería de trapos y banderas. Una ministra de Defensa colocó la suya a media asta por Semana Santa. Le gustaría haber nombrado generala a la Virgen de los Dolores, y a la de Lourdes, delegada del ministerio en Portugal. La derecha es propensa a gobernar en beneficio de mitos y leyendas.

Durante la fiesta nacional, enrollan los cuchillos en banderas rojigualdas para clavárselos a los toros hasta la médula; tal que cada uno fuese la representación de la roca de Perejil. En la capital, convirtieron la Cibeles en una tarta de cumpleaños; en lugar de velas, banderas. Al parecer celebran así las copas de Europa ganadas por el Real Madrid, ese equipo que en ocasiones alinea a Sergio Ramos junto a diez extranjeros. Ya dicen que es la bandera de todos.

En Colón ensartaron otra bandera, que en realidad semeja el pañuelo para sonarle los mocos a Dios. Le pidieron las medidas al jardinero del Bernabeu. Y en el paseo marítimo de A Coruña, un alcalde con alma de embajador vaticano, alzó una bandera para recordar un desfile militar celebrado el día de la hispanidad. Sería por los soldados reclutados al otro lado del Atlántico.

Sumemos identidad y orgullo y de resultado sale una bandera. La ponen para identificar lo cual está bien, evita confusiones. Lo malo del orgullo es que entonces surgen las supremacías y sentimientos así. Se les da por comparar y cualquier otro les parece inferior, digno de desprecio en consecuencia. Las banderas también aportan colorido. Imaginamos una manifestación sin banderas y ni el fotógrafo sale de casa. En los estadios, flamean las banderas y dan alas a los jugadores; un Red Bull sin cafeína.  

Dani Mateo se sonó en una bandera. O tal vez no haya sido Dani Mateo sino el personaje que Dani Mateo representa en el programa “El intermedio”. Interpretaba un sketch de humor porque el programa se hace en clave de humor. El sketch es como un chiste de aquellos: esto es un francés, un alemán y un español y va el francés y dice… ¿Quién se ofende por un chiste de españoles? Los que se sienten muy españoles y mucho españoles y duermen por las noches abrazados a su bandera.

Es humor, no es desprecio; un chiste a costa de esos que desahogan su fogosidad e intransigencia ondeando un pedazo de tela policromada. Como en el medievo, vamos. @mundiario