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Urkullu y Feijóo hacen campaña electoral cuando España precisa estar unida ante Europa

Ya llegará el momento de hacer un análisis en profundidad sobre la actuación de todos y cada uno. Entre tanto, lamento disentir de un ilustre colaborador de MUNDIARIO que pone en duda la legalidad de las prórrogas del estado de alarma. Si la situación lo requiere, la Constitución las ampara con toda claridad.

Urkullu y Feijóo hacen campaña electoral cuando España precisa estar unida ante Europa
Alberto Núñez Feijóo e Íñigo Urkullu. / Mundiario
Alberto Núñez Feijóo e Íñigo Urkullu. / Mundiario

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José Luis Martín Palacín

José Luis Martín Palacín

El autor, JOSÉ LUIS MARTÍN PALACÍN, es analista político de MUNDIARIO. Fue director general de Tráfico, subsecretario de Interior y secretario general de Comunicaciones del Gobierno de España. Ex columnista de Xornal de Galicia. @mundiario

Cuando parece que escampa la tormenta todos olvidan a Santa Bárbara. Parece que la tormenta de la Covid-19 comienza a escampar, aunque todavía no exista vacuna y el virus ande aún suelto por nuestras calles y entre nuestras manos. Pero la irredenta oposición española, de la que alguna tanto clamó invocando a los muertos y montando misas, parece que va perdiendo el miedo. Y se vuelve atrevida.

Y “las alegres comadres” de la Carrera de San Jerónimo (que me perdone Shakespeare), ya parecen olvidarse de la quema, y quieren volver por sus fueros. Bien es verdad que algunos han mantenido una posición a la contra que en poco ha ayudado a facilitar la doble lucha, contra el virus y contra el terrible azote económico que no ha hecho más que empezar. Y comienzan a soltarse la melena para tratar de negar un final menos infeliz a la dura etapa que estamos viviendo los españoles.

Negar la prórroga del estado de alarma, sin argumento razonable alguno, cuando lo que tendrían que estar haciendo era proponer alternativas económicas y sociales para esa reconstrucción a la que se les convocó, y que de facto han decidido ignorar, y cuando se necesita de modo muy especial para salir del trance de modo ordenado, supera la irresponsabilidad política que hasta ahora han demostrado.

No tiene sentido que Íñigo Urkullu, porque pretenda ponerse a hacer campaña electoral, obligue a su grupo parlamentario (señor Esteban, pensaba de usted se atrevía a pensar por cuenta propia y bien) a romper la baraja cuando la partida puede estar saliendo bien para todos. Y cuando más falta hace aguzar los sentidos para que España aparezca unida para dar la difícil y trascendental batalla en Europa.

No tiene sentido (por más que se viera venir) que Alberto Núñez Feijóo también intente montarse su campaña electoral, sacando pecho a costa de lo que le toque en el reparto de esos 16.000 millones de euros que el Gobierno ha puesto sobre la mesa de las comunidades autónomas. Dinero acerca del cual no han tenido nada que recriminar sobre que se haya decidido sin consultarles previamente…

Niegan casi todos apoyar otra prórroga –quizá la que sería la última– pero nadie dice cómo acometer el tema de la modulación de los ERTEs, de los ceses obligados de actividad, de la recuperación gradual de la misma, y la múltiple y de la endiablada casuística que ha de producirse, y que requiere precisamente que se realice a la sombra del propio estado de alarma que la motivó. De eso no se preocupan ¿tal vez porque no le preocupen los ciudadanos? ¿tal vez porque conciben que la labor de oposición es aporrear al Gobierno sin proponer alternativas? ¿O tal vez porque en realidad lo que le importan son los votos de los ciudadanos –a quienes se han dedicado a ir inquietando y cabreando durante el confinamiento–, pero no sus problemas reales?

Ya llegará el momento de hacer un análisis en profundidad sobre la actuación de todos y cada uno: Gobierno y Oposición, gobiernos autonómicos y agentes sociales y económicos… Pero ahora hemos de acabar esta etapa. Y ya que ha habido tantas deslealtades, podrían al menos tratar de dejar otra impresión a la ciudadanía. Y, sobre todo, a Europa, de la que va a depender que nuestra recuperación económica tenga un sentido constructivo y sólido, o sea una debacle que nos remate a nosotros y que remate a la Unión.

Y el espectáculo que los opositores están dando estos días, además de bochornoso e irresponsable, no se lo merecen los ciudadanos españoles. Y lamento disentir profundamente de un ilustre colaborador de MUNDIARIO que pone en duda la legalidad de las prórrogas del estado de alarma. Si la situación lo requiere, la Constitución las ampara con toda claridad. Y para dudar de su legalidad, habría que demostrar algo imposible de justificar: que la situación va sobre ruedas, y que todo esto es un mero capricho autoritario del Gobierno. @mundiario