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La Unión Europea, ni está ¿ni se le espera?

Ya lo decía el humanista José Luis Sampedro “Europa es como un jefe que nunca se pone al teléfono.” 
La Unión Europea, ni está ¿ni se le espera?
Unión Europea. / Mundiario
Unión Europea. / Mundiario

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Álvaro Santos

Álvaro Santos

El autor, ÁLVARO SANTOS, colaborador de MUNDIARIO, es coordinador de programas y técnico especialista en métodos didácticos y pedagógicos en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración, premio extraordinario fin de licenciatura por la Universidad de Granada. @mundiario

España está pasando por uno de sus peores momentos en años, nos enfrentamos a una de las mayores crisis sanitarias y económicas de nuestra historia, y deberíamos preguntarnos hasta qué punto la Unión Europea ha de jugar un papel protagonista ante esta amenaza. 

Las duras críticas del gobierno Holandés a España por la gestión de la crisis del Covid-19 así como la negativa de Alemania y los países del norte de la Unión a la petición de ayuda solicitada por nuestro gobierno, han supuesto un jarro de agua fría tras un Consejo Europeo en el que se depositaban todas nuestras esperanzas.

El núcleo de las discrepancias se encuentra en que estos países instaban a España a acudir a los fondos de rescate creados a raíz de la anterior crisis económica de 2008, mientras que España,  Italia y Francia, defendían la nuevos eurobonos (conocidos como “coronabonos”), de forma que la deuda asumida por la crisis sanitaria estuviese mancomunada entre todos los países de la Unión, disminuyendo así el riesgo individual de solvencia y facilitando el acceso a liquidez.  Alemania, Holanda y el resto de países nórdicos, por el contrario, insisten en que se acuda al fondo de rescate MEDE o Mecanismo Europeo de Estabilidad de forma individual, lo que vendría a suponer una nueva intervención por parte de los hombres de negro acompañada de fatídicos recortes para una economía devastada como la que, a todas luces, seguirá a esta crisis sanitaria.

Alemania y Holanda muestran una inmensa falta de solidaridad ante un país como el nuestro, donde representamos la quinta posición en población de toda la Unión Europea y donde el 82% de los españoles se muestran a favor de una mayor integración en Europa frente al 62% de media europea. Más aún si hablamos de sentimiento europeísta, donde los españoles son los segundos tras Luxemburgo con un 88% de la población española frente al 70% de media de la Unión. En este mismo sentido, no vendría mal recordar que los españoles ratificamos en referéndum el Tratado de Constitución para Europa celebrado en 2005 con un abrumador 77% de apoyo. Más papistas que el papa, no cabe duda de que en sentimiento e identidad europeísta no tenemos rival. 

La falta de apoyos del grupo de países del norte a España ante problemas como la inmigración, la anterior crisis económica, el desafío independentista catalán y el culebrón Puigdemont en Bélgica, así como la falta de solidaridad y ayuda ante el coronavirus, corre el riesgo de enquistarse en el sentir de la población española y coger una peligrosa deriva antieuropeista, dando aire a los partidos euroescépticos que sin duda lo usarán políticamente con mayor o menor acierto. Y es que, quizás, haya llegado el momento de volver la vista a nuestros vecinos Portugal y Andorra, por la utópica Unión Ibérica, y hacia América Latina, donde debemos hacer lo incansable por recuperar el poder blando (como definiría Joseph Nye) que no hace tanto aún conservábamos en esa región que tanto nos dio y a la que tanto aportamos.

Ni que decir tiene que la Unión Europea viene haciendo aguas desde tiempo atrás. El desarrollo de la crisis económica de 2008 fue quizás la brecha más visible y que más daño hizo a la organización europea, pero no fue la única. La falta de respuesta clara, contundente y unificada ante los nuevos desafíos y amenazas del siglo XXI (o no tan nuevos), como la presión migratoria y crisis de los refugiados, la guerra económica EE.UU. vs China, el papel desestabilizador de Rusia en un contexto internacional cada vez más convulso, son nítida muestra de debilidad que pone en riesgo nuestra posición como pivote geoestratégico político y económico en el mundo. 

Es un fracaso de la Unión Europea en tanto en cuanto que hablamos de previsión y falta de respuesta. Previsión, puesto que la propia Unión en su Estrategia Europea de Seguridad, aprobada en 2003 y modificada en 2009, ya preveía todas estas amenazas y desafíos a la seguridad global y regional, y entre estos contemplaba las pandemias como “amenazas a la salud pública y al desarrollo”. 

Si la Unión fracasó al no dar la merecida importancia a esta amenaza que suponen las pandemias, está al borde cometer el mismo error y fracasar en las medidas para su erradicación y recuperación. Hasta el momento, el covid-19 está haciendo estragos en todo el territorio comunitario. España e Italia están a la cabeza, pero Alemania y Francia no están muy alejadas de nuestros datos. Estados como Bélgica o Países Bajos, Noruega o Suecia, si bien aún están lejos de estas estadísticas, nada impide pensar que más pronto que tarde alcanzarán porcentajes nada desdeñables, pues el virus, si algo ha demostrado hasta ahora es que no entiende de fronteras ni condición.

No es posible que una entidad regional del orden de la Unión Europea, que aspira a convertirse en un actor internacional determinante en el futuro incierto que se aproxima, tenga 27 respuestas diferentes ante esta pandemia global. La falta de previsión y protocolos de actuación es tal, que llegamos hasta el absurdo de no ponernos de acuerdo ni a la hora de contabilizar los fallecimientos. 

Sin echar balones fueras ni restar la parte de culpa que nos pueda corresponder, éste es un fracaso de todos, independientemente de la bandera que nos arrope, y es por ello que ahora más que nunca Europa tiene la oportunidad de recuperar el prestigio perdido y afrontar valientemente una situación que no se ha vivido desde tiempos de la II Guerra Mundial. Europa tiene la oportunidad de hacer cumplir uno de sus principales objetivos fundacionales, “reforzar la cohesión económica, social y territorial y la solidaridad entre los Estados miembros”.

Si nuestros Estados no son capaces de afrontar estos retos unidos, desde la solidaridad y la corresponsabilidad, más allá del euro y la eliminación de las fronteras, nos habrán demostrado que aquello de la ciudadanía europea y el sentimiento europeísta no fue más que un cuento chino (nunca mejor dicho). @mundiario